El zapatismo “invade” Europa con la Gira por la Vida

Nota publicada originalmente en La Tinta

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya está en Europa. La “Gira por la Vida”, que zarpó en la embarcación La Montaña el 30 de abril desde las costas de México, está a punto de llegar a destino, luego de fondear el viernes pasado en las portuguesas Islas Azores. Aún le restan 1.500 kilómetros hacia Vigo, Galicia, el mismo puerto al que retornó la primera carabela de Cristóbal Colón y donde los zapatistas aspiran llegar durante junio para iniciar su “invasión” de Europa.

“Iremos a decirle al pueblo de España dos cosas sencillas. Uno: que no nos conquistaron. Que seguimos en resistencia y rebeldía. Dos: que no tienen por qué pedir que les perdonemos nada”, son las intenciones declaradas del EZLN, cuando, en octubre pasado, el subcomandante Moisés anticipó la primera gira internacional del movimiento que nació públicamente en 1994 en Chiapas.

La declaración Una montaña en alta mar sorprendió a propios y ajenos, y encendió al instante una chispa entre cientos de agrupaciones sociales europeas para preparar la acogida de los “compas”. Es que, más allá de la simbólica devolución de gentilezas al “viejo continente”, el EZLN viaja “a encontrar lo que nos hace iguales”.

Los iguales europeos

¿Quiénes son los iguales con los que se encontrarán los zapatistas? Movimientos anticapitalistas, antirracistas y anticolonialistas, agrupaciones en defensa de los migrantes, ecologistas, feministas, defensores de las tierras agrícolas independientes… Se trata de una enorme red de organizaciones en lucha, que se sumaron a la invitación de la red “Europa Zapatista” para participar en la gira.

Europa zapatistas gira por la vida la-tinta

“Estamos nerviosos, contentos, preocupados, todo junto”, admite, entre risas, Lola Sepúlveda, miembro del Centro de Documentación sobre Zapatismo (CEDOZ), creado en Madrid en la década de 1990 para divulgar en España toda la información relacionada al EZLN. Sus sensaciones resumen el pulso de la red continental ante la magnitud de organizar una gira que, en total, acogerá a 160 personas y llegaría a unos 30 países. “Es tremendamente complejo, porque no hay ningún comité organizador –destaca a La tinta-. Esta es una aventura muy zapatista”. 


Si bien el viaje se conoció públicamente en octubre, su intención original podría ubicarse en enero de 2019, cuando el EZLN celebró su 25 aniversario. “Tres organizaciones de la Europa Zapatista estábamos allí en Chiapas cuando nos dijeron que se sentían solos -recuerda a este medio Sandra Iriarte, secretaria de Relaciones Internacionales de la Confederación General del Trabajo (CGT) española-. Fue un mensaje bastante devastador”. Pero lejos de quedarse de brazos cruzados, actuaron. “Nos organizamos con compañeros de Grecia y de Francia –recuerda-, y los invitamos en 2020 para que vengan aquí y puedan explicar su lucha en Europa, donde la gente no se interesa por lo que está pasando más allá del Mediterráneo”. 


Siguiendo sus tiempos, la respuesta zapatista tardó en llegar. Y a su modo. “El viaje no nos sorprendió -apunta Iriarte-. Sí nos sorprendió el tema del barco”. Es que lo simbólico siempre está muy presente en la historia del EZLN y, por eso, la intención de llegar a Europa por mar -“porque a nadie le pagan un pasaje en avión para invadir”, diría el sub Galeano, otrora Marcos- o de celebrar un acto en Madrid el 13 de agosto, exactamente 500 años después de que Hernán Cortés conquistara México.

Así, desde finales del año pasado, comenzaron reuniones mensuales dentro de la Europa Zapatista, que luego se ampliaron a todas las organizaciones que encabezan distintas luchas en el continente y que se sienten identificadas con el espíritu del EZLN. De allí nació la Declaración por la Vida, del 1 de enero de este año, la primera en casi tres décadas que no está firmada por los zapatistas, sino por todas las agrupaciones y personas del mundo en solidaridad con ellos, principalmente las europeas que esperan recibirlos ahora: desde España a Rusia, pasando por los países nórdicos y las islas británicas. “Esa declaración fue un compromiso, una palabra compartida y un acuerdo entre todos de que esto no es un viaje zapatista, sino una propuesta que colectivos de aquí asumimos como propia, porque compartimos sus objetivos”, afirma a La tinta Lola Cubells Aguilar, de la Asamblea de Solidaridad con México del País Valencia, en España.

La gira

Si bien no existe per se un comité organizador, la red de agrupaciones europeas conformó distintas comisiones específicas para organizar la acogida: Naval, Legal, Finanzas, Salud, Seguridad, etc., que se articulan a nivel local, estatal y continental, y que tienen contacto con el EZLN a través de intermediarios mexicanos. En internet, se crearon páginas y varias redes de financiamiento comunitario a cambio de artículos y libros vinculados al zapatismo. Y se empezó a discutir una posible agenda de actos, reuniones y visitas que podría haber durante la gira, desde recorrer barrios de migrantes en Madrid hasta conocer Laponia, una región que se extiende al norte de Noruega, Suecia, Finlandia y parte de Rusia, donde habita el pueblo sami.

Y en una suerte de planificación a dos tiempos, mientras en Europa se preparaba la acogida, en México se organizó la tripulación y se consiguió la embarcación. El Escuadrón 421, conformado por cuatro mujeres, dos hombres y una persona trans, fue el elegido para subirse a “La Montaña”, como los zapatistas rebautizaron al Stahlratte (“rata de acero”, en alemán). Se trata de un barco pesquero construido en Holanda en 1903, que ya navegó por el Mediterráneo, el mar del Norte y el Báltico, brindó servicios a Greenpeace y estaba trasladando motociclistas por el Caribe cuando recibió el llamado del EZLN.

Los siete zapatistas que están a punto de llegar a Vigo son una suerte de grupo de avanzada para “preparar el terreno”, antes de que en julio viaje el grueso de la “Gira por la Vida”: entre las 160 personas que cruzarán el océano por aire, habrá unas 120 zapatistas -en su mayoría mujeres- y 40 entre miembros del Congreso Nacional Indígena y del Frente por los Pueblos en la Defensa del Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FPDTA). La diversidad demuestra parte de las luchas indígenas en México, y que la gira trataría de darle visibilidad desde suelo europeo: los mega proyectos de infraestructuras conocidos como el Tren Maya o el corredor transístmico, así como el asesinato de activistas y diferentes actos de represión por parte de las fuerzas federales o bandas narcos.

En medio del contexto de la pandemia, la principal dificultad para arribar a Europa será que se levanten las restricciones para los viajeros mexicanos -de hecho, el escuadrón 421 está en las Islas Azores esperando el resultado de sus test por COVID-19 para continuar viaje-. Y como el visado en el Espacio Schengen -el área que comprende a 26 países europeos que quitaron los controles fronterizos- es por tres meses, lo más probable es que los miembros de la “Gira por la Vida” se dividan en grupos por las distintas latitudes del continente, luego del acto principal del 13 de agosto.

¿El subcomandante Galeano viajará? En principio, no, aseguraron todas las fuentes en España. “Si viniera el sub, saldría en todos los medios, pero no se cumpliría el objetivo del viaje”, responde Lola Sepúlveda. “Su presencia -e incluso la de Moisés- haría que los medios desbaraten toda la historia, cuando, en realidad, es un encontrarse –agrega-. Queremos hablar entre nosotros, que ellos y ellas nos cuenten cómo han conseguido llegar a donde están tras 27 años de lucha, que nos hablen de sus problemas y que nosotros también les contemos cómo vivimos aquí y cuáles son nuestros problemas”.

El encuentro

Aunque todavía no llegó a España, la “Gira por la Vida” ya está dando sus frutos, obligando a las organizaciones a tejer vínculos entre sí que antes no tenían. “En la red Europa Zapatista, nos reuníamos una vez al año, pero ahora el colectivo se ha cuadriplicado. Hay un movimiento que es imparable -destaca Iriarte-. Con la excusa de que vienen los compañeros y compañeras del EZLN, pudimos movilizar a la Europa de abajo y a la izquierda”.

“Yo siento que, de algún modo, con esta propuesta, lo que nos lanzan es un reto: no solamente la visita y cómo nos articulamos para recibirlos, sino el camino: cómo nos articulamos a nivel regional y estatal –apunta, por su lado, Lola Cubells Aguilar-. Porque nos hemos dado cuenta que muchas veces te conoces de vista, pero no personalmente. Y ahora está siendo muy enriquecedor, porque nos estamos encontrando con la excusa de algo que nos convoca, que nos une, que es el viaje zapatista”.

Ese encuentro de los diferentes, pero iguales es quizás una de las principales conclusiones que dejará la gira del EZLN, que más que invitar a reproducir en el mundo su modelo de autonomía de Chiapas, busca invitar a una lucha permanente contra el sistema capitalista. “Yo tengo mucha esperanza en que acá podamos sacar conocimiento en cómo ellos se han podido organizar, porque es lo fundamental -remarca Sepúlveda-. Aquí hay mucho individualismo. Y esa parte del nosotros que tienen los zapatistas puede ser muy importante de ver, de cómo ellos conciben el nosotros por encima del yo”. “En vez de venir a negarnos, como hemos hecho nosotros con América -retoma Lola Cubells Aguilar-, vienen a mostrarnos un espejo y a reconocer que también en Europa sigue existiendo resistencia”.

Europa zapatistas viaje la-tinta

En definitiva, un mundo de sensaciones se cruza detrás de la primera gira internacional del zapatismo. Sensaciones de lucha que se conjugarán desde que el primer miembro de la tripulación 421 pise definitivamente el puerto de Vigo y -como adelantó el sub Galeano en su declaración previa a que zarpe “La Montaña” desde México- rebautice el viejo continente “con voz solemne” y en clave simbólica: “A nombre de las mujeres, niños, hombres, ancianos y, claro, otroas zapatistas, declaro que el nombre de esta tierra, a la que sus naturales llaman ahora ‘Europa’, de aquí en adelante, se llamará: SLUMIL K´AJXEMK´OP, que quiere decir ‘Tierra Insumisa’ o ‘Tierra que no se resigna, que no desmaya’. Y así será conocida por propios y extraños mientras haya aquí alguien que no se rinda, que no se venda y que no claudique”.

«Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial»

Hay una línea donde Latinoamérica termina. O comienza, dependiendo desde dónde se mire. Esa línea final de la región es la frontera entre México y Estados Unidos, unos 3.200 kilómetros de extensión bien blindados y geográficamente marcados en gran parte por el Río Bravo.
La frontera Norte de México es el último obstáculo de miles de personas migrantes -adultxs, niñxs, familias enteras-, que constantemente intentan pasar a Estados Unidos en busca de un destino diferente para sus vidas, que comenzaron en Centroamérica, el Caribe o incluso en África o Asia.
Solo para dar un poco de contexto actual, a mediados de enero ya se frustró la primera caravana de unas 5000 personas, que partió desde Honduras y apenas pudo llegar a Guatemala, ya que las fuerzas de seguridad de este país, en acuerdo con México y EEUU, les cerraron el paso. Y en esta semana de marzo, la Casa Blanca pidió ayuda a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) ante la cantidad de niñxs sin acompañantes que cruzaron la frontera: al 8 de marzo, un récord de 3.200 menores se encontraban detenidos en instalaciones migratorias norteamericanas. Solo en enero pasado, 5.871 niñxs no acompañados cruzaron la frontera: casi 20% más que en diciembre de 2020.
La salida de Trump de la Casa Blanca y las primeras medidas de Biden renovaron las esperanzas de lxs migrantes, pero lejos está EEUU de abrir sus puertas de par en par. Eso lo sabe muy bien Rodolfo Cruz Piñeiro, doctor en sociología y director del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte, situado en Tijuana, México, que esta entrevista realizada vía Zoom explica los detalles del fenómeno migratorio hacia EEUU y contempla las distintas aristas políticas, económicas e históricas, muchas veces cargadas de discriminación, violencia y dolor, del recorrido de lxs migrantes.

Rodolfo Cruz Piñeiro, durante la conversación vía Zoom

Usted reside en Tijuana. ¿Cómo es vivir en la frontera con EE.UU.?
La frontera Norte es una frontera muy dinámica y muy extensa. Tiene muchas ciudades grandes, ya que alrededor de once o doce ciudades pegadas a la línea fronteriza tienen más de 100 mil habitantes. Particularmente, Tijuana y Ciudad Juárez son las de mayor magnitud. Además, muchas personas que viven en la frontera tienen la ciudadanía estadounidense pero residen del lado mexicano, y cruzan cotidianamente. 
Hablando particularmente de los migrantes, muchos son centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala. Pero también ya venimos de dos o tres años con la llegada de personas de otras latitudes del Caribe, como haitianos y cubanos, también de venezolanos. Pero además han llegado grupos extracontinentales, de África y Asia, quizás no tan numerosos pero sí muy visibles. Muchos de ellos provienen de países con los cuales no hay un acuerdo diplomático o que no cuentan con un consulado o embajada, entonces para el gobierno mexicano son básicamente indeportables.

¿De qué manera afectó la pandemia al tránsito fronterizo? 
Este momento tan particular ha impactado en la movilidad de las personas, incluso de los bienes y servicios. Desde el 21 de marzo de 2020 se aplicaron restricciones de ambos gobiernos en la frontera Norte, restringiendo el cruce solamente para trabajadores esenciales. Los comercios por parte de ambos lados han sido impactados, y más porque muchos consumidores estaban del lado mexicano y ya no cruzan, y viceversa. 

¿Para los migrantes ilegales, la frontera Norte se volvió más un dique de contención que un lugar paso? 
La frontera Norte desde el ‘93 empezó un proceso de sellamiento. Hubo un incremento en la inversión en cuanto a seguridad y contención por parte del gobierno estadounidense. No solo fue la barda, también aumentó el número de agentes de la patrulla fronteriza y la inversión en tecnología para vigilarla. Entonces, cruzar la frontera de manera irregular es cada vez más difícil. Y si lo haces con grupos que se dedican a ello, es costoso y peligroso.

¿Qué hacen o qué han hecho las personas que llegan al Norte y no pueden pasar? ¿Se mantienen en refugios o en campamentos de migrantes?
Cuando se dio lo de la primera caravana, que fue masivo, tuvieron que hacer refugios para hacerse cargo de ellos. Un lugar donde pudiesen dormir y alimentarse. Pero eso fue solo por una temporada. Actualmente hay refugios en Juárez y Tijuana, y lo que se puede llamar un campamento en Matamoros. Las demás personas han llegado a casas de migrantes, que ya tienen muchos años organizados por la sociedad civil, mientras otras pocas nuevas son asistidas por el Estado.
Estos refugios primeros estaban llenos de mexicanos que esperaban a pasar, luego por los deportados, y ahora por centroamericanos y también deportados. 

¿La espera es en vano?
Los mexicanos deportados que están ahí es porque sus familias se quedaron del otro lado. Se quedan a la espera de poder cruzar, sin embargo cada vez es más difícil cruzar. Los centroamericanos también están ahí esperando obtener una cita para solicitar asilo en EE.UU. La cosa es que ese proceso se les ha venido abajo. Se volvió muy lento y burocrático, y con muy poca atención. Entonces, muchos de ellos empiezan a insertarse en la sociedad, buscan algunos cuartos para residir y buscar trabajo o se generan su propio trabajo. Por ejemplo, todo este grupo de haitianos migrantes que mencioné se puede ver cuando tu sales a la calle: hay una cantidad innumerable de personas haitianas vendiendo en los semáforos cualquier cosa, en las maquiladores o en la construcción.

Apenas asumió en la Casa Blanca, Biden tomó medidas migratorias, envió varias señales en favor de los migrantes. ¿Se avecina un ciclo de mayor apertura con respecto a Trump?
Es un problema complejo. Biden ya había prometido ciertos cambios desde que estaba en la campaña. Su equipo habla de una reforma migratoria, pero eso va a tardar y se va a enfrentar a muchos obstáculos en el Congreso. 

Pero sí firmó órdenes ejecutivas sobre los migrantes. ¿Cómo las analiza?
En ese sentido, inició muy bien porque lo primero que hace es detener la construcción del muro. Para el gobierno mexicano se ve como un buen acto, pero sobre todo porque le estaban destinando mucho dinero a algo totalmente inservible. Era todo una forma de campaña, ya que desde sus inicios nunca tuvo realmente impacto, sino más bien algo para los seguidores de Trump.
Por otro lado, Biden refuerza el programa de los llamados “Dreamers”, que llegaron muy pequeños y que estaban indocumentados. Ya no tienen problemas de ser deportados, lo que es un buen aliciente para esperar la reforma migratoria, que va a generar caminos hacia la regularización o la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que residen en EE.UU., de los cuales no todos son latinoamericanos. 
Otra orden que firmó fue la suspensión por cien días de las deportaciones en general, a excepción de ciertos grupos como los que estaban recluidos en cárceles. Y también ha enviado comisiones especiales a la frontera con México y con Canadá para armar un plan fronterizo para ver cómo pueden ser los cruces por tierra.

¿Pueden tener esperanzas los migrantes, entonces?
Todas esas son muy buenas señales de que podría venir un cambio importante. Se vislumbra hasta el momento una posición con un giro de 180 grados a lo que era la política migratoria de Trump. Biden envía señales muy positivas, sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos. Creo que necesita tres cuartas partes del Senado para una reforma migratoria, y no solamente en el Partido Republicano hay obstáculos, también en el Demócrata. Tiene un trabajo arduo por un buen rato.

Biden envía señales muy positivas para los migrantes. Sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos

Rodolfo Cruz Piñeiro

Biden prometió un plan de ayuda de 4 mil millones de dólares a los países Centroamericanos. ¿Allí está el foco de la migración, pensando en que es el lugar donde nacen las caravanas que intentan llegar a EE.UU., lo que se repitió a inicios de año?
Lo más complejo del panorama de la migración está en esta región de Centroamérica. La última caravana que salió de San Pedro Sula, Honduras, fue contenida en Guatemala y no pudieron arribar a la frontera con México, como pasó hace dos años. Ahí me parece que hay un acuerdo, que no sale a la luz pública, entre estos países, en el sentido de que hay una fuerte contención de Guatemala y de México. 

Es decir que no solo EE.UU. cambió la política migratoria, sino también México.
Efectivamente hubo un cambio en la política migratoria de Andrés Manuel López Obrador, que en un inicio decidió tener las puertas abiertas, que vengan todos, y a los tres meses tuvo que dar un giro bastante radical y mandar la Guardia Nacional para detener las caravanas.

De hecho, durante la era Trump, México ha llegado a tener más deportados que EE.UU.
Efectivamente, hay una presión por parte de EE.UU. en la cual trata de aplicar un tipo de aranceles al comercio mexicano. Entonces, el gobierno mexicano decide apoyar mandando la guardia nacional a la frontera Sur. Y es precisamente en 2019 cuando realmente rebasa el número de deportados por parte de las autoridades mexicanas, superior a la de EE.UU. Se vuelca mayor número de agentes, detienen a más y son más los deportados, que finalmente no alcanzan a llegar a la frontera con EE.UU.

¿Se quebró un poco la cultura mexicana histórica de ser un lugar con las puertas abiertas al mundo entero? Pienso en los asilados durante las dictaduras sudamericanas en los setenta, o en casos emblemáticos: desde Trotsky hasta Julian Assenge, pedido finalmente rechazado. 
Eso se espera que vuelva a ser de esa manera. Sin embargo, en 2018 el gobierno de Trump no supo cómo manejar esta situación de que llegaran masivamente estos migrantes centroamericanos y eso impactó en México. El gobierno se vio muy presionado. Esto no quiere decir que todos los mexicanos reciban con los brazos abiertos a los extranjeros. De hecho, en la caravana de 2018 hubo manifestaciones con mucha xenofobia por parte de ciertos sectores, inclusive aquí en Tijuana, que es una ciudad formada por inmigrantes. Yo creo que va a seguir habiendo migrantes, en todas las sociedades existe. En general, sí creo que haya una tendencia de regresar a ser una cultura de refugio. Yo esperaría que la militarización que existe en la frontera Sur de México bajara ese tenor y que hubiera mayores recursos para la atención de todos estos migrantes.

¿Qué pasó en la dinámica migratoria, que en los últimos años comenzaron a ser visibles las caravanas? 
Las caravanas fueron una nueva estrategia para hacerlo en grupo masivo, pero en general el movimiento de los migrantes era individual, clandestino, tratando de no hacerse ver por las autoridades ni las bandas que abusaban de ellos. 
Esto no quiere decir que no haya centroamericanos transitando actualmente por territorio mexicano. Sí los hay, y en pequeños grupos, no en forma de la caravana.
Sin embargo, este proceso de tránsito de centroamericanos por territorio mexicano para llegar a territorio estadounidense tiene muchos años. No inicia con las caravanas. Es un proceso largo, que siempre se había dado. Ha tenido sus picos y bajadas. En 2014 se da todo lo de los menores y niños, por ejemplo, pero es un proceso que continúa, que está ahí, y que si no se sientan los gobiernos a poner un orden a estos flujos migratorios va a ser muy difícil contenerlos. 

Cambió la estrategia de los migrantes pero no el fin: llegar a EE.UU.
Las personas que entran a territorio mexicano en un primer momento tienen como objetivo llegar a EE.UU., ingresar y empezar a trabajar, como sea, de manera ilegal o indocumentada. Sin embargo, es muy largo el trayecto por México, de la frontera Sur a la Norte. Entonces sucede que muchos centroamericanos se van quedando en el trayecto, en pueblos o ciudades, porque se les agotan sus recursos y necesitan trabajar. Y muchos a la larga tienden a quedarse definitivamente en territorio mexicano.
Desde la caravana del 2018, México experimentó una nueva faceta en la cual se incrementó mucho el número de solicitantes de refugio porque al momento que ellos pedían eso, les permitían moverse por territorio mexicano. Lo que pasa es que a la larga también van perdiendo esa energía que traían para llegar hasta la frontera Norte y se quedan en México, de manera regular o irregular. ¿Cuántos son? No lo sabemos. Solo sabemos de aquellos que están solicitando refugio. 

En la frontera Norte existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad

Rodolfo Cruz Piñeiro

¿Por qué es tan difícil resolver la situación de los migrantes? 
Las dos razones principales en Centroamérica son la pobreza extrema y, ahora, un recrudecimiento muy fuerte de la violencia y la inseguridad. Mientras no puedan disminuir estos problemas, difícilmente van a contener a las personas. Más aún cuando se generan este tipo de expectativas; por ejemplo, cuando dicen que va a haber una reforma migratoria en la cual a todos se les va a poder dar la ciudadanía estadounidense. Bueno, eso para ellos es gancho y vuelven a intentar. No escuchan el resto: de que solamente van a poder aplicar los que estaban hasta antes de este año. Los que ya residen, no los que vayan llegando; ni siquiera los que permanecen en el programa “Quédate en México”.

El programa “Quédate en México” obligó a los migrantes a permanecer allí y no poder pasar a EE.UU. ¿Continúa en pie?
En el programa “Quédate en México”, que los obligó a quedarse como tercer país seguro, se habla de alrededor de 60 o 65 mil personas, entre hondureños, haitianos y demás, que permanecen del lado mexicano en distintas ciudades. 
Este es un programa que nunca fue reconocido por el gobierno mexicano, pero que de facto lo aplica. En EE.UU. se llama Protocolo de Protección de Migrantes y fue una medida porque no tenía capacidad de contener a esas personas de su lado, y a la larga la intención era desmantelar el sistema de asilo para ya no recibir más personas del extranjero. Pero fue suspendido por Biden, ya no se registra nadie más. Sin embargo, aquellos que están del lado mexicano no pueden pasar todavía del lado estadounidense.

Entiendo que varios componentes complican la situación de los migrantes: hay una restricción en la frontera Sur de México para las caravanas, hay quienes fueron destinados al programa “Quédate en México”, y finalmente está cerrada la frontera en el Norte. ¿Cómo sobreviven las personas a ese drama que es la migración, con tanta incertidumbre y tantos peligros? 
Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial. Sin duda son personas vulnerables, muy necesitadas y que viven complicaciones tan graves o dramáticas que rayan el riesgo de la integridad física o perder la vida en cualquier momento. Esa es la gravedad mayor. Y ahora más. Si en los 90 o al principio de los 2000 veíamos una gran cantidad de hombres jóvenes cruzando, después de las caravanas estamos viendo familias enteras, una gran cantidad de niños viajando en estos grupos de migrantes. Y ellos son triplemente vulnerables. Entonces, cada familia, cada individuo que se está desplazado por territorio mexicano es un drama, totalmente.

¿Podríamos pensar en algún “significado latinoamericano” de la frontera Norte, teniendo en cuenta que es la división política entre EE.UU. y la región? ¿Se percibe distinta, una cosa es del lado mexicano o latinoamericano, y otra del lado norteamericano?
Sin dudas es la frontera de Latinoamérica con EE.UU. Es la frontera de un país poderoso económicamente, desarrollado, con el subdesarrollo de América Latina. Y yo creo que sí varían las percepciones. Las fronteras son muy heterogéneas, son muy diversas, aunque sí hay un tenor: existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Eso es muy significativo. Para mí, lo de los muros ya quedarían en el pasado, sin embargo yo lo veo todos los días. Es muy visible. Y ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad, en países que supuestamente deberían tener acuerdos por esta convivencia de toda la vida. Sin embargo, son incapaces sus gobiernos de ponerse de acuerdo para tener una armonía en este cruce. No se da, y difícilmente se va a dar, sobre todo por estas disparidades económicas y los niveles de desarrollo de seguridad y de política que pueden tener los propios países.

#7: la frontera

Hay una línea donde Latinoamérica acaba. O comienza, dependiendo desde dónde se mire. Esa línea final de la región es la frontera entre México y Estados Unidos, unos 3.200 kilómetros de extensión bien blindados y geográficamente marcados en gran parte por el Río Bravo.
La frontera Norte de México es el último obstáculo de miles de personas migrantes -adultxs, niñxs, familias enteras-, que constantemente intentan pasar a Estados Unidos en busca de un destino diferente para sus vidas, que comenzaron en Centroamérica, el Caribe o incluso en África o Asia.
Solo para dar un poco de contexto actual, a mediados de enero ya se frustró la primera caravana de unas 5000 personas, que partió desde Honduras y apenas pudo llegar a Guatemala, ya que las fuerzas de seguridad de este país, en acuerdo con México y EEUU, les cerraron el paso. Y en esta semana de marzo, la Casa Blanca pidió ayuda a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) ante la cantidad de niñxs sin acompañantes que cruzaron la frontera: al 8 de marzo, un récord de 3.200 menores se encontraban detenidos en instalaciones migratorias norteamericanas. Solo en enero pasado, 5.871 niñxs no acompañados cruzaron la frontera: casi 20% más que en diciembre de 2020.
La salida de Trump de la Casa Blanca y las primeras medidas de Biden renovaron las esperanzas de lxs migrantes, pero lejos está EEUU de abrir sus puertas de par en par. La situación es compleja y tiene distintas aristas políticas, económicas e históricas, muchas veces cargadas de discriminación, violencia y dolor. Y por eso esta #7 Semilla de Mahís, que intenta conocer y entender mejor la realidad de lxs migrantes, a partir de una extensa conversación que tuve por Zoom con el doctor en sociología Rodolfo Cruz Piñeiro, director del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte, situado en Tijuana, México.
“Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial”, me dijo Cruz Piñeiro, quien cree que la nueva política migratoria de Washington mejoraría la situación general, pero advierte que cualquier reforma llevará tiempo y estará llena de obstáculos. 
Gracias por leer.
Mauricio.


«Migrar es humano», de @diego.suarez82

Para comenzar a analizar qué pasa con los migrantes en la frontera Norte… Usted que reside en Tijuana, ¿cómo es vivir en la frontera con EE.UU.?
La frontera Norte es una frontera muy dinámica y muy extensa. Tiene muchas ciudades grandes, ya que alrededor de once o doce ciudades pegadas a la línea fronteriza tienen más de 100 mil habitantes. Particularmente, Tijuana y Ciudad Juárez son las de mayor magnitud. Además, muchas personas que viven en la frontera tienen la ciudadanía estadounidense pero residen del lado mexicano, y cruzan cotidianamente. 
Hablando particularmente de los migrantes, muchos son centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala. Pero también ya venimos de dos o tres años con la llegada de personas de otras latitudes del Caribe, como haitianos y cubanos, también de venezolanos. Pero además han llegado grupos extracontinentales, de África y Asia, quizás no tan numerosos pero sí muy visibles. Muchos de ellos provienen de países con los cuales no hay un acuerdo diplomático o que no cuentan con un consulado o embajada, entonces para el gobierno mexicano son básicamente indeportables.

¿De qué manera afectó la pandemia al tránsito fronterizo? 
Este momento tan particular ha impactado en la movilidad de las personas, incluso de los bienes y servicios. Desde el 21 de marzo de 2020 se aplicaron restricciones de ambos gobiernos en la frontera Norte, restringiendo el cruce solamente para trabajadores esenciales. Los comercios por parte de ambos lados han sido impactados, y más porque muchos consumidores estaban del lado mexicano y ya no cruzan, y viceversa. 

¿Para los migrantes ilegales, la frontera Norte se volvió más un dique de contención que un lugar paso? 
La frontera Norte desde el ‘93 empezó un proceso de sellamiento. Hubo un incremento en la inversión en cuanto a seguridad y contención por parte del gobierno estadounidense. No solo fue la barda, también aumentó el número de agentes de la patrulla fronteriza y la inversión en tecnología para vigilarla. Entonces, cruzar la frontera de manera irregular es cada vez más difícil. Y si lo haces con grupos que se dedican a ello, es costoso y peligroso.

¿Qué hacen o qué han hecho las personas que llegan al Norte y no pueden pasar? ¿Se mantienen en refugios o en campamentos de migrantes?
Cuando se dio lo de la primera caravana, que fue masivo, tuvieron que hacer refugios para hacerse cargo de ellos. Un lugar donde pudiesen dormir y alimentarse. Pero eso fue solo por una temporada. Actualmente hay refugios en Juárez y Tijuana, y lo que se puede llamar un campamento en Matamoros. Las demás personas han llegado a casas de migrantes, que ya tienen muchos años organizados por la sociedad civil, mientras otras pocas nuevas son asistidas por el Estado.
Estos refugios primeros estaban llenos de mexicanos que esperaban a pasar, luego por los deportados, y ahora por centroamericanos y también deportados. 

¿La espera es en vano?
Los mexicanos deportados que están ahí es porque sus familias se quedaron del otro lado. Se quedan a la espera de poder cruzar, sin embargo cada vez es más difícil cruzar. Los centroamericanos también están ahí esperando obtener una cita para solicitar asilo en EE.UU. La cosa es que ese proceso se les ha venido abajo. Se volvió muy lento y burocrático, y con muy poca atención. Entonces, muchos de ellos empiezan a insertarse en la sociedad, buscan algunos cuartos para residir y buscar trabajo o se generan su propio trabajo. Por ejemplo, todo este grupo de haitianos migrantes que mencioné se puede ver cuando tu sales a la calle: hay una cantidad innumerable de personas haitianas vendiendo en los semáforos cualquier cosa, en las maquiladores o en la construcción.

Apenas asumió en la Casa Blanca, Biden tomó medidas migratorias, envió varias señales en favor de los migrantes. ¿Se avecina un ciclo de mayor apertura con respecto a Trump?
Es un problema complejo. Biden ya había prometido ciertos cambios desde que estaba en la campaña. Su equipo habla de una reforma migratoria, pero eso va a tardar y se va a enfrentar a muchos obstáculos en el Congreso. 

Pero sí firmó órdenes ejecutivas sobre los migrantes. ¿Cómo las analiza?
En ese sentido, inició muy bien porque lo primero que hace es detener la construcción del muro. Para el gobierno mexicano se ve como un buen acto, pero sobre todo porque le estaban destinando mucho dinero a algo totalmente inservible. Era todo una forma de campaña, ya que desde sus inicios nunca tuvo realmente impacto, sino más bien algo para los seguidores de Trump.
Por otro lado, Biden refuerza el programa de los llamados “Dreamers”, que llegaron muy pequeños y que estaban indocumentados. Ya no tienen problemas de ser deportados, lo que es un buen aliciente para esperar la reforma migratoria, que va a generar caminos hacia la regularización o la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que residen en EE.UU., de los cuales no todos son latinoamericanos. 
Otra orden que firmó fue la suspensión por cien días de las deportaciones en general, a excepción de ciertos grupos como los que estaban recluidos en cárceles. Y también ha enviado comisiones especiales a la frontera con México y con Canadá para armar un plan fronterizo para ver cómo pueden ser los cruces por tierra.

¿Pueden tener esperanzas los migrantes, entonces?
Todas esas son muy buenas señales de que podría venir un cambio importante. Se vislumbra hasta el momento una posición con un giro de 180 grados a lo que era la política migratoria de Trump. Biden envía señales muy positivas, sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos. Creo que necesita tres cuartas partes del Senado para una reforma migratoria, y no solamente en el Partido Republicano hay obstáculos, también en el Demócrata. Tiene un trabajo arduo por un buen rato.

Rodolfo Cruz Piñeiro, durante la conversación vía Zoom

Biden prometió un plan de ayuda de 4 mil millones de dólares a los países Centroamericanos. ¿Allí está el foco de la migración, pensando en que es el lugar donde nacen las caravanas que intentan llegar a EE.UU., lo que se repitió a inicios de año?
Lo más complejo del panorama de la migración está en esta región de Centroamérica. La última caravana que salió de San Pedro Sula, Honduras, fue contenida en Guatemala y no pudieron arribar a la frontera con México, como pasó hace dos años. Ahí me parece que hay un acuerdo, que no sale a la luz pública, entre estos países, en el sentido de que hay una fuerte contención de Guatemala y de México. 

Es decir que no solo EE.UU. cambió la política migratoria, sino también México.
Efectivamente hubo un cambio en la política migratoria de Andrés Manuel López Obrador, que en un inicio decidió tener las puertas abiertas, que vengan todos, y a los tres meses tuvo que dar un giro bastante radical y mandar la Guardia Nacional para detener las caravanas.

De hecho, durante la era Trump, México ha llegado a tener más deportados que EE.UU.
Efectivamente, hay una presión por parte de EE.UU. en la cual trata de aplicar un tipo de aranceles al comercio mexicano. Entonces, el gobierno mexicano decide apoyar mandando la guardia nacional a la frontera Sur. Y es precisamente en 2019 cuando realmente rebasa el número de deportados por parte de las autoridades mexicanas, superior a la de EE.UU. Se vuelca mayor número de agentes, detienen a más y son más los deportados, que finalmente no alcanzan a llegar a la frontera con EE.UU.

¿Se quebró un poco la cultura mexicana histórica de ser un lugar con las puertas abiertas al mundo entero? Pienso en los asilados durante las dictaduras sudamericanas en los setenta, o en casos emblemáticos: desde Trotsky hasta Julian Assenge, pedido finalmente rechazado. 
Eso se espera que vuelva a ser de esa manera. Sin embargo, en 2018 el gobierno de Trump no supo cómo manejar esta situación de que llegaran masivamente estos migrantes centroamericanos y eso impactó en México. El gobierno se vio muy presionado. Esto no quiere decir que todos los mexicanos reciban con los brazos abiertos a los extranjeros. De hecho, en la caravana de 2018 hubo manifestaciones con mucha xenofobia por parte de ciertos sectores, inclusive aquí en Tijuana, que es una ciudad formada por inmigrantes. Yo creo que va a seguir habiendo migrantes, en todas las sociedades existe. En general, sí creo que haya una tendencia de regresar a ser una cultura de refugio. Yo esperaría que la militarización que existe en la frontera Sur de México bajara ese tenor y que hubiera mayores recursos para la atención de todos estos migrantes.

¿Qué pasó en la dinámica migratoria, que en los últimos años comenzaron a ser visibles las caravanas? 
Las caravanas fueron una nueva estrategia para hacerlo en grupo masivo, pero en general el movimiento de los migrantes era individual, clandestino, tratando de no hacerse ver por las autoridades ni las bandas que abusaban de ellos. 
Esto no quiere decir que no haya centroamericanos transitando actualmente por territorio mexicano. Sí los hay, y en pequeños grupos, no en forma de la caravana.
Sin embargo, este proceso de tránsito de centroamericanos por territorio mexicano para llegar a territorio estadounidense tiene muchos años. No inicia con las caravanas. Es un proceso largo, que siempre se había dado. Ha tenido sus picos y bajadas. En 2014 se da todo lo de los menores y niños, por ejemplo, pero es un proceso que continúa, que está ahí, y que si no se sientan los gobiernos a poner un orden a estos flujos migratorios va a ser muy difícil contenerlos. 

Cambió la estrategia de los migrantes pero no el fin: llegar a EE.UU.
Las personas que entran a territorio mexicano en un primer momento tienen como objetivo llegar a EE.UU., ingresar y empezar a trabajar, como sea, de manera ilegal o indocumentada. Sin embargo, es muy largo el trayecto por México, de la frontera Sur a la Norte. Entonces sucede que muchos centroamericanos se van quedando en el trayecto, en pueblos o ciudades, porque se les agotan sus recursos y necesitan trabajar. Y muchos a la larga tienden a quedarse definitivamente en territorio mexicano.
Desde la caravana del 2018, México experimentó una nueva faceta en la cual se incrementó mucho el número de solicitantes de refugio porque al momento que ellos pedían eso, les permitían moverse por territorio mexicano. Lo que pasa es que a la larga también van perdiendo esa energía que traían para llegar hasta la frontera Norte y se quedan en México, de manera regular o irregular. ¿Cuántos son? No lo sabemos. Solo sabemos de aquellos que están solicitando refugio. 

La frontera Norte mexicana

¿Por qué es tan difícil resolver la situación de los migrantes? 
Las dos razones principales en Centroamérica son la pobreza extrema y, ahora, un recrudecimiento muy fuerte de la violencia y la inseguridad. Mientras no puedan disminuir estos problemas, difícilmente van a contener a las personas. Más aún cuando se generan este tipo de expectativas; por ejemplo, cuando dicen que va a haber una reforma migratoria en la cual a todos se les va a poder dar la ciudadanía estadounidense. Bueno, eso para ellos es gancho y vuelven a intentar. No escuchan el resto: de que solamente van a poder aplicar los que estaban hasta antes de este año. Los que ya residen, no los que vayan llegando; ni siquiera los que permanecen en el programa “Quédate en México”.

El programa “Quédate en México” obligó a los migrantes a permanecer allí y no poder pasar a EE.UU. ¿Continúa en pie?
En el programa “Quédate en México”, que los obligó a quedarse como tercer país seguro, se habla de alrededor de 60 o 65 mil personas, entre hondureños, haitianos y demás, que permanecen del lado mexicano en distintas ciudades. 
Este es un programa que nunca fue reconocido por el gobierno mexicano, pero que de facto lo aplica. En EE.UU. se llama Protocolo de Protección de Migrantes y fue una medida porque no tenía capacidad de contener a esas personas de su lado, y a la larga la intención era desmantelar el sistema de asilo para ya no recibir más personas del extranjero. Pero fue suspendido por Biden, ya no se registra nadie más. Sin embargo, aquellos que están del lado mexicano no pueden pasar todavía del lado estadounidense.

Entiendo que varios componentes complican la situación de los migrantes: hay una restricción en la frontera Sur de México para las caravanas, hay quienes fueron destinados al programa “Quédate en México”, y finalmente está cerrada la frontera en el Norte. ¿Cómo sobreviven las personas a ese drama que es la migración, con tanta incertidumbre y tantos peligros? 
Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial. Sin duda son personas vulnerables, muy necesitadas y que viven complicaciones tan graves o dramáticas que rayan el riesgo de la integridad física o perder la vida en cualquier momento. Esa es la gravedad mayor. Y ahora más. Si en los 90 o al principio de los 2000 veíamos una gran cantidad de hombres jóvenes cruzando, después de las caravanas estamos viendo familias enteras, una gran cantidad de niños viajando en estos grupos de migrantes. Y ellos son triplemente vulnerables. Entonces, cada familia, cada individuo que se está desplazado por territorio mexicano es un drama, totalmente.

¿Podríamos pensar en algún “significado latinoamericano” de la frontera Norte, teniendo en cuenta que es la división política entre EE.UU. y la región? ¿Se percibe distinta, una cosa es del lado mexicano o latinoamericano, y otra del lado norteamericano?
Sin dudas es la frontera de Latinoamérica con EE.UU. Es la frontera de un país poderoso económicamente, desarrollado, con el subdesarrollo de América Latina. Y yo creo que sí varían las percepciones. Las fronteras son muy heterogéneas, son muy diversas, aunque sí hay un tenor: existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Eso es muy significativo. Para mí, lo de los muros ya quedarían en el pasado, sin embargo yo lo veo todos los días. Es muy visible. Y ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad, en países que supuestamente deberían tener acuerdos por esta convivencia de toda la vida. Sin embargo, son incapaces sus gobiernos de ponerse de acuerdo para tener una armonía en este cruce. No se da, y difícilmente se va a dar, sobre todo por estas disparidades económicas y los niveles de desarrollo de seguridad y de política que pueden tener los propios países.


Algunos enlaces para profundizar el tema…

  • Esta nota del New York Times cuenta la situación más reciente de los miles de niños sin acompañantes que cruzan la frontera Norte.
  • Este informe en Nueva Sociedad da una mirada más académica de la situación de la frontera México-EEUU.
  • Los medios El País de España y El Faro de El Salvador desarrollaron un especial interactivo sobre la frontera Sur. Es muy bueno, e incluso ganó premios internacionales de periodismo.
  • Migrantes de otro mundo es otro sitio interactivo muy interesante, en este caso sobre las historias de africanos y asiáticos que recorren Latinoamérica.
  • Por último, una recomendación literaria: «Desierto sonoro» de la mexicana Valeria Luiselli, que mezcla un viaje familiar con la historia de los chicos abandonados en la frontera México-EEUU.