Todo fuego es político

“Latinoamérica en llamas” fue la campaña que Jóvenes por el Clima lanzó en Argentina y otros países en septiembre pasado, cuando en varios puntos de la región el fuego arrasaba con todo. Ya en noviembre la “temporada de incendios” parece haber menguado, pero los daños quedaron e impactarán en el futuro.
Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las alertas de incendios en todo el mundo hacia abril de este año pandémico habían subido en un 13% interanual, pero el foco más preocupante fue nuestra región:

  • En la Amazonia brasileña los incendios superaron en un 45% al promedio de los últimos diez años. En el Pantanal, el humedal más grande del mundo, 2,3 millones de hectáreas ya se habían quemado para septiembre, una superficie equivalente a la mitad de Suiza.
  • En Colombia, los puntos de calor (como se llama a una aproximación a incendios o puntos potenciales de fuego) aumentaron 157% en la Amazonia entre enero y abril con respecto al mismo periodo de 2019.
  • En Bolivia, en el primer cuatrimestre hubo 35% más de focos de incendios en comparación a 2019. Se estima que más de 6,4 millones de hectáreas fueron afectadas. 
  • En Argentina, en agosto ya se contabilizaban 11 provincias afectadas y se estima que en todo el año habrá 1 millón de hectáreas arrasadas por las llamas.

Para entender por qué ocurre esta catástrofe, llamé a Eyal Weintraub, justamente uno de los fundadores de Jóvenes por el Clima Argentina, organización parte de Fridays For Future, que mundialmente lidera Greta Thunberg.
“Los incendios de este año fueron los peores de la historia y, sin embargo, van a seguir empeorando”, me preocupó Eyal. 
Lo más grave es que el 75% de los incendios son ocasionados por el ser humano. Entre las causas están la deforestación y el desmonte ilegal, la especulación inmobiliaria y el avance de la frontera agrícola, principalmente el cultivo de soja y la ganadería, actividades primarias esenciales para el continente.
Pero el costo parece ser más alto que el beneficio: “La destrucción ambiental como los incendios benefician a un porcentaje muy chico de la población”, me apuntó Eyal, quien ve con claridad que el histórico modelo agroexportador en la región no genera necesariamente una salida de la pobreza, sino todo lo contrario:

  • “No puede ser la pobreza una justificación para no actuar y legislar en materia ambiental, porque los conflictos ambientales son parte de la razón de la pobreza. Hay que romper la dicotomía de que la producción y la economía se contradicen con medidas ambientales. Tenemos que tomar la crisis ecológica como una oportunidad para cambiar un sistema que es pésimo desde la materia social”.

Como ese modelo de producción primaria se inserta en el tablero de la economía global, Jóvenes por el Clima tiene un reclamo permanente: el reconocimiento legítimo de la deuda ecológica de América Latina. ¿Y qué significa eso? Que Estados Unidos, Europa, el FMI y demás organismos multilaterales de crédito condonen las deudas de los países por el abuso que históricamente se le hizo a la región, que brindó mano de obra barata y recursos naturales para el desarrollo del Primer Mundo. Esto, además, se enmarca en el rol de cuidar los bienes comunes naturales que tendría Latinoamérica en una transición global hacia un modulo económico mundial no contaminante.
Eyal lo explica así:

  • “El contrapunto de la deuda financiera del Sur hacia el Norte es la deuda ecológica del Norte hacia el Sur. Nadie habla de los miles de millones de dólares que nos deben a nosotros por cuestiones histórica y también actuales. Nunca al momento de definir quién le debe a quién se incorpora la perspectiva de que nuestra región ha sufrido cinco siglos de saqueos, colonización y extractivismo. Y si quieren que nosotres cuidemos la naturaleza, porque no podemos industrializarnos ya que el planeta no lo aguanta, que se condone la deuda externa latinoamericana y del Sur global mediante una inyección de dinero”.

A esta problemática se suma el intenso asesinato de activistas en la región. Según la organización internacional Global Witness —que registra los asesinatos y desapariciones forzadas de personas defensoras de la tierra y el ambiente alrededor del mundo— dos tercios de los asesinatos de 2019 ocurrieron en América Latina.
El ranking lo lidera Colombia (64 casos), y entre los restantes 10 países, la mitad son latinoamericanos: Brasil, México, Honduras, Guatemala y Venezuela.

Escazú y el futuro
Pero entre tantas pálidas, una buena noticia es el Acuerdo de Escazú, el primer tratado regional que promueve la obligatoriedad de incluir la perspectiva de la ciudadanía cada vez que se tome una medida que dañe al ambiente.
“Escazú tiene que ser el puntapié para lograr una democracia más verde, participativa y abierta, principalmente en cuestiones ambientales, pero que no se quede ahí”, analizó Eyal cuando le pregunté sobre el tratado.
La semana pasada México ratificó el acuerdo, completando así los 11 países que se necesitaban para que entrase en vigor. Se sumó al lote de países que completan Argentina, Antigua y Barbuda, Bolivia, Ecuador, Guyana, Nicaragua, Panamá, San Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas, y Uruguay, que ahora deben motorizar legislaciones internas en ese sentido.
Eyal espera que la jugada impacte a nivel geopolítico e influya a los demás Estados que no lo ratificaron. La figurita más difícil es la de Brasil, obviamente por la presencia de Jair Bolsonaro en el poder, aunque —y esto ya es lectura mía— sin Donald Trump en la Casa Blanca como su más estrecho aliado quedaría solo en su postura negacionista sobre el cambio climático.
Escazú demuestra que hay oportunidades en la compleja realidad ambiental en el continente. Pero eso, cierro con el análisis general de Eyal, que espero nos sirva para mirar un poco más allá de nuestro metro cuadrado propio:

  • “Estamos con un nivel de concientización ambiental nunca antes visto, pero a la vez nunca estuvimos tan en la B. Vivimos inmersos en una pandemia culpa de un virus zoonótico directamente relacionado a la degradación ambiental. Hay mayor protagonismo de la agenda ambiental y los políticos también incrementan su apuesta, pero todavía es muy poco y muy lento. Necesitamos cambios drásticos, no para los próximos 10 años, sino hoy, para que dentro de 10 años no estemos inmersos en la peor crisis que hayamos visto en la historia de la humanidad”.

Si te interesó el tema…

  • Mirá este especial del New York Times sobre el efecto del fuego en el humedal brasileño Pantanal.
  • Seguí a Tais Gadea Lara, una colega especialista en la materia que me ayudó un poco para este boletín y que publica una newsletter semanal muy buena en RedAcción.
  • En esta web podés seguir en tiempo real los focos activos de incendio en áreas protegidas y territorios indígenas en la región.
  • Acá podés leer completo el Acuerdo de Escazú.
  • Leé este poema-manifesto de Gabriela Cabezón Cámara inspirado en el libro “El colapso ecológico ya llegó” de Maristella Svampa y Enrique Viale.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *