«Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial»

Hay una línea donde Latinoamérica termina. O comienza, dependiendo desde dónde se mire. Esa línea final de la región es la frontera entre México y Estados Unidos, unos 3.200 kilómetros de extensión bien blindados y geográficamente marcados en gran parte por el Río Bravo.
La frontera Norte de México es el último obstáculo de miles de personas migrantes -adultxs, niñxs, familias enteras-, que constantemente intentan pasar a Estados Unidos en busca de un destino diferente para sus vidas, que comenzaron en Centroamérica, el Caribe o incluso en África o Asia.
Solo para dar un poco de contexto actual, a mediados de enero ya se frustró la primera caravana de unas 5000 personas, que partió desde Honduras y apenas pudo llegar a Guatemala, ya que las fuerzas de seguridad de este país, en acuerdo con México y EEUU, les cerraron el paso. Y en esta semana de marzo, la Casa Blanca pidió ayuda a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) ante la cantidad de niñxs sin acompañantes que cruzaron la frontera: al 8 de marzo, un récord de 3.200 menores se encontraban detenidos en instalaciones migratorias norteamericanas. Solo en enero pasado, 5.871 niñxs no acompañados cruzaron la frontera: casi 20% más que en diciembre de 2020.
La salida de Trump de la Casa Blanca y las primeras medidas de Biden renovaron las esperanzas de lxs migrantes, pero lejos está EEUU de abrir sus puertas de par en par. Eso lo sabe muy bien Rodolfo Cruz Piñeiro, doctor en sociología y director del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte, situado en Tijuana, México, que esta entrevista realizada vía Zoom explica los detalles del fenómeno migratorio hacia EEUU y contempla las distintas aristas políticas, económicas e históricas, muchas veces cargadas de discriminación, violencia y dolor, del recorrido de lxs migrantes.

Rodolfo Cruz Piñeiro, durante la conversación vía Zoom

Usted reside en Tijuana. ¿Cómo es vivir en la frontera con EE.UU.?
La frontera Norte es una frontera muy dinámica y muy extensa. Tiene muchas ciudades grandes, ya que alrededor de once o doce ciudades pegadas a la línea fronteriza tienen más de 100 mil habitantes. Particularmente, Tijuana y Ciudad Juárez son las de mayor magnitud. Además, muchas personas que viven en la frontera tienen la ciudadanía estadounidense pero residen del lado mexicano, y cruzan cotidianamente. 
Hablando particularmente de los migrantes, muchos son centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala. Pero también ya venimos de dos o tres años con la llegada de personas de otras latitudes del Caribe, como haitianos y cubanos, también de venezolanos. Pero además han llegado grupos extracontinentales, de África y Asia, quizás no tan numerosos pero sí muy visibles. Muchos de ellos provienen de países con los cuales no hay un acuerdo diplomático o que no cuentan con un consulado o embajada, entonces para el gobierno mexicano son básicamente indeportables.

¿De qué manera afectó la pandemia al tránsito fronterizo? 
Este momento tan particular ha impactado en la movilidad de las personas, incluso de los bienes y servicios. Desde el 21 de marzo de 2020 se aplicaron restricciones de ambos gobiernos en la frontera Norte, restringiendo el cruce solamente para trabajadores esenciales. Los comercios por parte de ambos lados han sido impactados, y más porque muchos consumidores estaban del lado mexicano y ya no cruzan, y viceversa. 

¿Para los migrantes ilegales, la frontera Norte se volvió más un dique de contención que un lugar paso? 
La frontera Norte desde el ‘93 empezó un proceso de sellamiento. Hubo un incremento en la inversión en cuanto a seguridad y contención por parte del gobierno estadounidense. No solo fue la barda, también aumentó el número de agentes de la patrulla fronteriza y la inversión en tecnología para vigilarla. Entonces, cruzar la frontera de manera irregular es cada vez más difícil. Y si lo haces con grupos que se dedican a ello, es costoso y peligroso.

¿Qué hacen o qué han hecho las personas que llegan al Norte y no pueden pasar? ¿Se mantienen en refugios o en campamentos de migrantes?
Cuando se dio lo de la primera caravana, que fue masivo, tuvieron que hacer refugios para hacerse cargo de ellos. Un lugar donde pudiesen dormir y alimentarse. Pero eso fue solo por una temporada. Actualmente hay refugios en Juárez y Tijuana, y lo que se puede llamar un campamento en Matamoros. Las demás personas han llegado a casas de migrantes, que ya tienen muchos años organizados por la sociedad civil, mientras otras pocas nuevas son asistidas por el Estado.
Estos refugios primeros estaban llenos de mexicanos que esperaban a pasar, luego por los deportados, y ahora por centroamericanos y también deportados. 

¿La espera es en vano?
Los mexicanos deportados que están ahí es porque sus familias se quedaron del otro lado. Se quedan a la espera de poder cruzar, sin embargo cada vez es más difícil cruzar. Los centroamericanos también están ahí esperando obtener una cita para solicitar asilo en EE.UU. La cosa es que ese proceso se les ha venido abajo. Se volvió muy lento y burocrático, y con muy poca atención. Entonces, muchos de ellos empiezan a insertarse en la sociedad, buscan algunos cuartos para residir y buscar trabajo o se generan su propio trabajo. Por ejemplo, todo este grupo de haitianos migrantes que mencioné se puede ver cuando tu sales a la calle: hay una cantidad innumerable de personas haitianas vendiendo en los semáforos cualquier cosa, en las maquiladores o en la construcción.

Apenas asumió en la Casa Blanca, Biden tomó medidas migratorias, envió varias señales en favor de los migrantes. ¿Se avecina un ciclo de mayor apertura con respecto a Trump?
Es un problema complejo. Biden ya había prometido ciertos cambios desde que estaba en la campaña. Su equipo habla de una reforma migratoria, pero eso va a tardar y se va a enfrentar a muchos obstáculos en el Congreso. 

Pero sí firmó órdenes ejecutivas sobre los migrantes. ¿Cómo las analiza?
En ese sentido, inició muy bien porque lo primero que hace es detener la construcción del muro. Para el gobierno mexicano se ve como un buen acto, pero sobre todo porque le estaban destinando mucho dinero a algo totalmente inservible. Era todo una forma de campaña, ya que desde sus inicios nunca tuvo realmente impacto, sino más bien algo para los seguidores de Trump.
Por otro lado, Biden refuerza el programa de los llamados “Dreamers”, que llegaron muy pequeños y que estaban indocumentados. Ya no tienen problemas de ser deportados, lo que es un buen aliciente para esperar la reforma migratoria, que va a generar caminos hacia la regularización o la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que residen en EE.UU., de los cuales no todos son latinoamericanos. 
Otra orden que firmó fue la suspensión por cien días de las deportaciones en general, a excepción de ciertos grupos como los que estaban recluidos en cárceles. Y también ha enviado comisiones especiales a la frontera con México y con Canadá para armar un plan fronterizo para ver cómo pueden ser los cruces por tierra.

¿Pueden tener esperanzas los migrantes, entonces?
Todas esas son muy buenas señales de que podría venir un cambio importante. Se vislumbra hasta el momento una posición con un giro de 180 grados a lo que era la política migratoria de Trump. Biden envía señales muy positivas, sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos. Creo que necesita tres cuartas partes del Senado para una reforma migratoria, y no solamente en el Partido Republicano hay obstáculos, también en el Demócrata. Tiene un trabajo arduo por un buen rato.

Biden envía señales muy positivas para los migrantes. Sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos

Rodolfo Cruz Piñeiro

Biden prometió un plan de ayuda de 4 mil millones de dólares a los países Centroamericanos. ¿Allí está el foco de la migración, pensando en que es el lugar donde nacen las caravanas que intentan llegar a EE.UU., lo que se repitió a inicios de año?
Lo más complejo del panorama de la migración está en esta región de Centroamérica. La última caravana que salió de San Pedro Sula, Honduras, fue contenida en Guatemala y no pudieron arribar a la frontera con México, como pasó hace dos años. Ahí me parece que hay un acuerdo, que no sale a la luz pública, entre estos países, en el sentido de que hay una fuerte contención de Guatemala y de México. 

Es decir que no solo EE.UU. cambió la política migratoria, sino también México.
Efectivamente hubo un cambio en la política migratoria de Andrés Manuel López Obrador, que en un inicio decidió tener las puertas abiertas, que vengan todos, y a los tres meses tuvo que dar un giro bastante radical y mandar la Guardia Nacional para detener las caravanas.

De hecho, durante la era Trump, México ha llegado a tener más deportados que EE.UU.
Efectivamente, hay una presión por parte de EE.UU. en la cual trata de aplicar un tipo de aranceles al comercio mexicano. Entonces, el gobierno mexicano decide apoyar mandando la guardia nacional a la frontera Sur. Y es precisamente en 2019 cuando realmente rebasa el número de deportados por parte de las autoridades mexicanas, superior a la de EE.UU. Se vuelca mayor número de agentes, detienen a más y son más los deportados, que finalmente no alcanzan a llegar a la frontera con EE.UU.

¿Se quebró un poco la cultura mexicana histórica de ser un lugar con las puertas abiertas al mundo entero? Pienso en los asilados durante las dictaduras sudamericanas en los setenta, o en casos emblemáticos: desde Trotsky hasta Julian Assenge, pedido finalmente rechazado. 
Eso se espera que vuelva a ser de esa manera. Sin embargo, en 2018 el gobierno de Trump no supo cómo manejar esta situación de que llegaran masivamente estos migrantes centroamericanos y eso impactó en México. El gobierno se vio muy presionado. Esto no quiere decir que todos los mexicanos reciban con los brazos abiertos a los extranjeros. De hecho, en la caravana de 2018 hubo manifestaciones con mucha xenofobia por parte de ciertos sectores, inclusive aquí en Tijuana, que es una ciudad formada por inmigrantes. Yo creo que va a seguir habiendo migrantes, en todas las sociedades existe. En general, sí creo que haya una tendencia de regresar a ser una cultura de refugio. Yo esperaría que la militarización que existe en la frontera Sur de México bajara ese tenor y que hubiera mayores recursos para la atención de todos estos migrantes.

¿Qué pasó en la dinámica migratoria, que en los últimos años comenzaron a ser visibles las caravanas? 
Las caravanas fueron una nueva estrategia para hacerlo en grupo masivo, pero en general el movimiento de los migrantes era individual, clandestino, tratando de no hacerse ver por las autoridades ni las bandas que abusaban de ellos. 
Esto no quiere decir que no haya centroamericanos transitando actualmente por territorio mexicano. Sí los hay, y en pequeños grupos, no en forma de la caravana.
Sin embargo, este proceso de tránsito de centroamericanos por territorio mexicano para llegar a territorio estadounidense tiene muchos años. No inicia con las caravanas. Es un proceso largo, que siempre se había dado. Ha tenido sus picos y bajadas. En 2014 se da todo lo de los menores y niños, por ejemplo, pero es un proceso que continúa, que está ahí, y que si no se sientan los gobiernos a poner un orden a estos flujos migratorios va a ser muy difícil contenerlos. 

Cambió la estrategia de los migrantes pero no el fin: llegar a EE.UU.
Las personas que entran a territorio mexicano en un primer momento tienen como objetivo llegar a EE.UU., ingresar y empezar a trabajar, como sea, de manera ilegal o indocumentada. Sin embargo, es muy largo el trayecto por México, de la frontera Sur a la Norte. Entonces sucede que muchos centroamericanos se van quedando en el trayecto, en pueblos o ciudades, porque se les agotan sus recursos y necesitan trabajar. Y muchos a la larga tienden a quedarse definitivamente en territorio mexicano.
Desde la caravana del 2018, México experimentó una nueva faceta en la cual se incrementó mucho el número de solicitantes de refugio porque al momento que ellos pedían eso, les permitían moverse por territorio mexicano. Lo que pasa es que a la larga también van perdiendo esa energía que traían para llegar hasta la frontera Norte y se quedan en México, de manera regular o irregular. ¿Cuántos son? No lo sabemos. Solo sabemos de aquellos que están solicitando refugio. 

En la frontera Norte existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad

Rodolfo Cruz Piñeiro

¿Por qué es tan difícil resolver la situación de los migrantes? 
Las dos razones principales en Centroamérica son la pobreza extrema y, ahora, un recrudecimiento muy fuerte de la violencia y la inseguridad. Mientras no puedan disminuir estos problemas, difícilmente van a contener a las personas. Más aún cuando se generan este tipo de expectativas; por ejemplo, cuando dicen que va a haber una reforma migratoria en la cual a todos se les va a poder dar la ciudadanía estadounidense. Bueno, eso para ellos es gancho y vuelven a intentar. No escuchan el resto: de que solamente van a poder aplicar los que estaban hasta antes de este año. Los que ya residen, no los que vayan llegando; ni siquiera los que permanecen en el programa “Quédate en México”.

El programa “Quédate en México” obligó a los migrantes a permanecer allí y no poder pasar a EE.UU. ¿Continúa en pie?
En el programa “Quédate en México”, que los obligó a quedarse como tercer país seguro, se habla de alrededor de 60 o 65 mil personas, entre hondureños, haitianos y demás, que permanecen del lado mexicano en distintas ciudades. 
Este es un programa que nunca fue reconocido por el gobierno mexicano, pero que de facto lo aplica. En EE.UU. se llama Protocolo de Protección de Migrantes y fue una medida porque no tenía capacidad de contener a esas personas de su lado, y a la larga la intención era desmantelar el sistema de asilo para ya no recibir más personas del extranjero. Pero fue suspendido por Biden, ya no se registra nadie más. Sin embargo, aquellos que están del lado mexicano no pueden pasar todavía del lado estadounidense.

Entiendo que varios componentes complican la situación de los migrantes: hay una restricción en la frontera Sur de México para las caravanas, hay quienes fueron destinados al programa “Quédate en México”, y finalmente está cerrada la frontera en el Norte. ¿Cómo sobreviven las personas a ese drama que es la migración, con tanta incertidumbre y tantos peligros? 
Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial. Sin duda son personas vulnerables, muy necesitadas y que viven complicaciones tan graves o dramáticas que rayan el riesgo de la integridad física o perder la vida en cualquier momento. Esa es la gravedad mayor. Y ahora más. Si en los 90 o al principio de los 2000 veíamos una gran cantidad de hombres jóvenes cruzando, después de las caravanas estamos viendo familias enteras, una gran cantidad de niños viajando en estos grupos de migrantes. Y ellos son triplemente vulnerables. Entonces, cada familia, cada individuo que se está desplazado por territorio mexicano es un drama, totalmente.

¿Podríamos pensar en algún “significado latinoamericano” de la frontera Norte, teniendo en cuenta que es la división política entre EE.UU. y la región? ¿Se percibe distinta, una cosa es del lado mexicano o latinoamericano, y otra del lado norteamericano?
Sin dudas es la frontera de Latinoamérica con EE.UU. Es la frontera de un país poderoso económicamente, desarrollado, con el subdesarrollo de América Latina. Y yo creo que sí varían las percepciones. Las fronteras son muy heterogéneas, son muy diversas, aunque sí hay un tenor: existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Eso es muy significativo. Para mí, lo de los muros ya quedarían en el pasado, sin embargo yo lo veo todos los días. Es muy visible. Y ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad, en países que supuestamente deberían tener acuerdos por esta convivencia de toda la vida. Sin embargo, son incapaces sus gobiernos de ponerse de acuerdo para tener una armonía en este cruce. No se da, y difícilmente se va a dar, sobre todo por estas disparidades económicas y los niveles de desarrollo de seguridad y de política que pueden tener los propios países.

#7: la frontera

Hay una línea donde Latinoamérica acaba. O comienza, dependiendo desde dónde se mire. Esa línea final de la región es la frontera entre México y Estados Unidos, unos 3.200 kilómetros de extensión bien blindados y geográficamente marcados en gran parte por el Río Bravo.
La frontera Norte de México es el último obstáculo de miles de personas migrantes -adultxs, niñxs, familias enteras-, que constantemente intentan pasar a Estados Unidos en busca de un destino diferente para sus vidas, que comenzaron en Centroamérica, el Caribe o incluso en África o Asia.
Solo para dar un poco de contexto actual, a mediados de enero ya se frustró la primera caravana de unas 5000 personas, que partió desde Honduras y apenas pudo llegar a Guatemala, ya que las fuerzas de seguridad de este país, en acuerdo con México y EEUU, les cerraron el paso. Y en esta semana de marzo, la Casa Blanca pidió ayuda a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) ante la cantidad de niñxs sin acompañantes que cruzaron la frontera: al 8 de marzo, un récord de 3.200 menores se encontraban detenidos en instalaciones migratorias norteamericanas. Solo en enero pasado, 5.871 niñxs no acompañados cruzaron la frontera: casi 20% más que en diciembre de 2020.
La salida de Trump de la Casa Blanca y las primeras medidas de Biden renovaron las esperanzas de lxs migrantes, pero lejos está EEUU de abrir sus puertas de par en par. La situación es compleja y tiene distintas aristas políticas, económicas e históricas, muchas veces cargadas de discriminación, violencia y dolor. Y por eso esta #7 Semilla de Mahís, que intenta conocer y entender mejor la realidad de lxs migrantes, a partir de una extensa conversación que tuve por Zoom con el doctor en sociología Rodolfo Cruz Piñeiro, director del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte, situado en Tijuana, México.
“Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial”, me dijo Cruz Piñeiro, quien cree que la nueva política migratoria de Washington mejoraría la situación general, pero advierte que cualquier reforma llevará tiempo y estará llena de obstáculos. 
Gracias por leer.
Mauricio.


«Migrar es humano», de @diego.suarez82

Para comenzar a analizar qué pasa con los migrantes en la frontera Norte… Usted que reside en Tijuana, ¿cómo es vivir en la frontera con EE.UU.?
La frontera Norte es una frontera muy dinámica y muy extensa. Tiene muchas ciudades grandes, ya que alrededor de once o doce ciudades pegadas a la línea fronteriza tienen más de 100 mil habitantes. Particularmente, Tijuana y Ciudad Juárez son las de mayor magnitud. Además, muchas personas que viven en la frontera tienen la ciudadanía estadounidense pero residen del lado mexicano, y cruzan cotidianamente. 
Hablando particularmente de los migrantes, muchos son centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala. Pero también ya venimos de dos o tres años con la llegada de personas de otras latitudes del Caribe, como haitianos y cubanos, también de venezolanos. Pero además han llegado grupos extracontinentales, de África y Asia, quizás no tan numerosos pero sí muy visibles. Muchos de ellos provienen de países con los cuales no hay un acuerdo diplomático o que no cuentan con un consulado o embajada, entonces para el gobierno mexicano son básicamente indeportables.

¿De qué manera afectó la pandemia al tránsito fronterizo? 
Este momento tan particular ha impactado en la movilidad de las personas, incluso de los bienes y servicios. Desde el 21 de marzo de 2020 se aplicaron restricciones de ambos gobiernos en la frontera Norte, restringiendo el cruce solamente para trabajadores esenciales. Los comercios por parte de ambos lados han sido impactados, y más porque muchos consumidores estaban del lado mexicano y ya no cruzan, y viceversa. 

¿Para los migrantes ilegales, la frontera Norte se volvió más un dique de contención que un lugar paso? 
La frontera Norte desde el ‘93 empezó un proceso de sellamiento. Hubo un incremento en la inversión en cuanto a seguridad y contención por parte del gobierno estadounidense. No solo fue la barda, también aumentó el número de agentes de la patrulla fronteriza y la inversión en tecnología para vigilarla. Entonces, cruzar la frontera de manera irregular es cada vez más difícil. Y si lo haces con grupos que se dedican a ello, es costoso y peligroso.

¿Qué hacen o qué han hecho las personas que llegan al Norte y no pueden pasar? ¿Se mantienen en refugios o en campamentos de migrantes?
Cuando se dio lo de la primera caravana, que fue masivo, tuvieron que hacer refugios para hacerse cargo de ellos. Un lugar donde pudiesen dormir y alimentarse. Pero eso fue solo por una temporada. Actualmente hay refugios en Juárez y Tijuana, y lo que se puede llamar un campamento en Matamoros. Las demás personas han llegado a casas de migrantes, que ya tienen muchos años organizados por la sociedad civil, mientras otras pocas nuevas son asistidas por el Estado.
Estos refugios primeros estaban llenos de mexicanos que esperaban a pasar, luego por los deportados, y ahora por centroamericanos y también deportados. 

¿La espera es en vano?
Los mexicanos deportados que están ahí es porque sus familias se quedaron del otro lado. Se quedan a la espera de poder cruzar, sin embargo cada vez es más difícil cruzar. Los centroamericanos también están ahí esperando obtener una cita para solicitar asilo en EE.UU. La cosa es que ese proceso se les ha venido abajo. Se volvió muy lento y burocrático, y con muy poca atención. Entonces, muchos de ellos empiezan a insertarse en la sociedad, buscan algunos cuartos para residir y buscar trabajo o se generan su propio trabajo. Por ejemplo, todo este grupo de haitianos migrantes que mencioné se puede ver cuando tu sales a la calle: hay una cantidad innumerable de personas haitianas vendiendo en los semáforos cualquier cosa, en las maquiladores o en la construcción.

Apenas asumió en la Casa Blanca, Biden tomó medidas migratorias, envió varias señales en favor de los migrantes. ¿Se avecina un ciclo de mayor apertura con respecto a Trump?
Es un problema complejo. Biden ya había prometido ciertos cambios desde que estaba en la campaña. Su equipo habla de una reforma migratoria, pero eso va a tardar y se va a enfrentar a muchos obstáculos en el Congreso. 

Pero sí firmó órdenes ejecutivas sobre los migrantes. ¿Cómo las analiza?
En ese sentido, inició muy bien porque lo primero que hace es detener la construcción del muro. Para el gobierno mexicano se ve como un buen acto, pero sobre todo porque le estaban destinando mucho dinero a algo totalmente inservible. Era todo una forma de campaña, ya que desde sus inicios nunca tuvo realmente impacto, sino más bien algo para los seguidores de Trump.
Por otro lado, Biden refuerza el programa de los llamados “Dreamers”, que llegaron muy pequeños y que estaban indocumentados. Ya no tienen problemas de ser deportados, lo que es un buen aliciente para esperar la reforma migratoria, que va a generar caminos hacia la regularización o la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que residen en EE.UU., de los cuales no todos son latinoamericanos. 
Otra orden que firmó fue la suspensión por cien días de las deportaciones en general, a excepción de ciertos grupos como los que estaban recluidos en cárceles. Y también ha enviado comisiones especiales a la frontera con México y con Canadá para armar un plan fronterizo para ver cómo pueden ser los cruces por tierra.

¿Pueden tener esperanzas los migrantes, entonces?
Todas esas son muy buenas señales de que podría venir un cambio importante. Se vislumbra hasta el momento una posición con un giro de 180 grados a lo que era la política migratoria de Trump. Biden envía señales muy positivas, sin embargo, hay que tener calma porque eso sigue todo un proceso que no es fácil, corto ni sencillo, además de que está lleno de obstáculos. Creo que necesita tres cuartas partes del Senado para una reforma migratoria, y no solamente en el Partido Republicano hay obstáculos, también en el Demócrata. Tiene un trabajo arduo por un buen rato.

Rodolfo Cruz Piñeiro, durante la conversación vía Zoom

Biden prometió un plan de ayuda de 4 mil millones de dólares a los países Centroamericanos. ¿Allí está el foco de la migración, pensando en que es el lugar donde nacen las caravanas que intentan llegar a EE.UU., lo que se repitió a inicios de año?
Lo más complejo del panorama de la migración está en esta región de Centroamérica. La última caravana que salió de San Pedro Sula, Honduras, fue contenida en Guatemala y no pudieron arribar a la frontera con México, como pasó hace dos años. Ahí me parece que hay un acuerdo, que no sale a la luz pública, entre estos países, en el sentido de que hay una fuerte contención de Guatemala y de México. 

Es decir que no solo EE.UU. cambió la política migratoria, sino también México.
Efectivamente hubo un cambio en la política migratoria de Andrés Manuel López Obrador, que en un inicio decidió tener las puertas abiertas, que vengan todos, y a los tres meses tuvo que dar un giro bastante radical y mandar la Guardia Nacional para detener las caravanas.

De hecho, durante la era Trump, México ha llegado a tener más deportados que EE.UU.
Efectivamente, hay una presión por parte de EE.UU. en la cual trata de aplicar un tipo de aranceles al comercio mexicano. Entonces, el gobierno mexicano decide apoyar mandando la guardia nacional a la frontera Sur. Y es precisamente en 2019 cuando realmente rebasa el número de deportados por parte de las autoridades mexicanas, superior a la de EE.UU. Se vuelca mayor número de agentes, detienen a más y son más los deportados, que finalmente no alcanzan a llegar a la frontera con EE.UU.

¿Se quebró un poco la cultura mexicana histórica de ser un lugar con las puertas abiertas al mundo entero? Pienso en los asilados durante las dictaduras sudamericanas en los setenta, o en casos emblemáticos: desde Trotsky hasta Julian Assenge, pedido finalmente rechazado. 
Eso se espera que vuelva a ser de esa manera. Sin embargo, en 2018 el gobierno de Trump no supo cómo manejar esta situación de que llegaran masivamente estos migrantes centroamericanos y eso impactó en México. El gobierno se vio muy presionado. Esto no quiere decir que todos los mexicanos reciban con los brazos abiertos a los extranjeros. De hecho, en la caravana de 2018 hubo manifestaciones con mucha xenofobia por parte de ciertos sectores, inclusive aquí en Tijuana, que es una ciudad formada por inmigrantes. Yo creo que va a seguir habiendo migrantes, en todas las sociedades existe. En general, sí creo que haya una tendencia de regresar a ser una cultura de refugio. Yo esperaría que la militarización que existe en la frontera Sur de México bajara ese tenor y que hubiera mayores recursos para la atención de todos estos migrantes.

¿Qué pasó en la dinámica migratoria, que en los últimos años comenzaron a ser visibles las caravanas? 
Las caravanas fueron una nueva estrategia para hacerlo en grupo masivo, pero en general el movimiento de los migrantes era individual, clandestino, tratando de no hacerse ver por las autoridades ni las bandas que abusaban de ellos. 
Esto no quiere decir que no haya centroamericanos transitando actualmente por territorio mexicano. Sí los hay, y en pequeños grupos, no en forma de la caravana.
Sin embargo, este proceso de tránsito de centroamericanos por territorio mexicano para llegar a territorio estadounidense tiene muchos años. No inicia con las caravanas. Es un proceso largo, que siempre se había dado. Ha tenido sus picos y bajadas. En 2014 se da todo lo de los menores y niños, por ejemplo, pero es un proceso que continúa, que está ahí, y que si no se sientan los gobiernos a poner un orden a estos flujos migratorios va a ser muy difícil contenerlos. 

Cambió la estrategia de los migrantes pero no el fin: llegar a EE.UU.
Las personas que entran a territorio mexicano en un primer momento tienen como objetivo llegar a EE.UU., ingresar y empezar a trabajar, como sea, de manera ilegal o indocumentada. Sin embargo, es muy largo el trayecto por México, de la frontera Sur a la Norte. Entonces sucede que muchos centroamericanos se van quedando en el trayecto, en pueblos o ciudades, porque se les agotan sus recursos y necesitan trabajar. Y muchos a la larga tienden a quedarse definitivamente en territorio mexicano.
Desde la caravana del 2018, México experimentó una nueva faceta en la cual se incrementó mucho el número de solicitantes de refugio porque al momento que ellos pedían eso, les permitían moverse por territorio mexicano. Lo que pasa es que a la larga también van perdiendo esa energía que traían para llegar hasta la frontera Norte y se quedan en México, de manera regular o irregular. ¿Cuántos son? No lo sabemos. Solo sabemos de aquellos que están solicitando refugio. 

La frontera Norte mexicana

¿Por qué es tan difícil resolver la situación de los migrantes? 
Las dos razones principales en Centroamérica son la pobreza extrema y, ahora, un recrudecimiento muy fuerte de la violencia y la inseguridad. Mientras no puedan disminuir estos problemas, difícilmente van a contener a las personas. Más aún cuando se generan este tipo de expectativas; por ejemplo, cuando dicen que va a haber una reforma migratoria en la cual a todos se les va a poder dar la ciudadanía estadounidense. Bueno, eso para ellos es gancho y vuelven a intentar. No escuchan el resto: de que solamente van a poder aplicar los que estaban hasta antes de este año. Los que ya residen, no los que vayan llegando; ni siquiera los que permanecen en el programa “Quédate en México”.

El programa “Quédate en México” obligó a los migrantes a permanecer allí y no poder pasar a EE.UU. ¿Continúa en pie?
En el programa “Quédate en México”, que los obligó a quedarse como tercer país seguro, se habla de alrededor de 60 o 65 mil personas, entre hondureños, haitianos y demás, que permanecen del lado mexicano en distintas ciudades. 
Este es un programa que nunca fue reconocido por el gobierno mexicano, pero que de facto lo aplica. En EE.UU. se llama Protocolo de Protección de Migrantes y fue una medida porque no tenía capacidad de contener a esas personas de su lado, y a la larga la intención era desmantelar el sistema de asilo para ya no recibir más personas del extranjero. Pero fue suspendido por Biden, ya no se registra nadie más. Sin embargo, aquellos que están del lado mexicano no pueden pasar todavía del lado estadounidense.

Entiendo que varios componentes complican la situación de los migrantes: hay una restricción en la frontera Sur de México para las caravanas, hay quienes fueron destinados al programa “Quédate en México”, y finalmente está cerrada la frontera en el Norte. ¿Cómo sobreviven las personas a ese drama que es la migración, con tanta incertidumbre y tantos peligros? 
Cada individuo tiene su historia de drama en esta movilidad y desplazamiento territorial. Sin duda son personas vulnerables, muy necesitadas y que viven complicaciones tan graves o dramáticas que rayan el riesgo de la integridad física o perder la vida en cualquier momento. Esa es la gravedad mayor. Y ahora más. Si en los 90 o al principio de los 2000 veíamos una gran cantidad de hombres jóvenes cruzando, después de las caravanas estamos viendo familias enteras, una gran cantidad de niños viajando en estos grupos de migrantes. Y ellos son triplemente vulnerables. Entonces, cada familia, cada individuo que se está desplazado por territorio mexicano es un drama, totalmente.

¿Podríamos pensar en algún “significado latinoamericano” de la frontera Norte, teniendo en cuenta que es la división política entre EE.UU. y la región? ¿Se percibe distinta, una cosa es del lado mexicano o latinoamericano, y otra del lado norteamericano?
Sin dudas es la frontera de Latinoamérica con EE.UU. Es la frontera de un país poderoso económicamente, desarrollado, con el subdesarrollo de América Latina. Y yo creo que sí varían las percepciones. Las fronteras son muy heterogéneas, son muy diversas, aunque sí hay un tenor: existe un muro y una barrera muy importante en la cual no se permite la libre movilidad de las personas. Eso es muy significativo. Para mí, lo de los muros ya quedarían en el pasado, sin embargo yo lo veo todos los días. Es muy visible. Y ahí es cuando sientes algo por dentro que no está bien en la sociedad, en países que supuestamente deberían tener acuerdos por esta convivencia de toda la vida. Sin embargo, son incapaces sus gobiernos de ponerse de acuerdo para tener una armonía en este cruce. No se da, y difícilmente se va a dar, sobre todo por estas disparidades económicas y los niveles de desarrollo de seguridad y de política que pueden tener los propios países.


Algunos enlaces para profundizar el tema…

  • Esta nota del New York Times cuenta la situación más reciente de los miles de niños sin acompañantes que cruzan la frontera Norte.
  • Este informe en Nueva Sociedad da una mirada más académica de la situación de la frontera México-EEUU.
  • Los medios El País de España y El Faro de El Salvador desarrollaron un especial interactivo sobre la frontera Sur. Es muy bueno, e incluso ganó premios internacionales de periodismo.
  • Migrantes de otro mundo es otro sitio interactivo muy interesante, en este caso sobre las historias de africanos y asiáticos que recorren Latinoamérica.
  • Por último, una recomendación literaria: «Desierto sonoro» de la mexicana Valeria Luiselli, que mezcla un viaje familiar con la historia de los chicos abandonados en la frontera México-EEUU.

#2: el voto y la conquista

¡Hola!
Acá Mauricio, con la #2 Semilla de Mahís en un día luminoso para la región con la vuelta a la democracia -¡y de qué manera!- en Bolivia. Pero de eso voy a hablar al final. 
Antes de arrancar, muchas gracias a todxs los que están de ese lado de la pantalla y que luego de la #1 Semilla me transmitieron su buena onda, sugerencias y críticas constructivas. Y a quienes se sumen ahora, espero que les interese este viaje por el continente donde propongo, a través de historias y conversaciones, intentar resolver una pregunta muy básica y profunda a la vez: ¿Qué es Latinoamérica? 
Si te perdiste la primera Semilla o querés volver a leerla, podés encontrarla acá.  Y ahora, en esta edición, te propongo hacer un viaje histórico-político en el tiempo, hacia el futuro y al pasado. ¿Te interesa?


«El gigante dormido», de @bel_amat

A las urnas

Hay clima electoral en el continente.
Ayer Bolivia volvió a elegir al MAS de Evo Morales (te voy a dejar unos links interesantes al final), Chile tiene un plebiscito para reformar la Constitución el domingo próximo, en dos semanas Estados Unidos vota en las presidenciales y en noviembre Brasil tiene comicios municipales.
Espero pronto escribir una Semilla analizando todo lo que dejaron las elecciones en la región, pero ahora quiero pensar un poco la carrera a la Casa Blanca, porque creo que nunca el mundo estuvo tan en vilo, principalmente por todo lo que significó Trump como mandatario, y por el daño que puede seguir haciendo si es reelecto.
Para América Latina tampoco es una elección que pase desapercibida, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los países tienen una dependencia con Washington “media” o “alta” y que “la Administración Trump le ha dado un nuevo impulso al histórico expansionismo estadounidense en la región”, como señala este informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
Y, justamente, para hablar del impacto de las elecciones estadounidenses en la región, me contacte por mail con Aníbal García Fernández, miembro de la CELAG y magíster y licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Existe un voto latino?
Unos 32 millones de latinos tienen derecho a votar en EE.UU. y pueden ser decisivos, ya que conforman la primera minoría. Sin embargo, hay que entender que no es un grupo homogéneo que vota en bloque, sino que la percepción de la política cambia si hablamos de, por ejemplo, los puertorriqueños que viven en Nueva York, los mexicanos en la frontera o los cubanos en Miami.
“Tanto Trump como Biden pretenden capitalizar el voto latino”, me escribió Anibal, y aseguró que uno de los problemas de la minoría “es su heterogeneidad”. 
De hecho, la estrategia electoral de ambos candidatos hacia los latinos fue distinta. Aníbal me contó que mientras el demócrata Biden prometió derogar todos los decretos referentes a migración firmados por Trump, el actual presidente aseguró que continuará extendiendo el muro fronterizo. Habrá que ver si esas posturas hacen mella en la elección, porque la migración ilegal es un tema de debate, aunque está solapado. “Es tema a debate pero matizado para no afectar la decisión de los que sí pueden votar.
A pesar de ello, Trump sí ha hecho referencia a la migración ilegal y no deja de mencionar la construcción del muro, pero también lo hace porque le habla al electorado blanco, que es su electorado fuerte”, me explicó Anibal, para quien la clave está en cómo vota el estado de California. Allí vive la mayor cantidad de inmigrantes, tanto que el 45,2% de la población de Los Ángeles es latina, poco más de seis millones de personas.

La mirada desde afuera
Ahora bien, ¿qué pasa puertas afuera de EE.UU.? Ya mencioné más arriba el nivel de dependencia histórica que existe en la región, a lo que se suman algunos movimientos de la Casa Blanca para seguir controlándonos, sobre todo porque “la presencia china les preocupa mucho”, como me dijo Anibal. Últimamente hubo una cadena de recientes acciones norteamericanas en esa línea: 

  1. La Iniciativa América Crece, que para Aníbal “pretende establecer la contraparte de la nueva ruta de la seda”.
  2. La designación de Mauricio Claver-Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (primer norteamericano en ser elegido al frente de la entidad), que “va en el sentido de quitarle espacio de inversión a China (…) y con ello lograrán amarrar una enorme cantidad de proyectos en infraestructura, que es donde China tiene más presencia en la región”.
  3. Y el apoyo a golpes de Estado como una vieja forma para controlar gobiernos opositores: “Ahí está el caso de Bolivia, pero también los intentos de desestabilización en Venezuela”, cerró Anibal.

Para terminar, le pregunté a Anibal qué se puede esperar para Latinoamérica del próximo gobierno de EE.UU., y esto respondió: 

  • Si gana Trump, la política que hemos visto en los últimos años continuará, o sea, una forma peculiar de gobernar en la que hay mucho en redes sociales de Trump, pero no todo se materializa. Una suerte de agresividad discursiva, pero con algunos contrapesos en el congreso y la justicia. Pero América Latina tiene también su propia lógica, el eje México-Argentina ha intentado salvar la integración latinoamericana, la presidencia de México en la CELAC también pretende fomentar la unidad. Está en puerta las elecciones en Bolivia (que fue ayer), Ecuador y Venezuela y esos casos son cruciales para EEUU. Desestabilización en Venezuela, y apoyos a candidatos de la derecha en Bolivia y Ecuador”.
  • De ganar Biden, podríamos esperar que las cosas cambien en forma pero no necesariamente en contenido. Tomando el caso migratorio, no hay que olvidar que fue Obama el que tuvo los registros de deportados más elevados, incluso más que Bush y que Trump. Obama comenzó con los intentos de desestabilización en Venezuela, así que tampoco es que haya muchos cambios. En este tipo de aspectos es importante mirar siempre las particularidades de los países latinoamericanos”.

Si estás manija con las elecciones yanquis…

  • …pero no sabías que el voto es indirecto, este video cortito te explica cómo funcionan las elecciones yanquis.
  • Este podcast español relata cómo fueron las campanas norteamericanas en los últimos 70 años.
  • Una y dos entrevistas del gran Hugo Alconada Mon en La Nación que intentan analizar qué impacto tuvo, tiene y tendrá el gobierno de Trump en política (y la sociedad).
  • La serie de Martín Schapiro en Cenital sobre estas eleciones.

Y si queres saber sobre la influencia norteamericana en la región…

  • Acá podes leer completo el informe de la CELAG con excelentes mapas e infografías sobre la dependencia latinoamericana con Trump. 
  • acá hay una recorrida histórica del intervencionismo de EE.UU. en América Latina. Es viejito, pero el mapa grafica increíblemente la obsesión yanqui por nuestro territorio.

«No se puede amar lo que no se conoce», de @diego_suarez_mendoza_

No fue un descubrimiento

Hace poco fue 12 de octubre, y el feriado fue la excusa que me llevó a preguntarme qué significó históricamente para Latinoamérica aquel día de hace 528 años. 
Mientras acá en Argentina pasó de ser el “Día de la Raza” (que aún se mantiene en varios países) al “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”; en Venezuela, por ejemplo, se recuerda como el “Día de la Resistencia Indígena”, y en España –nuestra tristemente célebre “Madre Patria”– se celebra el “Día de la Hispanidad”. 
Esta diferencia de nomenclatura refleja distintas miradas sobre lo que pasó cuando Cristóbal Colón desembarcó en lo que hoy se conoce como las islas Bahamas, y que en su llegada bautizó San Salvador, como si tuviera derecho de apropiarse de ellas.
Para intentar pensar mejor la fecha hablé con Juan Francisco Martínez Peria, Doctor en Historia (Universidad Pompeu Fabra), especialista en la historia del Caribe (principalmente de Haití) y docente en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), entre otros cargos y títulos.
Lo primero que hizo Juan Francisco fue recordarme el diario de viaje de Colón, donde el almirante genovés anotó algunas impresiones iniciales sobre los “indios descubiertos”, como las siguientes:

  • «Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan».
  • «Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy pronto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos: que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré seis a V.A. [Vuestra Alteza] para que aprendan a hablar».

En un primer momento el encuentro “fue cordial y de sorpresa”, me señaló Juan Francisco, aunque Colón ya en sus escritos adelantaba cómo iba a ser el proceso que desatara su llegada. De hecho, Juan Francisco fue concluyente: “Acá no se descubrió nada. No fue un encuentro de culturas, fue una conquista y genocidio”. Y me apuntó que “la conquista tuvo de vocación la expropiación violenta de recursos y la imposición cultural”.
Apenas dos datos duros para dimensionar la gravedad de la conquista:

  1. Hacia el siglo XVI, la población originaria pasó de 90 a 11 millones de personas, según recoge el Atlas Histórico de América Latina publicado por la Universidad Nacional de Lanús.
  2. Y el 90% de la plata extraída en Perú fue apropiada por España, dice Inés Nercesian y Julieta Rostica en Todo lo que necesitás saber sobre América Latina.

Pero más allá de la efeméride, ¿qué significó la conquista para América Latina? Para nuestro historiador, 1492 desató un proceso de trascendencia mundial:

  • “Fue un acontecimiento global de enorme relevancia, con genocidio, epistemicidio y negación cultural, que implica un proceso de construcción de un sistema-mundo nuevo, un mundo moderno en el cual Europa se va a convertir en el centro».

Según su análisis –que yo comparto–, ese colonialismo fundado hace 500 años instauró en todo el mundo una lógica de centro-periferia que aún se reproduce, aunque ya el centro no esté en Europa sino en Estados Unidos. 
Además, el colonialismo penetró tanto en la región que hasta le generó un problema de identidad, ya que hay diferentes “capas geológicas de la experiencia colonial latinoamericana” de la cual es muy difícil librarse, como él me explicó: “Primero fue la conquista española, luego la  imposición económica británica, después el colonialismo cultural francés y, finalmente, el imperialismo político, económico y cultural norteamericano”.

¿Quiénes somos?
Entonces, es inevitable pensar América Latina sin el peso de la conquista y el colonialismo.
“Históricamente ha habido una crisis identitaria muy fuerte, porque la conquista nos generó una identidad partida, y sobre eso tenemos una gran diversidad”, dice Juan Francisco, lo que explica la diversidad de nombres que la región tuvo y tiene, tantos como las distintas maneras de llamar al 12 de octubre que hay: desde las “Indias Occidentales” y “América” –ambos coloniales–, pasando por “Nuestra América” de José Martí e “Indoamérica” de Víctor Raúl Haya de la Torre, a la actual propuesta del nombre originario de “Abya Ayala”.
“Estos nombres ponen en discusión quiénes somos, y el problema es que es muy difícil definir quiénes somos: somos una identidad en disputa, marcada por la violencia originaria y sistemática. Ese es el problema de fondo”, analiza Juan Francisco. 

  • ¿Qué es Latinoamérica, entonces, Juan Francisco? “América Latina es una realidad compleja. Así como es la región más desigual del mundo, marcada por la historia trágica, a la vez es una región donde hubo y hay una enorme creatividad cultural y fuertes movimientos sociales y políticos. No es una región solamente trazada por la dominación y el genocidio, sino también de luchas y resistencias. Es una región de utopías constantes, y por eso es tan conflictiva”.

Para cerrar, le pregunté a Juan Francisco cómo puede América Latina superar esa condición de dominación histórica, y esto me respondió:

  • “El camino pasa por la integración regional, que tiene que ser a todo nivel: política, económica, cultural y social. Una necesidad de autoconocimiento permanente. No se puede amar lo que no se conoce. Nuestros países se han construido unos a espaldas de otros, cuando en realidad tienen todo para considerarse hermanos. Es necesario un proceso profundo de descolonización, que contemple todas las dimensiones, y también un proceso de interculturalidad donde se pueda poner en un diálogo superador y creativo la diversidad cultural latinoamericana, sin negar a las culturas de los pueblos originarios y de los pueblos afro. Es posible a través del proceso de integración y de interculturalidad avanzar hacia lógicas emancipatorias”. 

Si querés investigar más sobre la conquista…

  • Durante nuestra charla, Juan Francisco me recomendó la película “También la lluvia”, cuya trama mezcla en Bolivia la recreación de la conquista americana para una producción de Hollywood con la protesta social que desató la Guerra del Agua en el 2000. La pude ver en esta página de Facebook sobre cine y música boliviana.
  • “Los cien nombres de América Latina”, de Miguel Rojas-Mix, y “Conflicto de representaciones: América Latina como lugar para la filosofía”, de José Santos Herceg (que se puede leer en su perfil de Academia.edu), son dos libros que me mencionó Juan Francisco para entender un poco más sobre la problemática de la identidad latinoamericana.
  • Y si querés una mirada española sobre el tema, esta cuenta de Twitter publica el diario de Colón y expone su visión sobre el “Nuevo Mundo”.

Para terminar esta #2 Semilla de Mahís, y a tono con los temas de los que hable, voy con recomendaciones bien históricas y políticas:

  • Seguí a Pablo Stefanoni en Twitter para entender mejor que nadie las elecciones de ayer en Bolivia y la vuelta del MAS al poder. 
  • “Chile en las barricadas” es una crónica de Daniel Alarcón para The New Yorker sobre el pulso social de las protestas del año pasado y cómo se vive la previa al plebiscito constitucional del domingo próximo.
  • Y este un clásico, pero ya que estamos… si todavía no lo hiciste, leé «Las venas abiertas de América Latina», de Eduardo Galeano. Si te parece muy tedioso, probá con los tres tomos de «Memoria del fuego», con relatos cortos. 

¡Gracias por leer!
Si te gusto este newsletter, hacelo circular. 
En la #3 Semilla vas a conocer la increíble historia de un buscador de sueños latinoamericanos.
¡Hasta el próximo envío!

Mauricio

Un voto de impacto regional

*Nota publicada originalmente en la 2# Semilla

Pensemos un poco la carrera a la Casa Blanca. Para América Latina no es una elección que pase desapercibida, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los países tienen una dependencia con Washington “media” o “alta” y que “la Administración Trump le ha dado un nuevo impulso al histórico expansionismo estadounidense en la región”, como señala este informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
Y, justamente, para hablar del impacto de las elecciones estadounidenses en la región, me contacte por mail con Aníbal García Fernández, miembro de la CELAG y magíster y licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Existe un voto latino?
Unos 32 millones de latinos tienen derecho a votar en EE.UU. y pueden ser decisivos, ya que conforman la primera minoría. Sin embargo, hay que entender que no es un grupo homogéneo que vota en bloque, sino que la percepción de la política cambia si hablamos de, por ejemplo, los puertorriqueños que viven en Nueva York, los mexicanos en la frontera o los cubanos en Miami.
“Tanto Trump como Biden pretenden capitalizar el voto latino”, me escribió Anibal, y aseguró que uno de los problemas de la minoría “es su heterogeneidad”. 
De hecho, la estrategia electoral de ambos candidatos hacia los latinos fue distinta. Aníbal me contó que mientras el demócrata Biden prometió derogar todos los decretos referentes a migración firmados por Trump, el actual presidente aseguró que continuará extendiendo el muro fronterizo. Habrá que ver si esas posturas hacen mella en la elección, porque la migración ilegal es un tema de debate, aunque está solapado. “Es tema a debate pero matizado para no afectar la decisión de los que sí pueden votar.
A pesar de ello, Trump sí ha hecho referencia a la migración ilegal y no deja de mencionar la construcción del muro, pero también lo hace porque le habla al electorado blanco, que es su electorado fuerte”, me explicó Anibal, para quien la clave está en cómo vota el estado de California. Allí vive la mayor cantidad de inmigrantes, tanto que el 45,2% de la población de Los Ángeles es latina, poco más de seis millones de personas.

La mirada desde afuera
Ahora bien, ¿qué pasa puertas afuera de EE.UU.? Ya mencioné más arriba el nivel de dependencia histórica que existe en la región, a lo que se suman algunos movimientos de la Casa Blanca para seguir controlándonos, sobre todo porque “la presencia china les preocupa mucho”, como me dijo Anibal. Últimamente hubo una cadena de recientes acciones norteamericanas en esa línea: 

  1. La Iniciativa América Crece, que para Aníbal “pretende establecer la contraparte de la nueva ruta de la seda”.
  2. La designación de Mauricio Claver-Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (primer norteamericano en ser elegido al frente de la entidad), que “va en el sentido de quitarle espacio de inversión a China (…) y con ello lograrán amarrar una enorme cantidad de proyectos en infraestructura, que es donde China tiene más presencia en la región”.
  3. Y el apoyo a golpes de Estado como una vieja forma para controlar gobiernos opositores: “Ahí está el caso de Bolivia, pero también los intentos de desestabilización en Venezuela”, cerró Anibal.

Para terminar, le pregunté a Anibal qué se puede esperar para Latinoamérica del próximo gobierno de EE.UU., y esto respondió: 

  • Si gana Trump, la política que hemos visto en los últimos años continuará, o sea, una forma peculiar de gobernar en la que hay mucho en redes sociales de Trump, pero no todo se materializa. Una suerte de agresividad discursiva, pero con algunos contrapesos en el congreso y la justicia. Pero América Latina tiene también su propia lógica, el eje México-Argentina ha intentado salvar la integración latinoamericana, la presidencia de México en la CELAC también pretende fomentar la unidad. Está en puerta las elecciones en Bolivia (que fue ayer), Ecuador y Venezuela y esos casos son cruciales para EEUU. Desestabilización en Venezuela, y apoyos a candidatos de la derecha en Bolivia y Ecuador”.
  • De ganar Biden, podríamos esperar que las cosas cambien en forma pero no necesariamente en contenido. Tomando el caso migratorio, no hay que olvidar que fue Obama el que tuvo los registros de deportados más elevados, incluso más que Bush y que Trump. Obama comenzó con los intentos de desestabilización en Venezuela, así que tampoco es que haya muchos cambios. En este tipo de aspectos es importante mirar siempre las particularidades de los países latinoamericanos”.

Si estás manija con las elecciones yanquis…

  • …pero no sabías que el voto es indirecto, este video cortito te explica cómo funcionan las elecciones yanquis.
  • Este podcast español relata cómo fueron las campanas norteamericanas en los últimos 70 años.
  • Una y dos entrevistas del gran Hugo Alconada Mon en La Nación que intentan analizar qué impacto tuvo, tiene y tendrá el gobierno de Trump en política (y la sociedad).
  • La serie de Martín Schapiro en Cenital sobre estas eleciones.

Y si queres saber sobre la influencia norteamericana en la región…

  • Acá podes leer completo el informe de la CELAG con excelentes mapas e infografías sobre la dependencia latinoamericana con Trump. 
  • acá hay una recorrida histórica del intervencionismo de EE.UU. en América Latina. Es viejito, pero el mapa grafica increíblemente la obsesión yanqui por nuestro territorio.