No fue un descubrimiento

*Nota publicada originalmente en la 2# Semilla.

528 años del 12 de octubre de 1492.
Mientras acá en Argentina pasó de ser el “Día de la Raza” (que aún se mantiene en varios países) al “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”; en Venezuela, por ejemplo, se recuerda como el “Día de la Resistencia Indígena”, y en España –nuestra tristemente célebre “Madre Patria”– se celebra el “Día de la Hispanidad”. 
Esta diferencia de nomenclatura refleja distintas miradas sobre lo que pasó cuando Cristóbal Colón desembarcó en lo que hoy se conoce como las islas Bahamas, y que en su llegada bautizó San Salvador, como si tuviera derecho de apropiarse de ellas.
Para intentar pensar mejor la fecha hablé con Juan Francisco Martínez Peria, Doctor en Historia (Universidad Pompeu Fabra), especialista en la historia del Caribe (principalmente de Haití) y docente en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), entre otros cargos y títulos.
Lo primero que hizo Juan Francisco fue recordarme el diario de viaje de Colón, donde el almirante genovés anotó algunas impresiones iniciales sobre los “indios descubiertos”, como las siguientes:

  • “Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan”.
  • “Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy pronto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos: que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré seis a V.A. [Vuestra Alteza] para que aprendan a hablar”.

En un primer momento el encuentro “fue cordial y de sorpresa”, me señaló Juan Francisco, aunque Colón ya en sus escritos adelantaba cómo iba a ser el proceso que desatara su llegada. De hecho, Juan Francisco fue concluyente: “Acá no se descubrió nada. No fue un encuentro de culturas, fue una conquista y genocidio”. Y me apuntó que “la conquista tuvo de vocación la expropiación violenta de recursos y la imposición cultural”.
Apenas dos datos duros para dimensionar la gravedad de la conquista:

  1. Hacia el siglo XVI, la población originaria pasó de 90 a 11 millones de personas, según recoge el Atlas Histórico de América Latina publicado por la Universidad Nacional de Lanús.
  2. Y el 90% de la plata extraída en Perú fue apropiada por España, dice Inés Nercesian y Julieta Rostica en Todo lo que necesitás saber sobre América Latina.

Pero más allá de la efeméride, ¿qué significó la conquista para América Latina? Para nuestro historiador, 1492 desató un proceso de trascendencia mundial:

  • “Fue un acontecimiento global de enorme relevancia, con genocidio, epistemicidio y negación cultural, que implica un proceso de construcción de un sistema-mundo nuevo, un mundo moderno en el cual Europa se va a convertir en el centro”.

Según su análisis –que yo comparto–, ese colonialismo fundado hace 500 años instauró en todo el mundo una lógica de centro-periferia que aún se reproduce, aunque ya el centro no esté en Europa sino en Estados Unidos. 
Además, el colonialismo penetró tanto en la región que hasta le generó un problema de identidad, ya que hay diferentes “capas geológicas de la experiencia colonial latinoamericana” de la cual es muy difícil librarse, como él me explicó: “Primero fue la conquista española, luego la  imposición económica británica, después el colonialismo cultural francés y, finalmente, el imperialismo político, económico y cultural norteamericano”.

¿Quiénes somos?
Entonces, es inevitable pensar América Latina sin el peso de la conquista y el colonialismo.
“Históricamente ha habido una crisis identitaria muy fuerte, porque la conquista nos generó una identidad partida, y sobre eso tenemos una gran diversidad”, dice Juan Francisco, lo que explica la diversidad de nombres que la región tuvo y tiene, tantos como las distintas maneras de llamar al 12 de octubre que hay: desde las “Indias Occidentales” y “América” –ambos coloniales–, pasando por “Nuestra América” de José Martí e “Indoamérica” de Víctor Raúl Haya de la Torre, a la actual propuesta del nombre originario de “Abya Ayala”.
“Estos nombres ponen en discusión quiénes somos, y el problema es que es muy difícil definir quiénes somos: somos una identidad en disputa, marcada por la violencia originaria y sistemática. Ese es el problema de fondo”, analiza Juan Francisco. 

  • ¿Qué es Latinoamérica, entonces, Juan Francisco? “América Latina es una realidad compleja. Así como es la región más desigual del mundo, marcada por la historia trágica, a la vez es una región donde hubo y hay una enorme creatividad cultural y fuertes movimientos sociales y políticos. No es una región solamente trazada por la dominación y el genocidio, sino también de luchas y resistencias. Es una región de utopías constantes, y por eso es tan conflictiva”.

Para cerrar, le pregunté a Juan Francisco cómo puede América Latina superar esa condición de dominación histórica, y esto me respondió:

  • “El camino pasa por la integración regional, que tiene que ser a todo nivel: política, económica, cultural y social. Una necesidad de autoconocimiento permanente. No se puede amar lo que no se conoce. Nuestros países se han construido unos a espaldas de otros, cuando en realidad tienen todo para considerarse hermanos. Es necesario un proceso profundo de descolonización, que contemple todas las dimensiones, y también un proceso de interculturalidad donde se pueda poner en un diálogo superador y creativo la diversidad cultural latinoamericana, sin negar a las culturas de los pueblos originarios y de los pueblos afro. Es posible a través del proceso de integración y de interculturalidad avanzar hacia lógicas emancipatorias”. 

Si querés investigar más sobre la conquista…

  • Durante nuestra charla, Juan Francisco me recomendó la película “También la lluvia”, cuya trama mezcla en Bolivia la recreación de la conquista americana para una producción de Hollywood con la protesta social que desató la Guerra del Agua en el 2000. La pude ver en esta página de Facebook sobre cine y música boliviana.
  • “Los cien nombres de América Latina”, de Miguel Rojas-Mix, y “Conflicto de representaciones: América Latina como lugar para la filosofía”, de José Santos Herceg (que se puede leer en su perfil de Academia.edu), son dos libros que me mencionó Juan Francisco para entender un poco más sobre la problemática de la identidad latinoamericana.
  • Y si querés una mirada española sobre el tema, esta cuenta de Twitter publica el diario de Colón y expone su visión sobre el “Nuevo Mundo”.

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