“Chile eligió constituyentes para un cambio radical”

*Nota publicada originalmente en La Tinta.

La boleta con su nombre fue la primera que se conoció públicamente el domingo 16 de mayo por la noche en Chile, cuando comenzó el recuento público de votos para la Convención Constituyente. Mujer y mapuche, Natividad Llanquileo ya es parte de la historia reciente del país trasandino que, a casi dos años del estallido social de octubre de 2019, tendrá la posibilidad de cambiar una Constitución de raíz pinochetista.

Abogada, de 36 años y diplomada en Derechos Humanos, Políticas Públicas e Interculturalidad, Llanquileo ocupará una de las 17 bancas -de las 155 en total- que se reservaron para los pueblos originarios, dentro de una Convención que estará dominada por partidos de izquierda y sectores independientes. Un reflejo del cambio que atraviesa al país, donde la derecha, en su vértice liderada por el presidente Sebastián Piñera, no llegó siquiera al tercio de los votos, algo que le hubiera permitido ostentar un poder de veto de cualquier reforma.

“Estamos frente a un proceso histórico”, analiza Llanquileo en esta entrevista realizada vía Zoom desde el sur de Chile, donde creció y vivió hasta los 18 años, antes de migrar a Santiago para estudiar Derecho. Su bandera siempre fue la defensa de los territorios por parte de las comunidades mapuche; e incluso, en 2010, fue la cara visible de una huelga de hambre que llevaron adelante 35 mapuche detenidos para exigir la derogación de la ley antiterrorista.

“Por primera vez como pueblos originarios, podemos estar en una toma de decisión tan relevante como es la redacción de una nueva Constitución”, asegura.

Durante la conversación, exige que la Convención cambie “radicalmente” al país, expone las demandas que buscará que queden plasmadas en la nueva Carta Magna, defiende que haya participación ciudadana durante todo el proceso -que durará entre nueve meses y un año-, llama a un respeto definitivo hacia los pueblos originarios y destaca el rol femenino, que ocupará la mitad de las bancas en una instancia de semejante magnitud.


“Va a ser una Constituyente paritaria y eso es muy relevante. Fue muy emocionante que el primer voto fuera para una mujer y encima para una mujer mapuche. Cuando salió ese primer voto, yo no estaba viendo la televisión, sino que me llamaron y me comentaron -confiesa-. Afortunadamente, ese primer voto fue un buen augurio, porque terminamos estando dentro y vamos a poder participar de la reforma de la Constitución”.


—La actual Constitución data de la dictadura de Pinochet. ¿Qué valor tiene que la puedan cambiar por completo?

—Se va a terminar con una Constitución heredada de la dictadura, con todo lo que implicó, como la violación sistemática de los derechos humanos y los desaparecidos. Estamos terminando con una historia oscura de lo que nos ha tocado vivir como país. Es la primera vez que se elige democráticamente a quienes escriben esta Carta fundamental y eso implica una responsabilidad tremenda. Esperamos cambiar este modelo, que es discriminatorio, segregador y beneficia solo a unos pocos, mientras los demás seguimos mirando.

—A la luz de los resultados, ya hubo un cambio: la derecha retrocedió y avanzaron los distintos partidos de izquierda y sectores independientes. Entonces, ¿cómo analiza la conformación general de la Convención?

Vemos con bastante optimismo lo que se viene y esperamos que eso se refleje lo más pronto posible en la práctica: que realmente beneficie a la gente, que espera cambios en la cotidianeidad. Ha sido muy satisfactorio pensar que gran parte de los convencionales están para cambiar realmente el modelo que hoy en día existe. Y ese era uno de los principales desafíos y problemas que nos podíamos encontrar como pueblos originarios. Esperemos que no haya sido algo solo de los discursos. Los partidos políticos han sido criticados y no representan los intereses colectivos, y hoy día podemos ver que el pueblo los castigó.

—Se habló de que Chile vivió un “terremoto” político, porque también hubo cambios muy importantes a nivel de los poderes locales. 

—Es que tampoco daba lo mismo elegir a las alcaldías, los gobiernos locales o regionales, así como sucederá lo mismo en las próximas elecciones presidenciales. Porque serán ellos los que finalmente adecuen las leyes en relación a la Constitución que vaya a quedar. Y apostamos a que la Constitución que se redacte sea aprobada por todos los votantes, porque tiene un plebiscito de salida que es obligatorio. Pero esa no puede ser la única participación del pueblo, sino que tiene que haber una participación desde el inicio hasta el final.

—¿El acompañamiento de la sociedad será uno de los grandes desafíos de este proceso constitucional?

—Será muy importante ver cómo hacemos partícipe al pueblo en sí. No existió nunca que sean los propios territorios los que estén en las tomas de decisiones. Siempre hubo un poder central y el resto acataba. Uno de los primeros desafíos que tenemos es la redacción del reglamento para saber cómo vamos a sesionar los 155 convencionales que somos y ahí tenemos que dejar bien establecida la participación social. Nosotros no podemos pretender, porque fuimos electos, que finalmente tomemos todas las decisiones por los territorios. Eso no puede ser, no se puede repetir.

Tenemos que ser solo un puente con los territorios, no podemos ser los únicos que lleven adelante todo. Eso significa cambiar las cosas: tenemos que funcionar de forma distinta para que esta Constitución sea lo más representativa posible. Tenemos la oportunidad histórica de cambiar la forma de hacer las cosas. No podemos darnos el lujo de no hacerlo, porque en nuestras vidas se va a volver a repetir. No es fácil cambiar una Constitución, por lo que va a ser tremendamente relevante la participación del pueblo, de las comunidades y de sus organizaciones territoriales, que tendrán que estar presentes.

Chile mujeres mapuche la-tinta

—¿Cuáles son sus consignas para la Constituyente? ¿Tiene que declararse a Chile como un Estado plurinacional? 

—Varias candidaturas han estado proponiendo un Estado plurinacional, pero no sabemos qué entienden ellos por eso. Nosotros, desde un principio, planteamos que tienen que asegurarse los derechos del territorio, políticos, económicos, culturales y lingüísticos. Cuando hablamos de plurinacionalidad, tiene que ver con una aceptación normativa de los pueblos y naciones que ya existían antes de la conformación del Estado, y que ya tenían sus formas de vida. Esa vida tiene que ser respetada. Esa es una de las principales demandas. Pero también hay otras como, por ejemplo, cambiar este modelo económico, que es extractivista, depredador y que ha hecho un tremendo daño al pueblo chileno en general. Solo se benefician unos pocos y el resto se queda mirando. Y, por supuesto, también buscamos la ampliación de los derechos sociales, que es algo transversal: la educación, la niñez, las pensiones, las mujeres. Queremos que no solo haya un catálogo lindo de derechos, sino que efectivamente se puedan cumplir. Y ahí entramos en un cuestionamiento de los poderes del Estado y en cómo tienen que funcionar. Esa es la discusión que ya tenemos en estos días y por eso no podemos descansar.

—Están dispuestos a hacer un cambio radical del Estado.

—Ese fue el mensaje que Chile dio eligiendo los constituyentes que eligió. Quiere un cambio radical, porque el estallido social de 2019 significó que estamos cansados. Llegamos a un punto donde ya no se pudo aguantar más. El modelo que existía con anterioridad no funcionó y nos llevó a este colapso. Entonces, necesitamos cambios estructurales. Y por eso, la mayoría fueron votos independientes de los partidos políticos y del empresariado.


En el caso mapuche, por ejemplo, hubo partidos de derecha que patrocinaron candidaturas y que no lograron ningún cupo. El mundo mapuche dio un mensaje ahí también, al igual que el pueblo. La verdad es que tenemos mucha más esperanza que la que teníamos días atrás, así que finalmente hay que hacer un cambio y que sea un cambio radical. 


—Más allá de que los resultados sean esperanzadores, ¿cuán posible es llegar a hacer ese cambio radical, teniendo en cuenta que la izquierda y los independientes también son sectores diversos entre sí? ¿Cómo analiza la negociación política que va a tener que darse?

—Yo lo veo con cierto optimismo, porque vamos a estar muy controlados por la ciudadanía, que está muy empoderada sobre las decisiones que se están tomando. Vamos a estar muy mirados. La gente votó por los programas políticos y estos tenían que ver con cambios estructurales. Entonces, ahora, estando ya adentro, no podemos cambiar. Estamos obligados a cumplirle a la gente. Porque, insisto, esto tiene un plebiscito de salida y todos queremos que funcione. Si no, nos vamos a quedar con la misma Constitución que tenemos ahora. Y la gente quiere un cambio. Entonces, más allá de querer o no querer los convencionales cambiar las cosas, están obligados a hacerlo. Y no solamente habrá un control de la ciudadanía, sino también del resto de los constituyentes. Nosotros vamos a estar ahí mirando lo que va a estar pasando. Y si hay alguien que funciona de forma distinta a cómo convenció a la gente para que lo vote, simplemente lo vamos a denunciar. 

—El plebiscito de salida de la Constitución es obligatorio, pero la elección de los convencionales no lo fue y hubo poca participación, incluso en las comunidades originarias, que apenas superó el 22 por ciento. ¿Por qué cree que fue tan grande la abstención?

Hubo una baja participación en una elección como esta, pero fue algo que ocurrió a nivel nacional. Hoy día, estamos en una situación compleja con la pandemia y la gente está preocupada por resolver la cotidianeidad. No hubo respuesta del Estado, por lo que la única posibilidad que tuvimos fue sacar de nuestros ahorros previsionales, que no todos tenían. También faltó información, porque no podíamos llegar a todos los territorios. Yo creo que sintieron que no era importante, porque esto a veces se convierte en algo muy técnico y cuesta que la gente entienda a la primera. No hay educación cívica para que la gente tenga interés en la toma de decisiones. Hay tanta crisis de los partidos políticos que la gente cree que la política es mala, pero, en definitiva, todo lo que hacemos es política.

Chile bandera mapuche la-tinta
Imagen: Agencia UNO

—Además del reglamento interno, también tiene que definirse la presidencia de la Convención. ¿Qué posibilidades hay de que usted la presida?

Hay harto interés de que la presidenta sea una mujer, ya que la presencia de las mujeres, no solo en la sociedad chilena, sino también en el mundo indígena, es muy importante. Hay que evaluar lo que decidan los convencionales, hay que esperar porque todavía queda un poquito más de un mes para comenzar. Si llegara a suceder, hay que asumir la responsabilidad como siempre lo he hecho. Si la gente estima que sea así, estamos por los cambios.

—Aunque exigían una mayor representación, finalmente, 17 fueron los escaños reservados para los distintos pueblos originarios. ¿Cómo son las relaciones entre ustedes? ¿Hay coincidencias sobre los cambios que hay que plantear en la nueva Constitución?

—Hay más coincidencias que diferencias. Pedíamos 24 bancas, pero los 17 escaños reservados para nosotros fue lo último que se resolvió, por lo que tuvimos que correr contra el tiempo para inscribir las candidaturas y hacer campaña. Con los demás pueblos, tuvimos que conversar rápidamente para ver qué camino podríamos emprender para no encontrarnos con dificultades en la Convención misma. Eso es un desafío que tenemos y estamos dispuestos a defender nuestros derechos, que son colectivos y no individuales.

—Uno de sus mensajes de campaña fue “del campo a la ciudad”. ¿Qué representa de la realidad del pueblo mapuche hoy, que además ahora coincide con otros sectores sociales en la Convención Constituyente? 

—Lo planteamos así porque la candidatura es levantada desde el mundo mapuche campesino, pero también logra unificarse con el mundo trabajador de la ciudad. Hay que recordar que hay, al menos, un 60 por ciento de los mapuche que emigraron hacia las ciudades, principalmente a la región metropolitana de Santiago. En mi caso, hice ese recorrido: viví en el campo, con todo lo que significa identificarse con la vida campesina, pero también enfrentarse a la discriminación y a un sinnúmero de cosas, para luego llegar a la ciudad, donde se sigue la misma lógica de discriminación y condiciones laborales muy paupérrimas. Entonces, fui conociendo lo que pasa en el campo y en la ciudad. Y que estemos en la Convención significa que tenemos que tener una visión general sobre todos los pueblos, especialmente los que fueron abandonados y que viven en las comunas más periféricas de las grandes ciudades. Por eso, tenemos que estar cerca de la gente para conocer sus prioridades. En el campo, puede haber una gran demanda sobre los derechos territoriales y del agua, y en las ciudades, derechos a la salud intercultural, a la educación intercultural o a la vivienda, que actualmente no están garantizados.

—Esta Convención Constituyente es resultado de un proceso que comenzó con el estallido social de 2019. ¿Cómo analiza ese proceso? ¿Integró definitivamente al pueblo mapuche con el resto de la sociedad? ¿Le permitió a sus demandas históricas hacerse más visibles? Pienso en la gran cantidad de banderas mapuche que se vieron durante las manifestaciones más numerosas de aquel octubre, luego de que la protesta se iniciara con un hecho puramente urbano, como fue saltar los molinetes del metro por parte de los estudiantes. 

—Nosotros no creemos que el estallido social se haya levantado desde la ciudad misma, sino que fue producto de las diferentes manifestaciones que se vinieron realizando durante mucho tiempo. Además, dentro de lo urbano, los mapuche también trabajan, son estudiantes y no fueron ajenos a este proceso. La palabra “estallido” viene muy bien, porque en definitiva estalló todo lo que se vino acumulando durante mucho tiempo, y ahí el reconocimiento que se da al movimiento mapuche, que resistió siempre.

Chile mapuche movilizacion la-tinta

—¿Qué mensaje podría dar este proceso chileno al resto de la región, pensando en lo que vive actualmente Colombia, que parece tener su propio “estallido social”? ¿Y qué podría significar la participación mapuche y de las demás naciones originarias, teniendo en cuenta que en Argentina hay mapuches, pero también existen muchísimos pueblos indígenas en todo el continente, que en muchos casos son sistemáticamente discriminados o reprimidos por el Estado o las élites sociales?

—Es interesante lo que pasa a nivel regional, porque siempre que hay una demanda de los diferentes movimientos sociales, el Estado responde con represión, y esa no es la solución. En Chile, nos han reprimido muchos años, al pueblo mapuche lo siguen reprimiendo y sigue habiendo personas encarceladas. Pero, ¿es la solución la represión y la criminalización la respuesta que se da desde el Estado? Esa es la pregunta que hay que hacerse. La solución pasa por buscar formas políticas de cambiar las cosas. Pero para eso tenemos que estar de acuerdo, tratar de buscar puntos que nos junten y que no nos separen. Tenemos que reconocer que en la región existen pueblos originarios y que son parte, y que van a seguir siendo parte, les guste o no les guste. Vamos a estar ahí, vamos a incidir. No es que los pueblos originarios tienen que cambiar, es el Estado o la sociedad dominante la que tiene que cambiar. Porque nosotros no nos vamos a ir, vamos a seguir estando. El que llega de afuera se tiene que acomodar a quienes estaban antes. Ese es el mensaje. ¿Quién les dijo que el hecho de ser blancos o diferentes significa ser superior al otro? No puede ser.

Estamos en una etapa de nuestras vidas, a nivel regional, en la que las cosas tienen que cambiar. Yo no le pido al resto que sea mapuche, entonces, no me pida el resto de que yo sea de una forma distinta. Lo que tiene que regir es el respeto, el respeto de que el otro sea distinto. ¿Por qué me tienen que molestar? Existen naciones que son distintas a los Estados que se conformaron y que negaron la existencia de los pueblos originarios que ya existían, y por eso siempre va a existir la reclamación de que nosotros estábamos desde antes. Pero hoy día, se trata de coexistir en un espacio determinado, donde cada uno sea reconocido como sujeto de derechos. Somos personas y seres humanos que estamos aquí, tenemos nuestras formas y nuestras prioridades distintas. Somos pueblos que tenemos una forma distinta de ver la naturaleza, no como algo que hay que explotar, sobreexplotar y que beneficia a unos pocos. ¿A quién no le gustaría que las cosas pudieran cambiar?

Este cambio constitucional existe porque el pueblo se lo ganó. Nadie se lo regaló. El pueblo obligó a quienes tienen representación parlamentaria a que llegaran a un acuerdo. Y la gente espera que esto cambie, porque, si no, en cinco años, vamos a estar con un estallido social de nuevo.

Reforma constitucional en Chile: la historia de la “Tía Pikachu”, de fenómeno viral a candidata

*Nota publicada originalmente en La Nación.

Una travesura infantil, un tropiezo en plena calle y el poder de las redes sociales podrían llevar a Pikachua participar en la próxima reforma de la Constitución en Chile. La frase parece inverosímil, pero esa mezcla de ingredientes tan distintos son los que hicieron popular a la “Tía Pikachu”, el seudónimo con el que se hizo conocida Giovanna Grandón, una transportista escolar de 44 años, que el próximo fin de semana competirá como candidata independiente para la Convención Constituyente del vecino país.

La “Tía Pikachu” se volvió viral el 25 de octubre de 2019 cuando salió a manifestarse con un disfraz inflable del conocido personaje de Pokémon, en pleno estallido social que siguió a las protestas por el aumento del transporte público. Durante la marcha comenzó a saltar al ritmo de “¡baila Pikachu!” que coreaban a su alrededor, hasta que en un momento tropezó con el cordón de la vereda y se cayó. La escena quedó capturada en varios celulares y no tardó en desperdigarse por las redes. En Twitter ese primer video ya tiene 1.2 millones de vistas, y en YouTube, casi 205.000. Se volvió famosa de la noche a la mañana y un emblema de la protesta social en el mundo: hasta en protestas en Francia usaron el mismo disfraz para llamar la atención pública.

El apoyo social que cosechó, así como el descontento hacia los partidos políticos tradicionales y la grave crisis económica-social que Chile vive desde antes de la pandemia, convencieron a Grandón de participar en la redacción de una Constitución, que reemplazará a la que rige actualmente, escrita en 1980, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Y lejos de las críticas que recibe por representar un dibujo animado, la Tía Pikachu sabe muy bien cuáles serían sus prioridades en caso de ingresar a la Convención: “Beneficios para todos en salud, educación, pensiones, servicios, alimentos y minerales. Queremos que todo sea para el Estado y en beneficio de la gente”, enumera, hacia el final de la campaña, en diálogo con LA NACION vía Zoom.

De una travesura a un símbolo

La historia de la “Tía Pikachu” comenzó en septiembre de 2019 con una picardía infantil, cuando su hijo de 7 años tomó el celular de su padre y comenzó a comprar sin límites en la plataforma de ventas online china AliExpress. Un gorro, un micrófono, el disfraz de Pikachu… En total gastó casi 600.000 pesos chilenos, unos 800 dólares. Los productos llegaron en octubre, y ella los vendió a todos, menos el traje, que lo guardó para festejar el Halloween que se avecinaba.

Pero la Noche de Brujas quedó desdibujada cuando estallaron las protestas por el aumento del transporte público y se convocó a una masiva movilización para el 25 de ese mes contra el gobierno de Sebastián Piñera. Grandón y su marido decidieron participar con un grupo de amigos y familiares, y ella llevó el disfraz. “Estaba saliendo de casa sin nada, pensando que en la manifestación podía comprar algo para meter bulla, porque mi sartén ya estaba destrozada –recuerda, sobre los cacerolazos característicos de esa época-. En eso me acordé del traje y volví a buscarlo. Lo tenía escondido debajo de la cama para que mis hijos no lo sacaran”.

Giovanna Grandón se postuló para la Convención Constituyente
Giovanna Grandón se postula para la Convención Constituyente. Foto: Prensa

Lo que siguió fue el tropezón y sus repercusiones. Grandón lo cuenta así: “En la marcha varios tocaban instrumentos, así que empezaron a cantar «baila Pikachu» y yo, a bailar. Di una vuelta y caí, apenas pocos minutos después de habérmelo puesto. Es que la única parte que yo veo es la boca, que tendrá unos 20 centímetros de diámetro. Pero la gente se reía y eran puras carcajadas, así que, cuando me caí, me paré y seguí bailando”.

La mujer ganó protagonismo en la marcha más masiva de la historia chilena: un millón de personas ocuparon las inmediaciones de la Plaza Italia, hoy también conocida como Plaza Dignidad. Y cuando llegó a la noche a su casa, su hija mayor le dio identidad en las redes. Publicó en su Instagram que su mamá era la “Tía Pikachu” y los seguidores fueron tantos que le abrió una cuenta propia. Un amigo le hizo el logo. La cuenta oficial ya supera los 145.000 seguidores.

De “tía” a candidata

“Tía” le dicen en Chile a las maestras jardineras. Grandón lo fue durante 15 años, y luego le siguieron siete como transportista escolar. Pero por la pandemia y la pausa de la presencialidad de las clases, tuvo que reinventarse: ahora se dedica a vender y repartir productos como frutas, quesos, huevos y miel. Nunca antes le había interesado la política. No tiene estudios universitarios. Y cuenta que de jóvenes, con su marido, trabajaban “de lunes a lunes, de las 5 de la mañana hasta las diez de la noche, para poder comprar una casa”, que aún está pagando. La pareja tiene cuatro hijos –Michelle, de 26 años; Jorgito, 20; Lucas, 10, y Diego, 8- y dos nietos, de 8 años y 9 meses.

Antes de saltar a la fama como “Tía Pikachu”, Grandón tenía otros planes junto a su familia. Se iban a ir a vivir a Piriápolis, Uruguay, buscando otros rumbos. Incluso estaban por vender su casa. El estallido social no solo cambió la historia de Chile, sino también la suya: “Le dije a mi marido: ‘Será de Dios, tendremos que quedarnos a luchar’. Porque para nosotros es una lucha, y nos gasean y tenemos que soportar los golpes de los pacos [como algunos denominan a los policías en Chile]. Pero seguí yendo a todas las manifestaciones porque no les tengo miedo”.

Grandón fue arrestada, denunciada penalmente, repelida por camiones hidrantes y hasta recibió un perdigón en un pie. Ya ocupó siete disfraces de Pikachu, porque los químicos que tiene el agua del camión hidrante deterioran la tela con la que está confeccionado. Sus seguidores le regalaron dos de esos trajes, y ella consiguió máscaras antigás para la manifestaciones. Su popularidad hizo que la invitasen a distintas marchas en diferentes puntos de país, por lo que llegó con su disfraz hasta bien al sur de Chile, como, Chiloé, a 1231 kilómetros de Santiago. También empezó a colaborar en ollas populares y eso le permitió relacionarse con más personas, entre ellas, sus potenciales votantes.

“Comenzaron a preguntarme qué pasaba con el tema de la Constitución. Me decían que podía ser constituyente, que salí del estallido social, que ayudaba en las ollas comunes –apunta Grandón-. Pero yo no quería porque no tenía estudios universitarios y pensaba que, como no sabía nada de leyes, no podía participar”. Finalmente, habilitaron para las elecciones a candidatos independientes extrapartidarios, Entonces ella se decidió y formó junto a un grupo de compañeros de las marchas la llamada Lista del Pueblo. Logró juntar 4300 patrocinios para ser candidata por el distrito 12 de Santiago, donde se encuentran tres de los barrios más humildes de la capital chilena. Y ahí empezó la campaña.La historia de la “Tía Pikachu”, de fenómeno viral a candidata – Fuente: YouTube

“Mi campaña es pobre. Tenemos impresora propia para imprimir nuestros flyers, y voy yo misma a volantear”, cuenta Grandón, que en algunos videos en YouTube se muestra haciendo campaña en las calles y el metro de Santiago disfrazada de Pikachu. En algunas de sus fotos se la ve con el traje hasta la cintura y la banda presidencial de Chile cruzando su pecho. La creatividad es la norma, ante los pocos recursos económicos con los que cuenta. “Yo recibí aportes de 200.000 pesos (unos 285 dólares), más lo que me prestó el Servel (el Servicio Electoral de Chile): 250.000 pesos (U$S 356), que tengo que devolver después de las elecciones”, dice, y critica a los candidatos partidarios: “Pusieron muchas limitaciones para nosotros, los 100% independientes. La derecha puso al frente de las candidaturas a gente muy conocida y querida, como actores y cantantes, que van a arrastrar en las listas a todos los políticos corruptos de siempre”.

«Me decían que podía ser constituyente. Pero yo no quería porque no tenía estudios universitarios y pensaba que, como no sabía nada de leyes, no podía participar»

¿Qué hará si logra entrar a la Convención? Grandón afirma que parte del sueldo de más de 3000 dólares que recibiría lo va a destinar a “una plataforma a nivel nacional donde la gente pueda poner sus necesidades y qué cosas tenemos que cambiar de la Constitución”. Pero las reglas internas de la Convención también tienen sus laberintos, porque toda propuesta debe ser aprobada con un quórum de 2/3 de los miembros, y en las elecciones de constituyentes el oficialismo va unificado y la izquierda repartida en distintas listas.

Pero Grandón tiene esperanzas: “Si la gente entiende que tenemos que salir constituyentes los que sean realmente independientes, podemos hacer los cambios. Nosotros estamos alineados con las cosas que necesita nuestra gente; en cambio, los partidos políticos siempre van a tratar de resguardar ese privilegio que tienen las grandes empresas y los robos millonarios que hacen. Hay que cambiar a todos y sacar caras nuevas, verdaderos representantes del pueblo”, expresa la Tía Pikachu. Un fenómeno viral que nació casi de casualidad en pleno estallido social, pero que tiene presente las banderas que se levantaron en octubre de 2019: “Esa es la pelea. Que la gente que salió a manifestarte, que ha muerto, que ha perdido los ojos, no quede en vano”.

#5: el aborto

En una semana clave para Argentina, esta Semilla de Mahís se viste de verde porque está a favor de la despenalización del aborto. Pensando el tema desde un perspectiva latinoamericana, invité a Rosario, de Colombia, que nos cuenta su propia historia, e intenté bucear en la realidad de los distintos países para conocer qué pasa en la región.
No alargo más la introducción, porque este envío es un poco extenso. Solo desearles un mejor año que el 2020. Nos encontramos en el 2021.


Un diciembre

La primera Navidad que pasé con Juan, mi pareja de hace nueve años, fue en la casa de mi hermano. Juan le caía bien a todos en mi familia, ya llevábamos dos años de relación. Nos íbamos a quedar tres semanas en casa de mi hermano, que vivía en una ciudad a tres horas de Bogotá. Desde el 23 de diciembre hasta el 8 de enero íbamos a estar. 
Estaban mis papás, mi hermano y su pareja y los sobrinos de ella: dos gemelas de tres años y un nene de 5. Junto con Juan, los cuidábamos: íbamos a la piscina con ellos, jugábamos en la noche. Yo hamacaba a alguno en las tardes hasta quedarnos dormidos. Después de dos días del paseo, me sentía llena. Con la panza llena. Aunque comiera muy poco, no se me pasaba la sensación de llenura. La semana antes de viajar, no tenía ganas de hacer otra cosa que no fuera ver televisión abrazada a Juan.
El 31 de diciembre, tengo el agüero de estrenar ropa, toda la ropa. Es usual estrenar algo en Colombia ese día, para la buena suerte del año nuevo. También tener lentejas y billetes para la prosperidad. Comer las 12 uvas y pedir un deseo por cada una. Dar la vuelta a la manzana con una maleta para viajar durante el año. 
A mí me faltaban los calzones, pero no quería salir a comprarlos. Le pedí a mi mamá que lo hiciera. Tenía apenas 24 años y aún podía hacerles caprichitos a mis papás. Le pedí que algo cómodo, no quería nada que me apretara.
Justo a inicios de ese mes, diciembre, había entregado mi tesis de grado. Entregaba la tesis, pero aún me faltaba un semestre más para recibirme. Tenía que ver unas materias más y hacer la práctica profesional. Había quedado seleccionada en una editorial. El horario era de 7 a 16 de la tarde. Me quedaba perfecto porque así podía ver las materias que me faltaban de 18 a 22. Iba a ser exigente el semestre, pero me iba a recibir con doble énfasis en la carrera. Lo más complicado que era la tesis ya había pasado.
Por el estrés de la entrega no estuve pendiente de mi fecha de menstruación. Recién después de Año Nuevo me di cuenta que no me había llegado. Le comenté a Juan y decidimos comprar una prueba. Esa tarde nos habían pedido quedarnos con los niños.
Juan tenía a una en brazos, yo sostenía a la otra y llevaba al niño de la mano. Bromeábamos con Juan. Ir con tres criaturas a comprar una prueba de embarazo a la farmacia y con la juventud en nuestras caras, él sin la barba que le suma años y yo con mi carita de nena. Éramos un chiste fértil. 
La prueba dio positivo ni bien la saqué de mi entrepierna. Abrí tan solo un poco la puerta del baño para mostrarle a Juan. Sonrió. Abrí muy grande los ojos apenas vi su sonrisa. No podíamos permitirnos ilusiones.
Mis papás se volvieron a Bogotá el segundo día del año nuevo. Juan y yo nos íbamos a quedar unos días más para estar en las fiestas de Reyes del pueblo. Yo el 10 de enero ya entraba a mi nuevo trabajo y tenía que estar de vuelta en Bogotá.
Dormimos esa noche en la cama en la que dormían mis papás. A la mañana le pedimos a mi cuñada que nos llevara al centro del pueblo a hacerme la prueba de sangre. Después de unas horas volvimos por el resultado. Ella y yo nos quedamos en el auto esperando. Juan volvió con risa nerviosa. Positivo también con la de sangre.
Para verificar, con la última esperanza de un negativo, hicimos una ecografía. No me emocionaron los ruiditos que el doctor dijo eran el corazón. 5 mm dijo que medía lo que se estaba formando. Iba a nacer en agosto de ese año.
En la noche, dormimos abrazados con Juan. Yo soñé con un parto. Una sala oscura con una gran luz encima de mí. Mis piernas abiertas, alrededor mis papás, mi hermano, Juan.
Desperté con una decisión. Volvíamos cuanto antes a la ciudad. Recordé lo de mis tres amigas. Las tres fueron al mismo lugar, una clínica privada que tiene programas de adopción y planificación familiar. Se le llama legrado al procedimiento. En los papeles firmé que yo había llegado con pérdida y ahí me habían hecho lo demás. Así quedaba en el marco de la Ley. Para poder acceder al procedimiento tuvimos que cumplir unos pasos.
Otra ecografía. Otra vez el corazón, el tamaño, el tiempo. Otra vez confirmar lo positivo. Luego fue la charla con la psicóloga que preguntaba el porqué. Porque soy joven. Él también. Me recibo este año y no puedo con la carga. Él se va a hacer una maestría a otro país. No estoy preparada. Él tampoco.
Después fue responder por lo económico. Sí. Los dos tenemos trabajos estables. Tenemos ingresos. Él iba a responder por todo. 200 dólares costó. Unas pastillas previas. Luego unas indicaciones para, después de 24 horas, poner bajo mi lengua 4 pastillas más. Esperar a que se disolvieran. Esperar a que todo pasara.
La enfermera me dijo “siente tu cuerpo, concéntrate, así duele menos”.
No dolió menos. Solo fui consciente, o eso es lo que recuerdo, del dolor. Acurrucados con Juan en su cama, una tarde de sábado. Él me agarraba la mano fuerte cada vez que yo se la apretaba. Una presión intensa en el útero. Algo se desprendía.
Cuando sentía que algo estaba por salir, me paraba e iba al baño. Me sentaba. Esperaba. Recordaba lo que me habían dicho mis amigas. Ellas habían mirado el inodoro y habían visto esa cosas grandes y rojas. Yo sabía que lo que se había formado solo medía 5mm, pero igual no quería ver. Bajé la cisterna antes de levantarme para no ver.
A los dos meses Juan viajó a Argentina a hacer una Maestría. Yo, después de terminar mi carrera y recibirme con los dos énfasis, viaje tras él. Ya son ocho años de vivir en Buenos Aires. Yo ya no estoy con Juan. Yo estoy llegando a mis 33 y aún no sé si quiero ser mamá.

Territorio en disputa, de @bel_amat

Una deuda pendiente

La historia de Rosario es la historia de Colombia, donde la interrupción voluntaria del embarazo solo se permite en casos y condiciones específicas. De hecho, rigen penas de 16 a 54 meses para la mujer que causa su aborto o permite que otro se lo cause.
La historia de Rosario también es la historia de Latinoamérica: apenas el 3% de las mujeres en toda la región tienen derecho a decidir qué hacer con su cuerpo. Cuba, Uruguay y Puerto Rico (siendo colonia de Estados Unidos), a los que se suman Guayana y Guyana Francesa, son los únicos países que permiten abortar sin condiciones en las primeras semanas de gestación. A esos Estados se agregan Ciudad de México y Oaxaca. En el otro extremo, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Haití prohíben, sin excepciones, la interrupción voluntaria del embarazo. En el medio, el resto de los países latinoamericanos lo limitan salvo diferentes causales –como puede ser el riesgo para la vida, la salud física o mental de la madre, que el embarazo sea fruto de una violación–.
Las consecuencias de esta deuda pendiente están a la vista. La región posee las tasas más altas del mundo de embarazos no planeados y de abortos: unos 6,5 millones al año. Y entre cinco y diez mil mujeres mueren al año por no tener cobertura médica legal o dinero para hacer un tratamiento privado.
Pero la historia en Latinoamérica podría empezar a cambiar esta semana, si se aprueba la despenalización también en Argentina.

Una mirada histórica 
El aborto es una práctica extendida en todo el mundo que tiene por lo menos un siglo. En Latinoamérica, Cuba fue el primer país en despenalizarlo, siendo una conquista de la Revolución e imitando a la Unión Soviética, que ya lo había establecido en 1920. En la isla rige desde 1965, cuando pasó de manera automática a estar garantizado por el sistema público de salud. Las estadísticas demuestra su efectividad: Cuba tiene una de las tasas más bajas de mortalidad materna de la región y el aborto clandestino es prácticamente inexistente, ya que solo es ilegal si se practica con fines lucrativos.
El avance cubano incluso estaría a la vanguardia de Occidente, donde la lucha también tiene un largo recorrido. En Estados Unidos, por caso, las primeras movilizaciones que reclamaron el aborto legal irrumpieron en 1967 a partir del colectivo New York Radical Women. Y en Francia ocurrió al calor del Mayo del 68, cuando en 1971 la campaña “Yo aborté” se consagraría con la publicación del feminista “Manifiesto de las 343 salopes”, redactado por la pluma de Simone de Beauvoir.
Pero a nivel regional, un hito recién ocurrió entre el 18 y el 24 de noviembre de 1990, en la ciudad argentina de San Bernardo, en el marco del V Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe. Allí, en el “Taller sobre aborto”, organizado por la Comisión por el Derecho al Aborto de Argentina y Católicas por el Derecho a Decidir de Uruguay, se estableció el 28 de septiembre como Día de la Lucha por la Despenalización y Legalización del Aborto. La fecha evoca la ley de “libertad de vientres” sancionada por el Imperio del Brasil en 1871, que otorgaba la libertad a las hijas e hijos nacidos de mujeres esclavas.
Después de San Bernardo, solo Uruguay legalizó el aborto. Y fue en 2012, tras idas y vueltas, vetos y negociaciones. 
Este recorrido es breve y arbitrario, pero intenta demostrar que la lucha en la región tiene sus tiempos; la estrategia, sus laberintos, y los poderes fácticos que enfrenta, muy poderosos. Sin embargo, el colectivo feminista es inagotable, más en Latinoamérica. 
Como leí de la periodista Florencia Alcaráz en su newsletter de LatFem, luego de la media sanción del aborto en la Cámara de Diputados de Argentina: “Sabemos que históricamente la lucha feminista ha sido transnacional. Toda ampliación de derechos se dio a partir de estrategias regionales en espacios de encuentro bien aceitados. Nuestras articulaciones con compañeras de otros países son cotidianas. Peleamos por este derecho con la perspectiva de abrir ventanas de oportunidad en toda América Latina y el Caribe y seguir ampliando transformaciones más allá. (…) Nunca fue fácil para nosotrxs.”

Por qué es tan difícil
Al pensar las dificultades que enfrenta la despenalización del aborto se abre un abanico de factores. Un obstáculo macro es el propio sistema capitalista-patriarcal en el que vivimos. “El aborto es un tema central y se inserta en el corazón del sistema capitalista porque los cuerpos de las mujeres son los que permiten la reproducción de la mano de obra —me dice Barbara Ester, socióloga especializada en género y feminismo—. Entonces, la única forma de garantizar ese excedente es a través de la reproducción. En los orígenes del sistema se pueden ver cómo siempre hubo medidas para regular la fertilidad de las mujeres, como servicio del Estado”.
Y si nos centramos en Latinoamérica, el sistema aún se vuelve más perverso por los históricos índices de pobreza y desigualdad. De hecho, así lo plantea la propia campaña argentina por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: “Trabajar por el derecho al aborto en razón de justicia social es reconocer que en el contexto latinoamericano, sumido en la pobreza y la desigualdad social, son las mujeres pobres quienes sufren o mueren por abortos realizados en clandestinidad, excluidas también de otros bienes culturales y materiales”.
A esa triste realidad política-social se suma el componente religioso, más precisamente “la tradición católica cristiana y el avance de los movimientos pentecostales”, como me apunta Ester. Es que a 500 años de una conquista que unió la espada con la cruz, la penetración de la Iglesia aún se mantiene: el 60% de los latinoamericanos son católicos y casi el 20% se declara evangelista (Latinobarómetro 2017).
Según la socióloga –que el año pasado publicó un informe sobre la situación del aborto en la región—, “la influencia del catolicismo no es tal por la presión real que puede ejercer, sino también porque se hizo parte y carne de las élites locales”. Y ejemplifica:

  • Chile, “donde el catolicismo marca una pertenencia de clase, más que una opción religiosa transversal”.
  • Brasil o El Salvador, “donde hay nuevos liderazgos –Bolsonaro y Bukele, respectivamente— que en vez de ser laicos refuerzan lo ultraconservador”.
  • Perú, “donde no se permite la educación sexual en el colegio, en una nueva forma de cerrarse y ser mucho más estricto en los dogmas, en una supuesta defensa de las costumbres y de la familia”.

El aborto no solo encontró un rechazo en la derecha conservadora. También expuso los límites de los gobiernos progresistas que dominaron en la región en las últimas dos décadas. Si bien se avanzó en derechos individuales –como el matrimonio igualitario, aprobado en Argentina (2010), Brasil (2013), Colombia (2016), Ecuador (2019), y en varios estados de México–, no ocurrió lo mismo a nivel colectivo o de derechos de la mujer. “Creo que durante los gobiernos progresistas fue más fácil incluir la leyes que tenían que ver con la identidad y estaban mejor vistos desde Estados Unidos a partir de la gestión de Obama”, me explica Ester. “Son avances positivos, pero es verdad que la diversidad tuvo derechos antes que las propias mujeres, que quedaron relegadas”, agrega la socióloga, para quien la agenda de las mujeres históricamente “termina entrando tardíamente”.
Esa marginalidad a la que son condenados los derechos de las mujeres también la desenmascaró la antropóloga y activista feminista Rita Segato, cuando el debate por el aborto se postergó en Argentina a principios de año por la pandemia: “La cuestión del aborto permite siempre hacer una lectura de la realidad. El retraso en enviar la ley al Congreso es muy decepcionante porque fue una de las grandes esperanzas que pusimos en el gobierno de Alberto. Es un índice de cómo los temas de las mujeres son equivocadamente leídos como temas particulares, que les interesan solo a ellas, cuando en realidad son centrales en la política”.

Presente y futuro
Pero más allá de los mojones en su camino, la agenda feminista ha avanzado y lo seguirá haciendo. “La brújula de la historia está hoy en la cuestión de la mujer”, dijo también Rita Segato, reflejando así el espíritu de la época.
La campaña por el aborto en Argentina tiene más de treinta años, pero se convirtió en “marea verde” principalmente después de la primera marcha  #NiUnaMenos contra los feminicidios, el 3 de junio de 2015. Esa chispa movilizó a mujeres de todo el continente e incluso logró impulsar el debate en el estado mexicano de Oaxaca, que despenalizó el aborto el año pasado.
Y los cambios llegarán con las nuevas generaciones. “Si uno analiza las encuestas, la mayoría de los argentinos que está a favor del aborto son jóvenes, entre 16 y 34 años —me apunta Ester—. Hay un nuevo imaginario de la juventud que se expresó a favor de la IVE en Argentina, pero que también lo vemos en las calles de Chile, Perú, en distintos países. En este movimiento juvenil latinoamericano las mujeres también son protagonistas. Lo vimos con el Ni Una Menos, que empezó como un movimiento local y hoy es regional. Tiene peso fuerte en Argentina, Chile y México, pero en todos lados hay manifestaciones o adhieren a la huelga de mujeres. Hay un nuevo tipo de movimientos sociales que no son sólo locales, sino que son más regionales y globales. Y eso le va a dar un impulso al aborto, porque en otros países se va a decir ‘si Argentina pudo, ¿por qué nosotros no?’”.
En definitiva, habría motivos para pensar un futuro más esperanzador. Porque, como dije al principio, la historia de Latinoamérica podría empezar a cambiar si Argentina despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo, simplemente porque se convertirá en el país más grande de la región con aborto legal, seguro y gratuito. “Sería un espaldarazo fuerte para la región —entiende Ester—. No porque al año próximo se discuta y apruebe en todos los países, pero sí como para verlo dentro del horizonte de posibilidades.”


Algunos enlaces interesantes…

  • Para conocer en detalle la realidad de cada país, leé La cuestión del aborto en América Latina, el informe que Bárbara Ester publicó en Celag junto a su colega Nery Chaves García en Celag. Es del año pasado pero aún tiene vigencia.
  • Si querés bucear en historias mínimas en la región, seguí esta gran investigación de Chicas Poderosas.
  • Esta entrevista a Lara Klein en Nueva Sociedad es muy interesante para pensar el aborto desde otra mirada. Ella publicó el libro «Fornicar y matar».
  • Sobra la literatura sobre el aborto y el feminismo, pero si querés arrancar por uno Dora Barrancos publicó el libro «Los feminismos en América Latina». Acá habla en una entrevista.

#3: fuegos y sueños

Buen lunes, ahí.
La actualidad es imperante, así que desde hoy pruebo una nueva fórmula para comenzar las Semillas de Mahís: algunas claves sobre lo más importante que pasa en Latinoamérica. Veamos:

  1. Perú: por la presión social y tras la represión que dejó dos muertos y más de 20 desaparecidxs, el sábado renunció Manuel Merino como presidente. Había asumido apenas seis días antes, luego de encabezar la destitución de Martín Vizcarra. El Congreso tiene que elegir un nuevo jefe de Estado, que puede llamar a anticipar las elecciones previstas para el 11 de abril.
  2. Brasil: ayer hubo elecciones municipales y los resultados se nacionalizaron, ya que estaba en juego el rol de Bolsonaro. Festejó en Río de Janeiro, donde el actual alcalde y obispo evangélico pasó a segunda vuelta, pero fracasó en San Pablo (el centro económico del país). El PT de Lula quedó muy lejos en los principales distritos. Un dato: la abstención fue del 23%, el mayor índice en 20 años. ¿Culpa de la pandemia o de Bolsonaro?
  3. Argentina: llega al Congreso nuevamente el proyecto por el Aborto, que se votaría en sesiones extraordinarias durante el verano. El poroteo muestra una tendencia más favorable en Diputados que en el Senado. Un dato: desde 1983, más de 3000 mujeres murieron como consecuencias de complicaciones por prácticas de interrupción de embarazo clandestinas.

Ahora sí, las historias en profundidad que trae esta #3 Semilla de Mahís:

  • Fuegos: trato de recoger las cenizas que dejaron los graves incendios que arrasaron el continente este 2020 y te invito a entender qué pasa a nivel regional con el ambiente.
  • Sueños: publico una entrevista completa a Martín Weber, artista multimedia que recorrió durante 20 años ocho países latinoamericanos buscando en lo más íntimo de sus habitantes: sus sueños.

Quizás sea la Semilla más larga hasta ahora, pero dale una oportunidad. El que avisa no traiciona.
Que la disfrutes.

Todo fuego es político

«Latinoamérica en llamas» fue la campaña que Jóvenes por el Clima lanzó en Argentina y otros países en septiembre pasado, cuando en varios puntos de la región el fuego arrasaba con todo. Ya en noviembre la «temporada de incendios» parece haber menguado, pero los daños quedaron e impactarán en el futuro.
Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las alertas de incendios en todo el mundo hacia abril de este año pandémico habían subido en un 13% interanual, pero el foco más preocupante fue nuestra región:

  • En la Amazonia brasileña los incendios superaron en un 45% al promedio de los últimos diez años. En el Pantanal, el humedal más grande del mundo, 2,3 millones de hectáreas ya se habían quemado para septiembre, una superficie equivalente a la mitad de Suiza.
  • En Colombia, los puntos de calor (como se llama a una aproximación a incendios o puntos potenciales de fuego) aumentaron 157% en la Amazonia entre enero y abril con respecto al mismo periodo de 2019.
  • En Bolivia, en el primer cuatrimestre hubo 35% más de focos de incendios en comparación a 2019. Se estima que más de 6,4 millones de hectáreas fueron afectadas. 
  • En Argentina, en agosto ya se contabilizaban 11 provincias afectadas y se estima que en todo el año habrá 1 millón de hectáreas arrasadas por las llamas.

Para entender por qué ocurre esta catástrofe, llamé a Eyal Weintraub, justamente uno de los fundadores de Jóvenes por el Clima Argentina, organización parte de Fridays For Future, que mundialmente lidera Greta Thunberg.
«Los incendios de este año fueron los peores de la historia y, sin embargo, van a seguir empeorando», me preocupó Eyal. 
Lo más grave es que el 75% de los incendios son ocasionados por el ser humano. Entre las causas están la deforestación y el desmonte ilegal, la especulación inmobiliaria y el avance de la frontera agrícola, principalmente el cultivo de soja y la ganadería, actividades primarias esenciales para el continente.
Pero el costo parece ser más alto que el beneficio: «La destrucción ambiental como los incendios benefician a un porcentaje muy chico de la población», me apuntó Eyal, quien ve con claridad que el histórico modelo agroexportador en la región no genera necesariamente una salida de la pobreza, sino todo lo contrario:

  • «No puede ser la pobreza una justificación para no actuar y legislar en materia ambiental, porque los conflictos ambientales son parte de la razón de la pobreza. Hay que romper la dicotomía de que la producción y la economía se contradicen con medidas ambientales. Tenemos que tomar la crisis ecológica como una oportunidad para cambiar un sistema que es pésimo desde la materia social».

Como ese modelo de producción primaria se inserta en el tablero de la economía global, Jóvenes por el Clima tiene un reclamo permanente: el reconocimiento legítimo de la deuda ecológica de América Latina. ¿Y qué significa eso? Que Estados Unidos, Europa, el FMI y demás organismos multilaterales de crédito condonen las deudas de los países por el abuso que históricamente se le hizo a la región, que brindó mano de obra barata y recursos naturales para el desarrollo del Primer Mundo. Esto, además, se enmarca en el rol de cuidar los bienes comunes naturales que tendría Latinoamérica en una transición global hacia un modulo económico mundial no contaminante.
Eyal lo explica así:

  • «El contrapunto de la deuda financiera del Sur hacia el Norte es la deuda ecológica del Norte hacia el Sur. Nadie habla de los miles de millones de dólares que nos deben a nosotros por cuestiones histórica y también actuales. Nunca al momento de definir quién le debe a quién se incorpora la perspectiva de que nuestra región ha sufrido cinco siglos de saqueos, colonización y extractivismo. Y si quieren que nosotres cuidemos la naturaleza, porque no podemos industrializarnos ya que el planeta no lo aguanta, que se condone la deuda externa latinoamericana y del Sur global mediante una inyección de dinero».

A esta problemática se suma el intenso asesinato de activistas en la región. Según la organización internacional Global Witness —que registra los asesinatos y desapariciones forzadas de personas defensoras de la tierra y el ambiente alrededor del mundo— dos tercios de los asesinatos de 2019 ocurrieron en América Latina.
El ranking lo lidera Colombia (64 casos), y entre los restantes 10 países, la mitad son latinoamericanos: Brasil, México, Honduras, Guatemala y Venezuela.

Escazú y el futuro
Pero entre tantas pálidas, una buena noticia es el Acuerdo de Escazú, el primer tratado regional que promueve la obligatoriedad de incluir la perspectiva de la ciudadanía cada vez que se tome una medida que dañe al ambiente.
«Escazú tiene que ser el puntapié para lograr una democracia más verde, participativa y abierta, principalmente en cuestiones ambientales, pero que no se quede ahí», analizó Eyal cuando le pregunté sobre el tratado.
La semana pasada México ratificó el acuerdo, completando así los 11 países que se necesitaban para que entrase en vigor. Se sumó al lote de países que completan Argentina, Antigua y Barbuda, Bolivia, Ecuador, Guyana, Nicaragua, Panamá, San Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas, y Uruguay, que ahora deben motorizar legislaciones internas en ese sentido.
Eyal espera que la jugada impacte a nivel geopolítico e influya a los demás Estados que no lo ratificaron. La figurita más difícil es la de Brasil, obviamente por la presencia de Jair Bolsonaro en el poder, aunque —y esto ya es lectura mía— sin Donald Trump en la Casa Blanca como su más estrecho aliado quedaría solo en su postura negacionista sobre el cambio climático.
Escazú demuestra que hay oportunidades en la compleja realidad ambiental en el continente. Pero eso, cierro con el análisis general de Eyal, que espero nos sirva para mirar un poco más allá de nuestro metro cuadrado propio:

  • «Estamos con un nivel de concientización ambiental nunca antes visto, pero a la vez nunca estuvimos tan en la B. Vivimos inmersos en una pandemia culpa de un virus zoonótico directamente relacionado a la degradación ambiental. Hay mayor protagonismo de la agenda ambiental y los políticos también incrementan su apuesta, pero todavía es muy poco y muy lento. Necesitamos cambios drásticos, no para los próximos 10 años, sino hoy, para que dentro de 10 años no estemos inmersos en la peor crisis que hayamos visto en la historia de la humanidad».

Si te interesó el tema…

  • Mirá este especial del New York Times sobre el efecto del fuego en el humedal brasileño Pantanal.
  • Seguí a Tais Gadea Lara, una colega especialista en la materia que me ayudó un poco para este boletín y que publica una newsletter semanal muy buena en RedAcción.
  • En esta web podés seguir en tiempo real los focos activos de incendio en áreas protegidas y territorios indígenas en la región.
  • Acá podés leer completo el Acuerdo de Escazú.
  • Leé este poema-manifesto de Gabriela Cabezón Cámara inspirado en el libro «El colapso ecológico ya llegó» de Maristella Svampa y Enrique Viale.

«Quería hacer visible lo invisible» 

Martín Weber es fotógrafo y artista multimedia. Cámara de placa al hombro y con una pequeña pizarra negra bajo el brazo, salió en los ’90 a recorrer Latinoamérica buscando lo más profundo en la historia de sus habitantes. Entre 1992 y 2013, conectó en una misma trayectoria a Argentina, Cuba, México, Nicaragua, Guatemala, Perú, Brasil y Colombia para construir una cartografía íntima del continente. Así nació «Mapa de Sueños Latinoamericanos» (Ediciones Lariviére y RM, 2018), que no solo permite conocer los anhelos más profundos de las personas, sino también dialoga con la realidad de sus países.
Weber encontró historias que no lo soltaron, y por eso años después regresó a esos mismos territorios para conocer qué había pasado con los sueños y sus protagonistas. El resultado fue una película homónima, que ya ganó en el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse como mejor documental (2020) y obtuvo una mención del jurado en el Festival Internacional de Cine de Brasilia (2020), y se estrenaría en Argentina en 2021.
Un viaje íntimo por el continente, , el mapa que trazó de Martín Weber permite otra mirada sobre qué es Latinoamérica. Construir el mapa le tomó más de 20 años a Martín Weber, pero valió la pena. Porque, como él mismo escribió en una posdata en el monumental libro con más de 110 retratos de personas, familias, hermanos, amigos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, le permitió entender quién era:

  • «Quizás porque mis padres no formaron parte de ninguna resistencia armada contra las dictaduras que sufrieron, sino que fueron opositores de conciencia, me llevó cuatro décadas entender por qué razón nací en Chile, y cuarenta años asumir que había nacido en el exilio. Nuestro destino solo se puede cambiar si nos permitimos imaginar uno diferente del que nos ha sido dado.»

—Esa posdata del Mapa… revela que el recorrido por el continente no solo fue un viaje documental fotográfico, sino que también conectó con sentimientos muy profundos. ¿Cómo definirías tu proyecto?
—Fue un proceso largo, lento y de mucha investigación y de aprendizaje. La idea era cuestionar la manera de trabajar con la fotografía y el hecho de tomar una foto, eso de sacar algo que es intangible. Pero en ese proceso se empezaron a jugar un montón de cosas, tanto la idea de empoderar al otro como también darle un espacio. Y yo empiezo a hacerme preguntas: quién soy y desde dónde llegué a ese lugar, y por qué había nacido en Chile, que con este proyecto termino de hilar. 
—¿Por qué América Latina?
—En la del secundario en el (Nacional) Buenos Aires tenía discusiones políticas en los recreos y estaba muy a flor de piel y vigente lo que sucedía con la revolución nicaragüense. Tenía ese flashazo de pensar de que estaba repitiendo información, que nunca había estado ahí, y que las imágenes que me llegaban eran producidas por europeos o norteamericanos. En ese momento se sembró la semilla de querer ir a buscar testimonios directos y no que me la cuenten. Que sean los que la vivieron los que la compartan. Y no solo no volver a contarlas por otros, sino generar un espacio y una dinámica de trabajo en la cual yo tenía un oficio que ponía a disposición para dar lugar a esas voces, que en ese momento no tenían espacio. Lo que tiene el proyecto es que cada historia, cada persona que participa, cada sueño que se comparte se van tomando la mano y van generando contexto uno al otro y entre sí.
—¿Qué te llevó a buscar en los sueños, que es un poco buscar en lo que no se tiene, en lo que se anhela, en la utopía?
—Un sueño me dio una manera de implicar a la persona que aparecía en la foto a compartir algo que es íntimo. De alguna manera trabajar más allá de la superficie, que es con lo que trabaja la fotografía o el cine. Quería hacer visible lo invisible. Por otro lado está la idea del sueño como una invitación a evocar tres momentos: pasado, presente y futuro. La pregunta del sueño te lleva un poco a eso: a que la persona piense un recorrido hasta ese momento, lo comparta en ese momento, pero que nos proyecte a un posible futuro.

—Esos sueños muestran realidades personales, pero a su vez también hablan de los países de los soñadores. ¿Cómo elegiste el recorrido?
—En los principios de los ’90 estaba muy vigente el movimiento latinoamericanista que se preguntaba qué compartimos y qué nos diferencia en nuestras historias, culturas y lenguajes. Y esos detalles son parte de nuestra identidad. Elegir los países tuvo que ver con la conciencia de que no iba a poder abarcar toda Latinoamérica, pero que de alguna manera sean distintivos y con alguna historia particular que contaran algo de lo que había pasado en el continente. Por ejemplo, trabajé dos revoluciones con finales distintos como las de Nicaragua y Cuba, e hice Argentina, que era el país donde estaba y que me permitía también contar algo de Uruguay o Chile. Creo que esos ocho componen un mapa lo suficientemente complejo como para que lo que no esté explícito, esté sugerido.
—Después de tu recorrido, ¿creés que existe un sueño latinoamericano?
—El reduccionismo en general termina en un entendimiento fallido porque el ser humano es complejo. Y justamente yo trato de correrme de ese lugar: vengo a presentarte la historia de varios y que eso te motive a vos a querer saber más y que vos construyas tu propio camino en ese tratar de entender, en el cual siempre vamos a caer en errores y prejuicios. Pero creo que está bueno que uno mismo se dé cuenta de esas cosas. Lo más rico de todo eso fue, en mi caso, testear mis propios prejuicios. Uno asume la idea de que muchas veces juzgamos o asumimos lo que el otro necesita, y nos colocamos en ese lugar que muchas veces no nos corresponde. El proyecto, creo, llama a eso: a ponerse en el lugar de otro. Es una frase muy usada pero muy poco aprovechada. Y hay una de las fotos que sirve de ejemplo, como es la historia del guacho argentino que tiene una pinta de recio total en Areco, pero que sueña que su madre viva 50 años más de los que tiene. Su apariencia jamás te hubiera dado a pensar ese pensamiento tan tierno.

—En otra entrevista contaste que el 99% personas aceptó participar de las fotosy que llegaste a pasar horas horas con ellos. ¿Qué vínculo humano logró crear el Mapa…?
—Ahí es donde forma y contenido se cuestionan todo el tiempo. Como quería compartir un momento, para hacer este proyecto cambié de trabajar en 35 mm, donde te escondés detrás de la cámara, y elegí una cámara de placa que va sobre un trípode, donde se hace toda la actividad de frente de la persona fotografiada. Cuando colocás la película ya dejás de ver en la cámara y ves a los ojos a la persona. Eso nos daba un tiempo de charla, de observación mutua, una sensación de cómo los cuerpos se comunican, las dinámicas que había entre las personas.
—Y también juega el contexto o los roles que otros fotografiados asumen en la imagen, porque a veces los que tienen la pizarra son justamente los menos escuchados, como esa empleada doméstica fotografiada con las hijas de su empleador.
—De a poco fui incorporando el contexto de la persona, su espacio, los elementos y también los elementos que eran parte de sus vínculos cercanos porque en su contexto podías entender esa distancia entre el sueño que podía enunciar y el poder realizarlo. El proyecto también trabaja sobre esa tensión, y la pregunta es por qué algunos sueños parecen tan imposibles, cuando en realidad son tan pequeños y deberían ser muy simples de conseguir.

—¿Por qué “Mi sueño es morirme” es la tapa del Mapa…? ¿Sintetiza de alguna manera los sueños latinoamericanos?
—Me pasó algo muy fuerte con eso. Yo había ganado un premio para publicar el libro y los editores eligieron esa foto de tapa y mi primera reacción fue que no. Mi sensación era que era tan fuerte que de alguna manera direccionaba la lectura del resto del trabajo. Después entendí que el equivocado era yo. Porque justamente fue el sueño que yo nunca hubiera querido encontrar. Entonces terminé eligiendo por oposición. Y cuando termino el libro, empiezo con la película y llego a Colombia, me entero de que a Cristian le habían concedido el sueño porque justamente seis meses después lo habían matado. En la película se desarrolla una búsqueda y esa historia se abre de una manera increíble. Que la familia de Cristian pudiera ver en el festival de Colombia la película fue una de las cosas más emotivas que tuve. Seguimos en contacto y es una historia que sigue vive y da para la reflexión en cuanto a los vínculos y porqué se sigue en contacto. 

—Mapa… empieza con un viaje que termina en un libro de fotos y luego es un retorno a esos países que deriva en una película. ¿Cómo fue el proceso de cambio de formato y por qué lo hiciste?
—Yo me declaro un artista multimedia y a cada contenido le busco la forma apropiada. Se empieza a generar una dialéctica de que el contenido afecta a la forma y la forma al contenido. Con las fotos yo me cuestiono la fotografía misma como práctica, por ejemplo eligiendo el blanco y negro, que se relaciona con una fotografía “humanitaria” o “documental”, o mostrando una persona que escribió algo en una pizarra, que de alguna manera da a entender que esa imagen fue una construcción. Y cuando termino el proyecto que me llevó 20 años recorrer estos 8 países, el pensamiento fue: «Bueno, yo cambié, la gente cambió, esos países deben haber cambiado también. ¿Qué pasó?» Y para contestar esa pregunta me surge esta idea de la fotografía que congela la imagen. ¿Por qué no trabajar con la idea de derretirla? Y la imagen en movimiento, el cine y el video, tienen eso. Los testimonios terminan tejiéndose en ese recorrido, que es muy distinto a haber vuelto y hecho otras fotos. Yo necesitaba hacer otra cosa, pero porque trabajo de canalizar una serie de situaciones que me rodean, de impulsos que me surgen una necesidad imperiosa de hacerlo. Los hago porque los necesito hacer. Y si elegí hacer una película es porque el contenido con el que trabajaba pedía eso.

—Salir a buscar sueños también tiene que ver con una búsqueda de juventud. Hoy, 20 años después, y con un proyecto que primero fue fotográfico y después audiovisual, ¿cambió tu mirada sobre el continente?
—Hay un gesto melancólico en preguntarle a alguien sobre su sueño porque es algo que no se tiene. Obviamente yo a los 20 años quizás era más ingenuo o con menos experiencia. Si algo te da la edad, si estás dispuesto a escuchar o no vivís en un cubículo, es la experiencia. Al haber hecho el camino y la experiencia no soy el mismo. No soy el mismo con el libro, que por eso finalmente elegí otra fotografía para la tapa. Y después, cuando hago el proceso de la película, fue muy fuerte emocionalmente el reencuentro. Pasé mucho más tiempo con cada una de esas historias. Involucrarse y acompañar las alegrías y sufrimientos fue mucho más fuerte. Y también me impactaron reflexiones de testimonios, como aquel que dijo que había tirado bombas y matado, y que finalmente no cambió nada.
—¿Por eso incluís en la película parte del discurso del subcomandante Marcos cuando «deja de existir», que dice «Nuestro dilema no estaba entre negociar o combatir, sino entre morir o vivir»? Las decisiones también definen a las personas.
—Fue lo más inspirador. Si hay algo de todo el proceso que me dio una línea muy interesante es ese discurso. Es esto de elegir el propio camino. No hacer el camino que otros esperan que uno haga por defender X o Y valores de otros. Tengo que elegir mi propio camino entre morir y vivir. No romantizar la idea de la muerte por un ideal. Y es interesantísimo que lo hagan ellos. Es muy fuerte elegir la vida, es una responsabilidad enorme.

Más sobre fotografía documental en Latinoamérica…

  • Encontré múltiples conexiones entre Mapa… y la obra del legendario fotógrafo Martín Chambi, que retrató Perú. En su web podés conocer su archivo.
  • Seguí al reconocido fotógrafo Rodrigo Abd (premio Pulitzer 2013), que comparte siempre parte de su archivo fotográfico en varios países de la región —y del mundo— y por estos días está cubriendo lo que pasa en Perú.
  • La fotógrafa norteamericana Susan Meiselas fue testigo de la revolución nicaragüense y podes ver su trabajo en dos momentos (en los 70 y en los 90) acá. En este perfil, cuenta su historia. 
  • Y dos experiencias pandémicas: una, sobre las dificultades y alegrías de la vida venezolana en cuarentena; otra, sobre el impacto del aislamiento en niñxs de México.

Si llegaste hasta acá, fue porque me querés mucho o porque realmente te gustó esta edición. 
No te olvidés que podés escribirme a proyectomahis@gmail.com o encontrarme en las redes en los botones de acá abajo.
¡Hasta el próximo envío!

Mauricio

#2: el voto y la conquista

¡Hola!
Acá Mauricio, con la #2 Semilla de Mahís en un día luminoso para la región con la vuelta a la democracia -¡y de qué manera!- en Bolivia. Pero de eso voy a hablar al final. 
Antes de arrancar, muchas gracias a todxs los que están de ese lado de la pantalla y que luego de la #1 Semilla me transmitieron su buena onda, sugerencias y críticas constructivas. Y a quienes se sumen ahora, espero que les interese este viaje por el continente donde propongo, a través de historias y conversaciones, intentar resolver una pregunta muy básica y profunda a la vez: ¿Qué es Latinoamérica? 
Si te perdiste la primera Semilla o querés volver a leerla, podés encontrarla acá.  Y ahora, en esta edición, te propongo hacer un viaje histórico-político en el tiempo, hacia el futuro y al pasado. ¿Te interesa?


«El gigante dormido», de @bel_amat

A las urnas

Hay clima electoral en el continente.
Ayer Bolivia volvió a elegir al MAS de Evo Morales (te voy a dejar unos links interesantes al final), Chile tiene un plebiscito para reformar la Constitución el domingo próximo, en dos semanas Estados Unidos vota en las presidenciales y en noviembre Brasil tiene comicios municipales.
Espero pronto escribir una Semilla analizando todo lo que dejaron las elecciones en la región, pero ahora quiero pensar un poco la carrera a la Casa Blanca, porque creo que nunca el mundo estuvo tan en vilo, principalmente por todo lo que significó Trump como mandatario, y por el daño que puede seguir haciendo si es reelecto.
Para América Latina tampoco es una elección que pase desapercibida, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los países tienen una dependencia con Washington “media” o “alta” y que “la Administración Trump le ha dado un nuevo impulso al histórico expansionismo estadounidense en la región”, como señala este informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
Y, justamente, para hablar del impacto de las elecciones estadounidenses en la región, me contacte por mail con Aníbal García Fernández, miembro de la CELAG y magíster y licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Existe un voto latino?
Unos 32 millones de latinos tienen derecho a votar en EE.UU. y pueden ser decisivos, ya que conforman la primera minoría. Sin embargo, hay que entender que no es un grupo homogéneo que vota en bloque, sino que la percepción de la política cambia si hablamos de, por ejemplo, los puertorriqueños que viven en Nueva York, los mexicanos en la frontera o los cubanos en Miami.
“Tanto Trump como Biden pretenden capitalizar el voto latino”, me escribió Anibal, y aseguró que uno de los problemas de la minoría “es su heterogeneidad”. 
De hecho, la estrategia electoral de ambos candidatos hacia los latinos fue distinta. Aníbal me contó que mientras el demócrata Biden prometió derogar todos los decretos referentes a migración firmados por Trump, el actual presidente aseguró que continuará extendiendo el muro fronterizo. Habrá que ver si esas posturas hacen mella en la elección, porque la migración ilegal es un tema de debate, aunque está solapado. “Es tema a debate pero matizado para no afectar la decisión de los que sí pueden votar.
A pesar de ello, Trump sí ha hecho referencia a la migración ilegal y no deja de mencionar la construcción del muro, pero también lo hace porque le habla al electorado blanco, que es su electorado fuerte”, me explicó Anibal, para quien la clave está en cómo vota el estado de California. Allí vive la mayor cantidad de inmigrantes, tanto que el 45,2% de la población de Los Ángeles es latina, poco más de seis millones de personas.

La mirada desde afuera
Ahora bien, ¿qué pasa puertas afuera de EE.UU.? Ya mencioné más arriba el nivel de dependencia histórica que existe en la región, a lo que se suman algunos movimientos de la Casa Blanca para seguir controlándonos, sobre todo porque “la presencia china les preocupa mucho”, como me dijo Anibal. Últimamente hubo una cadena de recientes acciones norteamericanas en esa línea: 

  1. La Iniciativa América Crece, que para Aníbal “pretende establecer la contraparte de la nueva ruta de la seda”.
  2. La designación de Mauricio Claver-Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (primer norteamericano en ser elegido al frente de la entidad), que “va en el sentido de quitarle espacio de inversión a China (…) y con ello lograrán amarrar una enorme cantidad de proyectos en infraestructura, que es donde China tiene más presencia en la región”.
  3. Y el apoyo a golpes de Estado como una vieja forma para controlar gobiernos opositores: “Ahí está el caso de Bolivia, pero también los intentos de desestabilización en Venezuela”, cerró Anibal.

Para terminar, le pregunté a Anibal qué se puede esperar para Latinoamérica del próximo gobierno de EE.UU., y esto respondió: 

  • Si gana Trump, la política que hemos visto en los últimos años continuará, o sea, una forma peculiar de gobernar en la que hay mucho en redes sociales de Trump, pero no todo se materializa. Una suerte de agresividad discursiva, pero con algunos contrapesos en el congreso y la justicia. Pero América Latina tiene también su propia lógica, el eje México-Argentina ha intentado salvar la integración latinoamericana, la presidencia de México en la CELAC también pretende fomentar la unidad. Está en puerta las elecciones en Bolivia (que fue ayer), Ecuador y Venezuela y esos casos son cruciales para EEUU. Desestabilización en Venezuela, y apoyos a candidatos de la derecha en Bolivia y Ecuador”.
  • De ganar Biden, podríamos esperar que las cosas cambien en forma pero no necesariamente en contenido. Tomando el caso migratorio, no hay que olvidar que fue Obama el que tuvo los registros de deportados más elevados, incluso más que Bush y que Trump. Obama comenzó con los intentos de desestabilización en Venezuela, así que tampoco es que haya muchos cambios. En este tipo de aspectos es importante mirar siempre las particularidades de los países latinoamericanos”.

Si estás manija con las elecciones yanquis…

  • …pero no sabías que el voto es indirecto, este video cortito te explica cómo funcionan las elecciones yanquis.
  • Este podcast español relata cómo fueron las campanas norteamericanas en los últimos 70 años.
  • Una y dos entrevistas del gran Hugo Alconada Mon en La Nación que intentan analizar qué impacto tuvo, tiene y tendrá el gobierno de Trump en política (y la sociedad).
  • La serie de Martín Schapiro en Cenital sobre estas eleciones.

Y si queres saber sobre la influencia norteamericana en la región…

  • Acá podes leer completo el informe de la CELAG con excelentes mapas e infografías sobre la dependencia latinoamericana con Trump. 
  • acá hay una recorrida histórica del intervencionismo de EE.UU. en América Latina. Es viejito, pero el mapa grafica increíblemente la obsesión yanqui por nuestro territorio.

«No se puede amar lo que no se conoce», de @diego_suarez_mendoza_

No fue un descubrimiento

Hace poco fue 12 de octubre, y el feriado fue la excusa que me llevó a preguntarme qué significó históricamente para Latinoamérica aquel día de hace 528 años. 
Mientras acá en Argentina pasó de ser el “Día de la Raza” (que aún se mantiene en varios países) al “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”; en Venezuela, por ejemplo, se recuerda como el “Día de la Resistencia Indígena”, y en España –nuestra tristemente célebre “Madre Patria”– se celebra el “Día de la Hispanidad”. 
Esta diferencia de nomenclatura refleja distintas miradas sobre lo que pasó cuando Cristóbal Colón desembarcó en lo que hoy se conoce como las islas Bahamas, y que en su llegada bautizó San Salvador, como si tuviera derecho de apropiarse de ellas.
Para intentar pensar mejor la fecha hablé con Juan Francisco Martínez Peria, Doctor en Historia (Universidad Pompeu Fabra), especialista en la historia del Caribe (principalmente de Haití) y docente en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), entre otros cargos y títulos.
Lo primero que hizo Juan Francisco fue recordarme el diario de viaje de Colón, donde el almirante genovés anotó algunas impresiones iniciales sobre los “indios descubiertos”, como las siguientes:

  • «Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan».
  • «Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy pronto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos: que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré seis a V.A. [Vuestra Alteza] para que aprendan a hablar».

En un primer momento el encuentro “fue cordial y de sorpresa”, me señaló Juan Francisco, aunque Colón ya en sus escritos adelantaba cómo iba a ser el proceso que desatara su llegada. De hecho, Juan Francisco fue concluyente: “Acá no se descubrió nada. No fue un encuentro de culturas, fue una conquista y genocidio”. Y me apuntó que “la conquista tuvo de vocación la expropiación violenta de recursos y la imposición cultural”.
Apenas dos datos duros para dimensionar la gravedad de la conquista:

  1. Hacia el siglo XVI, la población originaria pasó de 90 a 11 millones de personas, según recoge el Atlas Histórico de América Latina publicado por la Universidad Nacional de Lanús.
  2. Y el 90% de la plata extraída en Perú fue apropiada por España, dice Inés Nercesian y Julieta Rostica en Todo lo que necesitás saber sobre América Latina.

Pero más allá de la efeméride, ¿qué significó la conquista para América Latina? Para nuestro historiador, 1492 desató un proceso de trascendencia mundial:

  • “Fue un acontecimiento global de enorme relevancia, con genocidio, epistemicidio y negación cultural, que implica un proceso de construcción de un sistema-mundo nuevo, un mundo moderno en el cual Europa se va a convertir en el centro».

Según su análisis –que yo comparto–, ese colonialismo fundado hace 500 años instauró en todo el mundo una lógica de centro-periferia que aún se reproduce, aunque ya el centro no esté en Europa sino en Estados Unidos. 
Además, el colonialismo penetró tanto en la región que hasta le generó un problema de identidad, ya que hay diferentes “capas geológicas de la experiencia colonial latinoamericana” de la cual es muy difícil librarse, como él me explicó: “Primero fue la conquista española, luego la  imposición económica británica, después el colonialismo cultural francés y, finalmente, el imperialismo político, económico y cultural norteamericano”.

¿Quiénes somos?
Entonces, es inevitable pensar América Latina sin el peso de la conquista y el colonialismo.
“Históricamente ha habido una crisis identitaria muy fuerte, porque la conquista nos generó una identidad partida, y sobre eso tenemos una gran diversidad”, dice Juan Francisco, lo que explica la diversidad de nombres que la región tuvo y tiene, tantos como las distintas maneras de llamar al 12 de octubre que hay: desde las “Indias Occidentales” y “América” –ambos coloniales–, pasando por “Nuestra América” de José Martí e “Indoamérica” de Víctor Raúl Haya de la Torre, a la actual propuesta del nombre originario de “Abya Ayala”.
“Estos nombres ponen en discusión quiénes somos, y el problema es que es muy difícil definir quiénes somos: somos una identidad en disputa, marcada por la violencia originaria y sistemática. Ese es el problema de fondo”, analiza Juan Francisco. 

  • ¿Qué es Latinoamérica, entonces, Juan Francisco? “América Latina es una realidad compleja. Así como es la región más desigual del mundo, marcada por la historia trágica, a la vez es una región donde hubo y hay una enorme creatividad cultural y fuertes movimientos sociales y políticos. No es una región solamente trazada por la dominación y el genocidio, sino también de luchas y resistencias. Es una región de utopías constantes, y por eso es tan conflictiva”.

Para cerrar, le pregunté a Juan Francisco cómo puede América Latina superar esa condición de dominación histórica, y esto me respondió:

  • “El camino pasa por la integración regional, que tiene que ser a todo nivel: política, económica, cultural y social. Una necesidad de autoconocimiento permanente. No se puede amar lo que no se conoce. Nuestros países se han construido unos a espaldas de otros, cuando en realidad tienen todo para considerarse hermanos. Es necesario un proceso profundo de descolonización, que contemple todas las dimensiones, y también un proceso de interculturalidad donde se pueda poner en un diálogo superador y creativo la diversidad cultural latinoamericana, sin negar a las culturas de los pueblos originarios y de los pueblos afro. Es posible a través del proceso de integración y de interculturalidad avanzar hacia lógicas emancipatorias”. 

Si querés investigar más sobre la conquista…

  • Durante nuestra charla, Juan Francisco me recomendó la película “También la lluvia”, cuya trama mezcla en Bolivia la recreación de la conquista americana para una producción de Hollywood con la protesta social que desató la Guerra del Agua en el 2000. La pude ver en esta página de Facebook sobre cine y música boliviana.
  • “Los cien nombres de América Latina”, de Miguel Rojas-Mix, y “Conflicto de representaciones: América Latina como lugar para la filosofía”, de José Santos Herceg (que se puede leer en su perfil de Academia.edu), son dos libros que me mencionó Juan Francisco para entender un poco más sobre la problemática de la identidad latinoamericana.
  • Y si querés una mirada española sobre el tema, esta cuenta de Twitter publica el diario de Colón y expone su visión sobre el “Nuevo Mundo”.

Para terminar esta #2 Semilla de Mahís, y a tono con los temas de los que hable, voy con recomendaciones bien históricas y políticas:

  • Seguí a Pablo Stefanoni en Twitter para entender mejor que nadie las elecciones de ayer en Bolivia y la vuelta del MAS al poder. 
  • “Chile en las barricadas” es una crónica de Daniel Alarcón para The New Yorker sobre el pulso social de las protestas del año pasado y cómo se vive la previa al plebiscito constitucional del domingo próximo.
  • Y este un clásico, pero ya que estamos… si todavía no lo hiciste, leé «Las venas abiertas de América Latina», de Eduardo Galeano. Si te parece muy tedioso, probá con los tres tomos de «Memoria del fuego», con relatos cortos. 

¡Gracias por leer!
Si te gusto este newsletter, hacelo circular. 
En la #3 Semilla vas a conocer la increíble historia de un buscador de sueños latinoamericanos.
¡Hasta el próximo envío!

Mauricio

#1: el maíz y el virus

¡Hola!
Acá Mauricio Caminos. Te doy la bienvenida a la primera Semilla de Mahís, una serie de newsletters sobre Latinoamérica. Es un proyecto que nace por una curiosidad personal casi obsesiva que tengo con el continente y busca responder una pregunta tan básica y profunda como ¿Qué es Latinoamérica?
Estos envíos que denomino Semillas serán un viaje periodístico, político, cultural, intelectual, espiritual por nuestro territorio. Será como plantar una verdadera semilla para que al florecer nos permita conocer un poco más –o al menos hacernos nuevas preguntas– sobre esta tierra que se extiende desde Tijuana hasta Ushuaia.
En cada Semilla trataré principalmente de abordar dos temas, uno actual y otro no tanto, con entrevistas a referentes e historias originales. Estarán acompañadas de ilustraciones originales de Belén Amat y Diego Suárez Mendoza. También habrá recomendaciones sobre Latinoamérica que haya visto, leído, escuchado y demás maneras de aprehender.
Semillas de Mahís será un envío periódico, cada una aparecerá cuando salga. Y acá planto la primera.


@bel_amat

Ma-hís, maíz

Los taínos de las Antillas llamaban “ma-hís” al maíz, según los relatos de los españoles conquistadores. Para aquellos, “ma-hís” significaba “lo que sustenta la vida”. 
Ese valor que tiene el maíz aún continúa intacto en nuestro continente. “¿Hay algo más latinoamericano que el maíz?”, se preguntó alguna vez el intelectual y político venezolano Arturo Uslar Pietri. Y, bueno, parece que no.
Los restos arqueológicos de plantas de maíz más antiguos datan de por lo menos 8700 años y se encontraron en el Valle de Tehuacán, en el centro de México, donde el clima tan seco de la zona permitió que no se descompusieran los xilotes (el maíz tierno).
Desde entonces, su domesticación permitió que se cultive en todo el continente. De ahí que el maíz se conozca de tantas maneras dependiendo el lugar: choclo, tsiri, elote, tlayoli, jojoto, abatí, ñara, altoverde, capia, caucha, cuatequil, malajo, borona, millo, canguil, guate, malajo, sara…
Y eso solo en esta parte del mundo. Pensemos que a partir de la conquista, el maíz llegó a todo el mundo y hoy es el grano que más se cultiva, por encima del trigo y del arroz. 
Pero acá no me interesa mucho hablar de exportaciones –que de hecho las lideran países no-latinoamericanos como China o Estados Unidos, que incluso le vende a México desde que firmaron un tratado de libre comercio– , sino de la importancia que tiene el maíz, y otros cultivos autóctonos como la papa o la quínoa, para la cultura latinoamericana. 
Por eso contacté a Magda Choque Vilca, ingeniera agrónoma y coordinadora en Tumbaya, Jujuy, de la  Tecnicatura Superior en Cocinas Regionales y Cultura Alimentaria, la primera formación profesional de gastronomía andina del país. Tanto sabe Magda sobre el tema, que es conocida como “la reina de las papas andinas”.

Pueblos de maíz
“Podríamos decir que los pueblos de Latinoamérica son pueblos de maíz, porque desde México hasta Chile todos los pueblos tienen sus comidas en base a maíz”, me dijo Magda cuando la llamé semanas atrás.
Para ella, esa cultura gastronómica se transmitió de generación en generación por dos cosas:

  1. Por un lado, gracias al rol de la mujer que “es la que conserva la semilla y la biodiversidad en general en los pueblos del mundo, como nodriza de la base de sustento alimentario”.
  2. Y por otro lado, debido al valor simbólico que tienen los cultivos como el maíz más allá de la comida. Dice Magda: “La mirada del alimento en los pueblos nuestros no es lo que uno se lleva a la boca. Es un concepto más amplio: es el lugar, su territorio, las fiestas, la memoria, lo lúdico. Por eso hay maíces de Carnaval y hay papas de Semana Santa. El maíz, como es el que sembraste, el que produjiste, el que vuelve en el carnaval como chicha, también representa otra cosa. No es decir ‘siembro maíz porque ahora me da rentabilidad’: acá hay muchos costos y hay muchos beneficios que son intangibles”.

Me encantó lo que dijo Magda, esa idea de conexión casi espiritual con la comida. Y cierro con esta idea suya que me dejó pensando sobre cómo los pueblos latinoamericanos entienden al maíz:

  • “El maíz tiene una connotación de crianza, que no es el concepto de producción. El concepto de producción es un concepto de objeto, y el de crianza es de sujeto”.

Si te interesó el tema…

  • Después de nuestra charla, Magda me compartió por WhatsApp información sobre la Sociedad de Arqueología de La Paz, que lucha por conservar el maíz como patrimonio genético cultural de los pueblos.
  • En este video de Canal Encuentro, podés ver a Magda explicando sobre la importancia de conservar “in situ” los cultivos andinos como la papa, el maíz o la quínoa.
  • «Sin maíz no hay país» es una campaña que agrupa a movimientos campesinos, indígenas, científicos y sociales que rechazan el abuso y la mercantilización de las semillas en México, donde cada 29 de septiembre se celebra el Día Nacional del Maíz.
  • “Mahíz. Biodiversidad y Cultura” es un trabajo realizado por el Ministerio de Desarrollo Social en épocas de Alicia Kirchner para conocer las historias alrededor del maíz. Fue de mucha inspiración para este newsletter. Al final hay recetas tradicionales y hasta una recopilación de canciones latinoamericanas dedicadas al maíz, como esta del Chango Rodríguez.

@diego_suarez_mendoza_

Un virus en Latinoamérica

Imposible evitar hablar de la pandemia por el COVID-19 que nos atraviesa literal la vida desde marzo, y lo seguirá haciendo varios meses más hasta que aparezca la bendita vacuna.
Por su desigualdad histórica, los altos niveles de pobreza, y la debilidad de muchas de sus instituciones y democracias, Latinoamérica es la región en el mundo que más sufre el virus.
Solo un par de datos: Brasil, México y Perú se encuentran entre los diez países con más cantidad de muertos en el mundo (Colombia se suma en el puesto 11). Y, según la ONU, se espera que el PIB regional se contraiga un 9,1%, las exportaciones y remesas, un 20%; y la pobreza sume al menos 45 millones de personas más, llegando a su cifra global de 230 millones.
Ante semejante tormenta, ¿qué Latinoamérica podemos imaginarnos post-pandemia? 
Para pensar un poco el tema y ensayar una respuesta, hablé con Karina Batthyány, secretaria ejecutiva del  Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (más conocido como CLACSO).
Karina primero me pintó un estado de situación en la región: “En América latina el COVID puso de manifiesto las desigualdades que quedan a la vista como pocas veces antes». Y enumeró: «La pobreza y la concentración de la riqueza, problemas de derechos humanos, corrupción, violencia, migraciones, postergación de los derechos de un conjunto importante de población, la ausencia del Estado”.
Ante semejante panorama, le pregunté cuál sería una salida posible. Y me respondió que la clave está en la unidad:

  • «Las búsqueda de soluciones tienen que diseñarse a partir de una tarea colectiva. No hay salidas de esta crisis de manera aislada. No hay forma de que cada Estado pueda llevar a cabo por sí mismo estas soluciones. América Latina está en condiciones de aunar esfuerzos para redefinir una nueva ecuación sociedad-Estado y también para apelar a las riquezas de sus capacidades humanas, científicas, culturales y sociales».

Pero, ¿cómo lo hacemos?
Karina me planteó que entre los países debería firmarse un «nuevo contrato social» basado en valores como la democracia, la solidaridad, la interdependencia, la corresponsabilidad.
Según ella, ese programa de salida conjunta debería constar de seis condiciones. Cito textual:

  1. Rediseñar el modelo económico con la reducción de la deuda y una renta básica.
  2. Fortalecer la calidad de la democracia impulsando el diálogo entre organizaciones y el Estado para fortalecer la educación cívica orientada hacia la solidaridad y la cooperación, y no hacia el emprendedurismo y la competitividad a toda costa.
  3. Consolidar el acceso universal a la salud sin restricciones.
  4. Construir una nueva relación con el ambiente, reemplazar las visiones antropocéntricas e instrumentales que tenemos para retomar la idea de que formamos parte de un todo con la naturaleza y defender la vida en su conjunto.
  5. Acortar las brechas de género.
  6. Reformular el vínculo entre ciencia política y política para poder adoptar las mejores decisiones.

Está claro que su propuesta no es algo fácil de lograr, más teniendo en cuenta el escenario actual donde los gobiernos parecen jugar por separado, algo que no es coyuntural por la pandemia, sino que se arrastra desde hace tiempo. Como ya lo señalaba Juan Tokatlian en febrero de 2019: «América Latina camina hacia la debilidad y la desintegración».
Pero Karina es optimista, pese aún al condimento extra de que la región es también territorio en disputa entre Estados Unidos y China. Para ella, existe un cuestionamiento a la globalización neoliberal del cual Latinoamérica puede beneficiarse:

  • «Es una oportunidad para reforzar la cooperación regional. Las dinámicas de las relaciones internacionales actuales muestran que el orden construido atraviesa una fase de profunda transformación, lo que provoca un alto grado de incertidumbre. Pero los desafíos y oportunidades de este proceso podrían avanzar hacia la construcción de una globalización más democrática. Estamos ante una oportunidad de avanzar en formas de cooperación más horizontales».

Si querés seguir el tema más de cerca…

  • Pensar la Pandemia es el observatorio social que creó CLACSO para investigar e interpretar en distintas asignaturas esto que nos está pasando con el COVID-19.
  • En esta nota, la socióloga Maristella Svampa reflexiona sobre el mundo post-pandemia y dice que tenemos que empezar a darle más bola a la cuestión sanitaria y ambiental. 
  • En esta crónica desde Colombia, Julie Turkewitz y Sofía Villamil documentaron para el New York Times cómo el coronavirus agravará la desigualdad en la región.
  • Y en el Dipló conversaron el periodista Ignacio Ramonet y el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera sobre Latinoamérica después de la pandemia.

Si llegaste hasta acá, no me queda más que agradecerte por leer la #1 Semilla de Mahís. Este es un proyecto independiente y hecho con amor, por lo que para mí es muy importante tenerte del otro lado.

  • Si te gustó, te invito a que lo compartas y lo hagas circular. Podés seguir Mahís en Instagram y Twitter, donde hay novedades y cuento más cosas de las que entran acá.
  • Si querés desuscribirte, abajo de todo hay un botón con esa opción. Si no funciona, escribime a proyectomahis@gmail.com.

Para cerrar, y como este fue el primer envío de un proyecto nuevo, van recomendaciones de también proyectos nuevos latinoamericanos que conocí en estos días:  

  1. En Chasquis Cartas amigues latinoamericanos se cuentan cómo les atraviesa la migración. Es una forma distinta de ver los lugares que habitamos, en su caso de manera muy personal, a veces hasta melancólica. Si querés recibir sus mails cada semana, suscribite acá. 
  2. Últimamente los podcasts están de moda, pero Radio Ambulante existe desde hace diez años, con historias originales de Latinoamérica. La novedad que te quiero recomendar de ellos es El Hilo, que se sumerge en un tema en profundidad todos los viernes.
  3. La última es Humus, un proyecto del sitio cordobés La Tinta, donde entrevistan a mujeres, lesbianas, travestis y no binaries para despertar nuevas ideas en América latina.

Eso es todo por ahora.
En el próximo envío, voy a hablar del significado histórico del 12 de octubre de 1492 y de qué pueden significar las elecciones de Estados Unidos para Latinoamérica.
¡Hasta la próxima Semilla!
Un abrazo,
Mauricio.