El latinoamericano

En noviembre de 2005, Maradona sería la locomotora de un tren que haría historia para Latinoamérica. 
La noche del 4 salió desde la estación Constitución hacia Mar del Plata el Tren del Alba, una movilización de la Alternativa Bolivariana para las Américas que enfrentaría la discusión principal de la Cumbre de las Américas de ese entonces: el Alca, el tratado de libre comercio para todo el continente que proponían los Estados Unidos de Bush.
En el último vagón, convertido en una especie de sector VIP, Maradona fue acompañado por el cineasta y músico Emir Kusturica que estaba documentando su vida; por un Evo Morales que todavía no era presidente de Bolivia, y por el entonces diputado nacional y ex montonero Miguel Bonasso, artífice de la travesía. En el resto del tren se repartían un centenar de dirigentes, políticos, actores, actrices, cantantes y demás celebridades. 
El Diego marcó el tono político desde la conferencia de prensa inicial. Le habló a Bush frente a las cámaras con una remera que decía “Stop Bush” con la S en forma de esvástica: “Nos desprecia. Es una basura humana. Estoy acá para defender la dignidad argentina. Que sepa que no lo necesitamos, que no le damos la bienvenida, que no lo queremos”. 
Luego, en una escena registrada en el documental de Kusturica, bailaría al ritmo de una batucada abrazado a una bandera argentina y con una camiseta que llevaba la caricatura del presidente norteamericano y la frase “War Criminal”. 
Con la máquina en marcha, Maradona se paseó por todo el tren saludando a unos y otros, asumiendo un rol de anfitrión, consciente del poder de atracción que tenía. “Así transcurría la madrugada cuando la puerta del coche comedor se abrió y entró algo como una llamarada -recordó la periodista Sandra Russa, que viajó como cronista de Página 12-. Era Maradona con Kusturica atrás y el séquito que lo seguía a todas partes. Me achiqué en el asiento porque el clima en el coche comedor era de sofoco, pero de pronto una mano agarró la mía y era la de Maradona. Había ido a saludar a uno por uno a los que atestábamos el tren”. Hasta se sentó incluso en la mesa que compartían las actrices Mirta Busnelli y Leonor Manso.
El Tren del Alba llegó a las 6.20 a Mar del Plata, pero recién media hora más tarde comenzaron a bajar los pasajeros. Según registró el diario La Nación, el Diego tuvo que bajarse por una puerta alternativa a la que lo esperaban los periodistas y se retiró de la estación sin ser visto. 
Ya en el estadio mundialista, donde se desarrollaba la Cumbre de los Pueblos, Maradona fue invitado por Hugo Chávez para hablar apenas unos segundos frente a la multitud, entre los que estaban Silvio Rodríguez, Hebe de Bonafini, Nora Cortiñas. “La Argentina es digna, echemos a Bush”, gritó al micrófono. 
Minutos antes había estado hablando por teléfono celular con Fidel Castro, que desde La Habana le pedía que acompañara y cuidara muy bien a Chávez. Minutos después, el líder venezolano sentenciaría en su discurso la suerte del tratado de libre comercio continental: “Alca, Alca… al carajo”.

Fidel y Maradona, cuando se conocieron en 1987.

El titiritero que manejó los hilos del Tren al Alba fue justamente Fidel, de quien Maradona se enamoró en 1987. Aquel año, los periodistas Carlos Bonelli y Pablo Llonto convencieron al Diego de que viajara a la isla para recibir el premio “al mejor deportista del año” otorgado por la agencia cubana Prensa Latina. Había sido elegido por la locura desatada tras México 86.
“Diego, aún no era el Diego Comandante”, escribió Llonto en Un Caño sobre aquel encuentro. Temía que lo usen políticamente, pero fue él mismo quien cambió políticamente. O por lo menos intensificó su sensibilidad social. “Diego recorrió las calles de La Habana y estaba admirado porque no vio chicos descalzos en ninguna parte”, se puede leer en la crónica de Llonto.
Maradona mismo contó, entre muchos gestos, ese encuentro inicial con Fidel en el documental de Kusturica: “Los americanos me daban un premio, y me daban un premio en Cuba. Dije: ‘Americanos, quédense con el premio. Yo me voy a recibirlo a Cuba’. Y estuvimos casi 5 horas hablando del Che, de la Argentina, de Cuba. Y salí enamorado de Fidel. Me pareció un monstruo, que defiende la tierra. Es el único político, si queremos llamarlo así, que no le pueden decir que robó, aunque los americanos lo intentan. Pero es el único hombre de política que puede decir ‘Yo me la jugué por mi país, por mi tierra’. Él es un revolucionario, porque los políticos del mundo entran con plata para ganar las elecciones, pero él se la ganó con un fusil, porque tiene dos huevos así”.
Es conjetura pensar que fue Fidel quien lo hizo político, pero tanto lo admiró Maradona que lo llamó su “segundo padre”, lo que se podría leer como su “padre político”. Y después de ese flechazo todo fue política para Maradona. Y más de izquierda que de derecha, incluso más latinoamericano que cualquier dirigente de la región, quizás tan solo comparado con el propio Fidel, a quien copió hasta en el día de su muerte. 
Si hizo su mayor obra de arte y su mayor acto de rebeldía en suelo latinoamericano. Si tuvo “dos huevos así” y dos piernas así, cuando en el estadio Azteca y bajo el sol de México 86 arrodilló al imperialismo británico que había invadido Malvinas con una síntesis perfecta entre la picardía -la mano de Dios- y la genialidad -el gol del Siglo. Si es la única persona que aparece mencionada en el himno “Latinoamérica” de Calle 13. Si además del No al Alca, acompañó a Piedad Córdoba en el Partido de la Paz en Colombia. Apoyó a Evo Morales en la salida al mar para Bolivia y el derecho a su Selección de jugar en la altura de La Paz. Defendió a Dilma Rousseff por su destitución y a Lula por su encarcelamiento. Se acercó a Néstor y Cristina Kirchner en la Argentina, caminó con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y hasta poco antes de morir defendió el impuesto extraordinario a las grandes fortunas de Alberto Fernández.
Seguro no faltará el que denuncie una farsa en lo que digo y gritará: ¡Truco! Que se sacó fotos con Menem y era su amigo, vestía un Rolex en cada mano y manejaba una Ferrari. Pero en la vereda de enfrente, otros cantarán ¡Retruco! Que en el 95 ya andaba declarando, palabras más, palabras menos, “que le saquen plata a los que más tienen, como yo”. O alguno más filosofado dirá que ser de izquierda no es estar en contra de tener bienes, sino de la propiedad privada de los medios de producción. Y la verdad es que el único medio de producción de Maradona fueron sus dos piernas, y principalmente una, la izquierda.
Pero más allá de la conjetura, sí es verdad que fue el líder cubano quien lo convenció de sumarse a la movilización contra el Alca. Según reveló Miguel Bonasso por estos días, Fidel le dio una entrevista exclusiva en La Habana, en octubre de 2005, para su programa “La noche del Diez”, a cambio de que Maradona viaje a Mar del Plata para potenciar el No al Alca.
“Fidel le dio esa cariñosa exclusiva con la intención política de convencerlo para que se subiera al Tren del Alba, nuestro plato fuerte en la movilización contra Bush que montamos en la Cumbre de Mar del Plata”, escribió Bonasso en su cuenta de Facebook. Y elogió “la disciplina militante que el jugador más famoso de todos los tiempos mostró en aquella jugada. Una humildad de la que careció más de una de esas mascaritas que también se subió al tren. Que se suben a todos los trenes”.
En aquella entrevista con Fidel, transmitida por el Canal 13 del Grupo Clarín, Maradona demostró una vez más que la política no es un territorio único de los partidarios y dirigentes encuadrados. Cuestionó las medidas migratorias de Estados Unidos, su estrategia antidrogas y contó que nunca más pudo volver después del Mundial 94, cuando le cortaron las piernas. Pese a la estrella mundial que era, una vez cuando fue a buscar a Dalma a Disney, en el aeropuerto de Miami lo separaron en una celda y lo revisaron de pies a cabeza. El Tío Sam no lo quería al Diego latinoamericano. “Yo puedo vivir sin Estados Unidos”, le dijo Maradona a Fidel en la entrevista, y después le mostraría el tatuaje suyo que se había hecho en la pierna izquierda, que combinaba con el icónico que ya tenía del Che. 

En la avenida Corrientes, la noche del 25 de noviembre de 2020.

Ya se dijo: Maradona fue mucho más que el más brillante jugador de fútbol dentro de una cancha.
“Su notable protagonismo en la gran batalla de los pueblos de Nuestra América en contra del ALCA en Mar del Plata en noviembre del 2005 hubiera bastado para asignarle un sitial prominente en la historia de las luchas antiimperialistas -analizó Atilio Borón en Página 12-. Allí donde se libraba un combate contra el imperialismo Diego no tardaba en enrolarse. Su empeño por la causa de la emancipación popular iba parejo con su repudio a los ricos y poderosos que condenaban a sus pueblos a la miseria, la enfermedad, la ignorancia. Fue coherente hasta el fin”.
“Maradona fue el exceso de peronismo en ausencia del peronismo. Exageremos: el peronismo aún existe gracias a Diego”, escribió Pablo Alabarces en Anfibia.
“Maradona entregó su vida a la reivindicación de Fiorito, del barro, de una madre que no comía para que pudieran comer él y sus siete hermanos -lo dibujó Alejandro Wall para el Washington Post-. Su historia es la historia de la desigualdad de la Argentina, de América Latina”. 
“Un hombre que, por su condición de genio, dejó de tener límites desde la adolescencia y que, por su origen, creció con orgullo de clase -le dedicó Jorge Valdano en La Nación-. Por esa razón, y también por su fuerza representativa, con Maradona los pobres le ganaron a los ricos, de manera que las adhesiones incondicionales que tenía allá abajo fueron proporcionales a la desconfianza que le tenían los de arriba. Los ricos odian perder”.
Maradona fue, entonces, político, popular, contracultural, antiimperialista, peronista, con conciencia de clase. Y fue, déjenme agregar a mí, latinoamericano. 
Maradona fue un fiel reflejo de nuestra identidad contradictoria con sus banderas populares y sus excesos individuales. Potenció al infinito todo lo bueno y lo malo a la vez. Fue el pobre que se enfrentó a los poderosos ricos y el millonario que abrazó al pueblo. Fue sociable y violento, exitoso y derrotado, amado y despreciado, sincero e hipócrita. Fue tanto como todos nosotros juntos que nos molesta, nos encandila, nos es demasiado revelador. Diego Maradona en definitiva fue, como escribió para la eternidad Eduardo Galeano -quizás la última voz lúcida del continente-, “un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses”. 


Algunas lecturas cruzadas sobre Maradona…