“Chile eligió constituyentes para un cambio radical”

*Nota publicada originalmente en La Tinta.

La boleta con su nombre fue la primera que se conoció públicamente el domingo 16 de mayo por la noche en Chile, cuando comenzó el recuento público de votos para la Convención Constituyente. Mujer y mapuche, Natividad Llanquileo ya es parte de la historia reciente del país trasandino que, a casi dos años del estallido social de octubre de 2019, tendrá la posibilidad de cambiar una Constitución de raíz pinochetista.

Abogada, de 36 años y diplomada en Derechos Humanos, Políticas Públicas e Interculturalidad, Llanquileo ocupará una de las 17 bancas -de las 155 en total- que se reservaron para los pueblos originarios, dentro de una Convención que estará dominada por partidos de izquierda y sectores independientes. Un reflejo del cambio que atraviesa al país, donde la derecha, en su vértice liderada por el presidente Sebastián Piñera, no llegó siquiera al tercio de los votos, algo que le hubiera permitido ostentar un poder de veto de cualquier reforma.

“Estamos frente a un proceso histórico”, analiza Llanquileo en esta entrevista realizada vía Zoom desde el sur de Chile, donde creció y vivió hasta los 18 años, antes de migrar a Santiago para estudiar Derecho. Su bandera siempre fue la defensa de los territorios por parte de las comunidades mapuche; e incluso, en 2010, fue la cara visible de una huelga de hambre que llevaron adelante 35 mapuche detenidos para exigir la derogación de la ley antiterrorista.

“Por primera vez como pueblos originarios, podemos estar en una toma de decisión tan relevante como es la redacción de una nueva Constitución”, asegura.

Durante la conversación, exige que la Convención cambie “radicalmente” al país, expone las demandas que buscará que queden plasmadas en la nueva Carta Magna, defiende que haya participación ciudadana durante todo el proceso -que durará entre nueve meses y un año-, llama a un respeto definitivo hacia los pueblos originarios y destaca el rol femenino, que ocupará la mitad de las bancas en una instancia de semejante magnitud.


“Va a ser una Constituyente paritaria y eso es muy relevante. Fue muy emocionante que el primer voto fuera para una mujer y encima para una mujer mapuche. Cuando salió ese primer voto, yo no estaba viendo la televisión, sino que me llamaron y me comentaron -confiesa-. Afortunadamente, ese primer voto fue un buen augurio, porque terminamos estando dentro y vamos a poder participar de la reforma de la Constitución”.


—La actual Constitución data de la dictadura de Pinochet. ¿Qué valor tiene que la puedan cambiar por completo?

—Se va a terminar con una Constitución heredada de la dictadura, con todo lo que implicó, como la violación sistemática de los derechos humanos y los desaparecidos. Estamos terminando con una historia oscura de lo que nos ha tocado vivir como país. Es la primera vez que se elige democráticamente a quienes escriben esta Carta fundamental y eso implica una responsabilidad tremenda. Esperamos cambiar este modelo, que es discriminatorio, segregador y beneficia solo a unos pocos, mientras los demás seguimos mirando.

—A la luz de los resultados, ya hubo un cambio: la derecha retrocedió y avanzaron los distintos partidos de izquierda y sectores independientes. Entonces, ¿cómo analiza la conformación general de la Convención?

Vemos con bastante optimismo lo que se viene y esperamos que eso se refleje lo más pronto posible en la práctica: que realmente beneficie a la gente, que espera cambios en la cotidianeidad. Ha sido muy satisfactorio pensar que gran parte de los convencionales están para cambiar realmente el modelo que hoy en día existe. Y ese era uno de los principales desafíos y problemas que nos podíamos encontrar como pueblos originarios. Esperemos que no haya sido algo solo de los discursos. Los partidos políticos han sido criticados y no representan los intereses colectivos, y hoy día podemos ver que el pueblo los castigó.

—Se habló de que Chile vivió un “terremoto” político, porque también hubo cambios muy importantes a nivel de los poderes locales. 

—Es que tampoco daba lo mismo elegir a las alcaldías, los gobiernos locales o regionales, así como sucederá lo mismo en las próximas elecciones presidenciales. Porque serán ellos los que finalmente adecuen las leyes en relación a la Constitución que vaya a quedar. Y apostamos a que la Constitución que se redacte sea aprobada por todos los votantes, porque tiene un plebiscito de salida que es obligatorio. Pero esa no puede ser la única participación del pueblo, sino que tiene que haber una participación desde el inicio hasta el final.

—¿El acompañamiento de la sociedad será uno de los grandes desafíos de este proceso constitucional?

—Será muy importante ver cómo hacemos partícipe al pueblo en sí. No existió nunca que sean los propios territorios los que estén en las tomas de decisiones. Siempre hubo un poder central y el resto acataba. Uno de los primeros desafíos que tenemos es la redacción del reglamento para saber cómo vamos a sesionar los 155 convencionales que somos y ahí tenemos que dejar bien establecida la participación social. Nosotros no podemos pretender, porque fuimos electos, que finalmente tomemos todas las decisiones por los territorios. Eso no puede ser, no se puede repetir.

Tenemos que ser solo un puente con los territorios, no podemos ser los únicos que lleven adelante todo. Eso significa cambiar las cosas: tenemos que funcionar de forma distinta para que esta Constitución sea lo más representativa posible. Tenemos la oportunidad histórica de cambiar la forma de hacer las cosas. No podemos darnos el lujo de no hacerlo, porque en nuestras vidas se va a volver a repetir. No es fácil cambiar una Constitución, por lo que va a ser tremendamente relevante la participación del pueblo, de las comunidades y de sus organizaciones territoriales, que tendrán que estar presentes.

Chile mujeres mapuche la-tinta

—¿Cuáles son sus consignas para la Constituyente? ¿Tiene que declararse a Chile como un Estado plurinacional? 

—Varias candidaturas han estado proponiendo un Estado plurinacional, pero no sabemos qué entienden ellos por eso. Nosotros, desde un principio, planteamos que tienen que asegurarse los derechos del territorio, políticos, económicos, culturales y lingüísticos. Cuando hablamos de plurinacionalidad, tiene que ver con una aceptación normativa de los pueblos y naciones que ya existían antes de la conformación del Estado, y que ya tenían sus formas de vida. Esa vida tiene que ser respetada. Esa es una de las principales demandas. Pero también hay otras como, por ejemplo, cambiar este modelo económico, que es extractivista, depredador y que ha hecho un tremendo daño al pueblo chileno en general. Solo se benefician unos pocos y el resto se queda mirando. Y, por supuesto, también buscamos la ampliación de los derechos sociales, que es algo transversal: la educación, la niñez, las pensiones, las mujeres. Queremos que no solo haya un catálogo lindo de derechos, sino que efectivamente se puedan cumplir. Y ahí entramos en un cuestionamiento de los poderes del Estado y en cómo tienen que funcionar. Esa es la discusión que ya tenemos en estos días y por eso no podemos descansar.

—Están dispuestos a hacer un cambio radical del Estado.

—Ese fue el mensaje que Chile dio eligiendo los constituyentes que eligió. Quiere un cambio radical, porque el estallido social de 2019 significó que estamos cansados. Llegamos a un punto donde ya no se pudo aguantar más. El modelo que existía con anterioridad no funcionó y nos llevó a este colapso. Entonces, necesitamos cambios estructurales. Y por eso, la mayoría fueron votos independientes de los partidos políticos y del empresariado.


En el caso mapuche, por ejemplo, hubo partidos de derecha que patrocinaron candidaturas y que no lograron ningún cupo. El mundo mapuche dio un mensaje ahí también, al igual que el pueblo. La verdad es que tenemos mucha más esperanza que la que teníamos días atrás, así que finalmente hay que hacer un cambio y que sea un cambio radical. 


—Más allá de que los resultados sean esperanzadores, ¿cuán posible es llegar a hacer ese cambio radical, teniendo en cuenta que la izquierda y los independientes también son sectores diversos entre sí? ¿Cómo analiza la negociación política que va a tener que darse?

—Yo lo veo con cierto optimismo, porque vamos a estar muy controlados por la ciudadanía, que está muy empoderada sobre las decisiones que se están tomando. Vamos a estar muy mirados. La gente votó por los programas políticos y estos tenían que ver con cambios estructurales. Entonces, ahora, estando ya adentro, no podemos cambiar. Estamos obligados a cumplirle a la gente. Porque, insisto, esto tiene un plebiscito de salida y todos queremos que funcione. Si no, nos vamos a quedar con la misma Constitución que tenemos ahora. Y la gente quiere un cambio. Entonces, más allá de querer o no querer los convencionales cambiar las cosas, están obligados a hacerlo. Y no solamente habrá un control de la ciudadanía, sino también del resto de los constituyentes. Nosotros vamos a estar ahí mirando lo que va a estar pasando. Y si hay alguien que funciona de forma distinta a cómo convenció a la gente para que lo vote, simplemente lo vamos a denunciar. 

—El plebiscito de salida de la Constitución es obligatorio, pero la elección de los convencionales no lo fue y hubo poca participación, incluso en las comunidades originarias, que apenas superó el 22 por ciento. ¿Por qué cree que fue tan grande la abstención?

Hubo una baja participación en una elección como esta, pero fue algo que ocurrió a nivel nacional. Hoy día, estamos en una situación compleja con la pandemia y la gente está preocupada por resolver la cotidianeidad. No hubo respuesta del Estado, por lo que la única posibilidad que tuvimos fue sacar de nuestros ahorros previsionales, que no todos tenían. También faltó información, porque no podíamos llegar a todos los territorios. Yo creo que sintieron que no era importante, porque esto a veces se convierte en algo muy técnico y cuesta que la gente entienda a la primera. No hay educación cívica para que la gente tenga interés en la toma de decisiones. Hay tanta crisis de los partidos políticos que la gente cree que la política es mala, pero, en definitiva, todo lo que hacemos es política.

Chile bandera mapuche la-tinta
Imagen: Agencia UNO

—Además del reglamento interno, también tiene que definirse la presidencia de la Convención. ¿Qué posibilidades hay de que usted la presida?

Hay harto interés de que la presidenta sea una mujer, ya que la presencia de las mujeres, no solo en la sociedad chilena, sino también en el mundo indígena, es muy importante. Hay que evaluar lo que decidan los convencionales, hay que esperar porque todavía queda un poquito más de un mes para comenzar. Si llegara a suceder, hay que asumir la responsabilidad como siempre lo he hecho. Si la gente estima que sea así, estamos por los cambios.

—Aunque exigían una mayor representación, finalmente, 17 fueron los escaños reservados para los distintos pueblos originarios. ¿Cómo son las relaciones entre ustedes? ¿Hay coincidencias sobre los cambios que hay que plantear en la nueva Constitución?

—Hay más coincidencias que diferencias. Pedíamos 24 bancas, pero los 17 escaños reservados para nosotros fue lo último que se resolvió, por lo que tuvimos que correr contra el tiempo para inscribir las candidaturas y hacer campaña. Con los demás pueblos, tuvimos que conversar rápidamente para ver qué camino podríamos emprender para no encontrarnos con dificultades en la Convención misma. Eso es un desafío que tenemos y estamos dispuestos a defender nuestros derechos, que son colectivos y no individuales.

—Uno de sus mensajes de campaña fue “del campo a la ciudad”. ¿Qué representa de la realidad del pueblo mapuche hoy, que además ahora coincide con otros sectores sociales en la Convención Constituyente? 

—Lo planteamos así porque la candidatura es levantada desde el mundo mapuche campesino, pero también logra unificarse con el mundo trabajador de la ciudad. Hay que recordar que hay, al menos, un 60 por ciento de los mapuche que emigraron hacia las ciudades, principalmente a la región metropolitana de Santiago. En mi caso, hice ese recorrido: viví en el campo, con todo lo que significa identificarse con la vida campesina, pero también enfrentarse a la discriminación y a un sinnúmero de cosas, para luego llegar a la ciudad, donde se sigue la misma lógica de discriminación y condiciones laborales muy paupérrimas. Entonces, fui conociendo lo que pasa en el campo y en la ciudad. Y que estemos en la Convención significa que tenemos que tener una visión general sobre todos los pueblos, especialmente los que fueron abandonados y que viven en las comunas más periféricas de las grandes ciudades. Por eso, tenemos que estar cerca de la gente para conocer sus prioridades. En el campo, puede haber una gran demanda sobre los derechos territoriales y del agua, y en las ciudades, derechos a la salud intercultural, a la educación intercultural o a la vivienda, que actualmente no están garantizados.

—Esta Convención Constituyente es resultado de un proceso que comenzó con el estallido social de 2019. ¿Cómo analiza ese proceso? ¿Integró definitivamente al pueblo mapuche con el resto de la sociedad? ¿Le permitió a sus demandas históricas hacerse más visibles? Pienso en la gran cantidad de banderas mapuche que se vieron durante las manifestaciones más numerosas de aquel octubre, luego de que la protesta se iniciara con un hecho puramente urbano, como fue saltar los molinetes del metro por parte de los estudiantes. 

—Nosotros no creemos que el estallido social se haya levantado desde la ciudad misma, sino que fue producto de las diferentes manifestaciones que se vinieron realizando durante mucho tiempo. Además, dentro de lo urbano, los mapuche también trabajan, son estudiantes y no fueron ajenos a este proceso. La palabra “estallido” viene muy bien, porque en definitiva estalló todo lo que se vino acumulando durante mucho tiempo, y ahí el reconocimiento que se da al movimiento mapuche, que resistió siempre.

Chile mapuche movilizacion la-tinta

—¿Qué mensaje podría dar este proceso chileno al resto de la región, pensando en lo que vive actualmente Colombia, que parece tener su propio “estallido social”? ¿Y qué podría significar la participación mapuche y de las demás naciones originarias, teniendo en cuenta que en Argentina hay mapuches, pero también existen muchísimos pueblos indígenas en todo el continente, que en muchos casos son sistemáticamente discriminados o reprimidos por el Estado o las élites sociales?

—Es interesante lo que pasa a nivel regional, porque siempre que hay una demanda de los diferentes movimientos sociales, el Estado responde con represión, y esa no es la solución. En Chile, nos han reprimido muchos años, al pueblo mapuche lo siguen reprimiendo y sigue habiendo personas encarceladas. Pero, ¿es la solución la represión y la criminalización la respuesta que se da desde el Estado? Esa es la pregunta que hay que hacerse. La solución pasa por buscar formas políticas de cambiar las cosas. Pero para eso tenemos que estar de acuerdo, tratar de buscar puntos que nos junten y que no nos separen. Tenemos que reconocer que en la región existen pueblos originarios y que son parte, y que van a seguir siendo parte, les guste o no les guste. Vamos a estar ahí, vamos a incidir. No es que los pueblos originarios tienen que cambiar, es el Estado o la sociedad dominante la que tiene que cambiar. Porque nosotros no nos vamos a ir, vamos a seguir estando. El que llega de afuera se tiene que acomodar a quienes estaban antes. Ese es el mensaje. ¿Quién les dijo que el hecho de ser blancos o diferentes significa ser superior al otro? No puede ser.

Estamos en una etapa de nuestras vidas, a nivel regional, en la que las cosas tienen que cambiar. Yo no le pido al resto que sea mapuche, entonces, no me pida el resto de que yo sea de una forma distinta. Lo que tiene que regir es el respeto, el respeto de que el otro sea distinto. ¿Por qué me tienen que molestar? Existen naciones que son distintas a los Estados que se conformaron y que negaron la existencia de los pueblos originarios que ya existían, y por eso siempre va a existir la reclamación de que nosotros estábamos desde antes. Pero hoy día, se trata de coexistir en un espacio determinado, donde cada uno sea reconocido como sujeto de derechos. Somos personas y seres humanos que estamos aquí, tenemos nuestras formas y nuestras prioridades distintas. Somos pueblos que tenemos una forma distinta de ver la naturaleza, no como algo que hay que explotar, sobreexplotar y que beneficia a unos pocos. ¿A quién no le gustaría que las cosas pudieran cambiar?

Este cambio constitucional existe porque el pueblo se lo ganó. Nadie se lo regaló. El pueblo obligó a quienes tienen representación parlamentaria a que llegaran a un acuerdo. Y la gente espera que esto cambie, porque, si no, en cinco años, vamos a estar con un estallido social de nuevo.